Powell contraataca y el mercado ya no ignora el choque con Trump

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Capitalbolsa | 12 ene, 2026 14:37
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Puntos clave
  • El mercado está más “fino” ante cualquier choque político: la Fed y la Casa Blanca vuelven a chocar de frente.
  • Suben los metales preciosos y repunta la prima de riesgo: miedo a que se erosione la credibilidad de la Fed.
  • El IPC de EEUU puede convertirse en el siguiente detonante si reaviva el fantasma de inflación persistente.

La bolsa arrancó 2026 con la sensación de que “todo está bajo control”, pero la realidad es que el mercado está reaccionando con más nervios a la última batalla entre Jerome Powell y Donald Trump. Como explica Jamie Chisholm en el medio original, el motivo no es solo el ruido político en sí, sino la impresión de que ahora ese ruido puede contaminar dos variables sagradas: la independencia de la Reserva Federal y las expectativas de inflación.

De hecho, en una encuesta citada en el texto (Bespoke Investment Group), el gran miedo de los inversores no era una burbuja de IA: apenas una minoría la señalaba como principal riesgo. En cambio, destacaban preocupaciones más “clásicas” y conectadas entre sí: recesión, entorno político e inflación persistente. Y ahí está la clave: estos factores se retroalimentan, así que cuando uno se agita (política), el mercado teme que arrastre a los demás (inflación/tipos/crecimiento).

La chispa: investigación y respuesta inusual de Powell

La tensión se intensificó tras conocerse que fiscales estadounidenses iniciaron una investigación criminal vinculada a la renovación del edificio central de la Fed. Powell, según recoge el artículo, interpretó el movimiento como un intento de presionar a la institución por no ceder a las demandas de una política monetaria mucho más laxa. La frase que inquieta al mercado es sencilla: si la Fed deja de fijar tipos por evidencia económica y empieza a hacerlo por intimidación política, cambia el marco de juego.

Lo nuevo no es el choque: Trump y Powell ya se habían enfrentado. Lo nuevo, como subraya el texto, es que la Fed parece contraatacar con un tono más combativo de lo habitual.

Por qué el mercado lo nota más: bonos, inflación y credibilidad

La reacción se vio en varias capas. Por un lado, los futuros de bolsa cedían desde máximos recientes. Por otro, los rendimientos de los Treasuries repuntaban: los inversores pedían más rentabilidad para compensar el riesgo adicional de un país donde administración y banco central aparecen en conflicto abierto. Y aquí hay un matiz importante: el tramo largo de la curva, más sensible a inflación, se movía al alza, mientras que el 2 años, más ligado a política monetaria inmediata, variaba menos. Eso sugiere un mercado dividido entre dos lecturas: más inflación a futuro o menos recortes por necesidad de reafirmar independencia.

Algunos estrategas citados en el medio original apuntan a que esta respuesta más firme de la Fed podría, paradójicamente, tranquilizar a medio plazo: si el banco central muestra resistencia, la credibilidad se protege y el daño en bonos puede limitarse. Pero a corto, el mensaje es claro: el mercado no tiene mucha tolerancia a un escenario en el que la política meta mano en los tipos.

Metales preciosos: el termómetro más directo

Donde no hubo dudas fue en los refugios. Oro y plata saltaron a nuevos máximos, alimentando la narrativa de buscar alternativas al dólar cuando se cuestiona la credibilidad de la Fed. El artículo también menciona al franco suizo como otro beneficiario típico cuando el mercado huele a “riesgo institucional”.

El punto delicado: si se combina despilfarro fiscal con una agenda de “aceleración” del crecimiento, el oro gana atractivo como reserva de valor, especialmente si el mercado percibe presión sobre el banco central.

El siguiente test: IPC de diciembre

Con este telón de fondo, el dato de IPC de EEUU se convierte en el próximo examen. Si la inflación sorprende al alza, la ansiedad puede aumentar: no solo por el dato en sí, sino por el choque de intereses entre una Casa Blanca que quiere tipos más bajos y una Fed que necesita proteger su mandato. En cambio, un IPC benigno daría aire al mercado, aunque la cuestión de fondo —la independencia— seguiría encima de la mesa.

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