No es la burbuja puntocom, pero el rally de la IA empieza a mostrar excesos
- Wall Street vuelve a comparar el rally de la IA con la euforia tecnológica de 1999.
- La diferencia clave es que las grandes compañías actuales cotizan con beneficios reales y múltiplos menos extremos.
- La señal de alerta está en la escasa amplitud del mercado: suben pocos valores mientras muchos se debilitan.
El rally de las acciones vinculadas a inteligencia artificial empieza a recordar a algunos estrategas de Wall Street a la euforia de finales de los años noventa. Según Ines Ferré, de Yahoo Finance, el avance de los semiconductores y de los grandes valores tecnológicos ha sido tan rápido que ya se escuchan comparaciones con el periodo previo al estallido de la burbuja puntocom.
El eco de 1999 vuelve al mercado
Julian Emanuel, estratega de Evercore ISI, señala que desde los mínimos del 30 de marzo de 2026, y especialmente durante las dos últimas semanas, el comportamiento del mercado empieza a parecerse al de 1999. La IA se ha convertido en el tema dominante entre inversores, profesionales y particulares, con una sensación creciente de que nadie quiere quedarse fuera del movimiento.
Ese tipo de entusiasmo suele ser una señal de doble filo. Por un lado, refleja una tendencia potente y una narrativa estructural difícil de ignorar. Por otro, puede derivar en compras impulsivas, exceso de confianza y valoraciones cada vez más exigentes.
La IA puede ser una revolución real y, al mismo tiempo, generar excesos bursátiles. Ambas cosas pueden convivir durante bastante tiempo.
Valoraciones altas, pero no como en las puntocom
La diferencia más importante frente a 1999 está en los fundamentos. En la burbuja puntocom, muchas compañías tecnológicas cotizaban con modelos de negocio inmaduros, beneficios escasos o directamente inexistentes. Las favoritas del mercado llegaban a negociar a múltiplos medios de unas 152 veces beneficios.
Hoy, según Evercore ISI, las principales compañías de inteligencia artificial cotizan alrededor de 39 veces beneficios. Es una valoración elevada, pero lejos de los extremos alcanzados antes del estallido de la burbuja tecnológica. Además, muchas de estas empresas tienen ingresos masivos, márgenes elevados, caja neta y posiciones dominantes en sus mercados.
Esto no elimina el riesgo, pero cambia la naturaleza del problema. No estamos ante compañías sin beneficios vendiendo promesas vacías, sino ante negocios reales que quizá estén descontando demasiado crecimiento futuro demasiado pronto.
La gran alerta: un rally demasiado concentrado
La señal más preocupante aparece bajo la superficie del mercado. El S&P 500 marca máximos, pero la subida se concentra en un número reducido de valores. Jonathan Krinsky, de BTIG, destaca que recientemente se produjo una anomalía poco habitual: más acciones del S&P 500 marcaron nuevos mínimos que nuevos máximos en una jornada en la que el propio índice alcanzó un récord.
Peter Boockvar, de Bleakley Financial Group, también subraya que el S&P 500 llegó a máximos históricos mientras un 5% de sus componentes caía simultáneamente a mínimos de 52 semanas. Este fenómeno solo se había observado en momentos especialmente delicados: julio de 1929, enero de 1973 y diciembre de 1999.
Que el índice suba no significa que el mercado esté sano. Cuando unos pocos gigantes sostienen todo el avance, la fragilidad aumenta si esos líderes empiezan a fallar.
Michael Burry y la crítica al relato de la IA
Michael Burry ha resumido la preocupación de los escépticos con una idea muy directa: las acciones suben porque llevan subiendo, apoyadas en una premisa de dos letras que todo el mundo cree comprender: IA. Su advertencia apunta al riesgo de que el mercado esté comprando una narrativa más que analizando con precisión beneficios, costes, retorno sobre inversión y sostenibilidad del crecimiento.
Este punto es relevante porque el entusiasmo por una tecnología transformadora puede justificar valoraciones altas durante años, pero no impide correcciones severas. Incluso las grandes tendencias estructurales atraviesan fases de sobrecalentamiento.
Una base más sólida, pero no sin riesgo
La comparación con 1999 no debe tomarse de forma literal. La inteligencia artificial está generando inversión real, beneficios reales y demanda tangible en semiconductores, memoria, centros de datos, energía y conectividad. La base empresarial es más sólida que en la burbuja puntocom.
Pero el mercado sí empieza a mostrar síntomas de complacencia: subidas parabólicas en algunos valores, conversación masiva sobre IA, concentración extrema y divergencias internas preocupantes. En ese contexto, el riesgo no es necesariamente un colapso inmediato, sino una corrección brusca si los líderes tecnológicos dejan de cumplir expectativas.
En resumen, Wall Street no está diciendo que estemos exactamente en 1999, pero sí que algunas señales se parecen demasiado como para ignorarlas. La IA puede seguir siendo la gran tendencia de la década, pero los inversores deberían distinguir entre una revolución tecnológica real y pagar cualquier precio por participar en ella.