La IA sostiene el mercado alcista, pero el desequilibrio empieza a ser evidente
- La inteligencia artificial domina cada vez más el comportamiento del mercado, los beneficios esperados y la atención de los inversores.
- Goldman Sachs calcula que los valores TMT explican el 87% de la subida del S&P 500 en el año.
- El riesgo está en que el mercado dependa demasiado de una sola temática, con valoraciones exigentes, tipos al alza y posible exceso de oferta futura de grandes OPV.
La inteligencia artificial se ha convertido en el gran motor del mercado alcista. Ha permitido a Wall Street superar amenazas importantes —conflicto en Oriente Medio, petróleo caro, subida de los rendimientos de los bonos y dudas sobre inflación—, pero la cuestión empieza a ser otra: ¿se ha vuelto el mercado demasiado dependiente de la IA?
El análisis de Michael Santoli pone el foco en un desequilibrio creciente. Según los datos de Goldman Sachs, los valores de tecnología, medios y telecomunicaciones del S&P 500 —incluyendo comunicación, Amazon y Tesla— explican el 87% de la subida acumulada del índice en el año, pese a representar alrededor del 54% de su peso.
Un mercado que no ignora los riesgos: los concentra
La lectura más interesante es que el mercado no está ignorando los riesgos macroeconómicos. Más bien, los está concentrando en unas partes y evitando otras. Las compañías más expuestas al consumidor, a los tipos o a la presión del petróleo sí están sufriendo. De hecho, la acción mediana de consumo cíclico se encuentra alrededor de un 14% por debajo de sus máximos.
Mientras tanto, las compañías vinculadas a la infraestructura de IA siguen recibiendo revisiones positivas de beneficios. Goldman muestra que la mejora de expectativas para 2027 se concentra en los valores ligados a IA y energía, mientras que el resto del S&P 500 apenas ha visto mejora en sus previsiones desde comienzos de año.
El mercado no está subiendo de forma amplia. Está premiando a las compañías que pueden vender la historia de IA y castigando a las que dependen del consumidor, los tipos o los márgenes tradicionales.
El problema del posicionamiento extremo
Incluso si los fundamentales de la IA siguen siendo sólidos, los precios pueden adelantarse demasiado. Jefferies señala que los hedge funds tienen ya cerca del 20% de su exposición neta de mercado en semiconductores, una cifra que refleja hasta qué punto la operación se ha vuelto dominante.
Además, las estrategias de momentum —comprar los valores que más suben y vender los que más caen— han vivido un movimiento extremo. Históricamente, subidas de más del 20% en tres meses en este tipo de cestas han sido poco frecuentes. El episodio actual supera ampliamente el comportamiento medio de situaciones anteriores.
Esto no significa necesariamente que el mercado vaya a girarse de inmediato, pero sí indica que hay margen para una corrección importante sin que la tendencia de fondo quede completamente anulada.
Nvidia y la gran pregunta sobre el gasto de los hiperescaladores
El caso de Nvidia resume bien el dilema actual. La compañía sigue siendo el epicentro de la inversión en inteligencia artificial, pero aproximadamente la mitad de su negocio depende de un grupo muy reducido de grandes clientes. Según John Belton, de Gabelli Funds, cerca de cinco compañías explican una parte muy elevada de la demanda de Nvidia.
El punto crítico es que esos clientes han visto cómo su generación de flujo de caja libre se aproxima a cero este año. Para que la demanda de Nvidia siga creciendo al ritmo actual, esos hiperescaladores tendrían que aceptar volverse más negativos en caja o conseguir una aceleración clara de su propia generación de flujo libre.
La pregunta clave ya no es solo si la IA crecerá. La pregunta es cuánto capital pueden seguir invirtiendo los grandes clientes de Nvidia sin deteriorar sus propios balances y flujos de caja.
Una inversión en IA de escala histórica
El gasto de capital vinculado a inteligencia artificial podría alcanzar el próximo año alrededor de 1 billón de dólares, una cifra equivalente aproximadamente al 3% del PIB estadounidense. La escala es enorme y obliga a comparar este ciclo con otras grandes olas de inversión, como los ferrocarriles en el siglo XIX.
El problema de las grandes olas de inversión no es que sean inútiles. Muchas transforman la economía. El problema es que, en el camino, pueden generar exceso de capacidad, financiación demasiado agresiva y valoraciones difíciles de sostener si los retornos tardan más de lo previsto en materializarse.
Los bonos vuelven a poner límites al entusiasmo
Otro factor relevante es la presión del mercado de deuda. Las grandes tecnológicas han podido financiarse sin demasiados problemas, pero el volumen de capital que exige la infraestructura de IA llega en un momento complejo: guerra, déficits fiscales elevados, inflación persistente y tipos largos cerca de la parte alta de los últimos años.
El mercado de bonos no siempre actúa como un juez inmediato, pero sí puede funcionar como un límite al exceso. Cuando las rentabilidades suben, el coste del capital aumenta y las valoraciones de crecimiento quedan más expuestas.
La sombra de las grandes OPV
A la presión de los bonos se suma otro elemento: la posible llegada de grandes salidas a bolsa vinculadas a la nueva economía de la IA. Si compañías como SpaceX, OpenAI o Anthropic acaban debutando con valoraciones cercanas a las cifras que se manejan en el mercado privado, podrían absorber una cantidad enorme de capital.
Una OPV de SpaceX en torno a 1,75 billones de dólares, junto con OpenAI y Anthropic cerca del billón cada una, equivaldría a una porción muy significativa del valor agregado del S&P 500. Aunque no entrasen de inmediato en los índices ni con todo su capital flotante, sí podrían aumentar la volatilidad y encarecer aún más el segmento de megacapitalizadas.
El mercado no solo debe digerir la inversión masiva en IA; también puede tener que absorber una nueva oleada de gigantes privados buscando capital público.
La lectura para el inversor
La tesis de fondo sigue siendo poderosa: la inteligencia artificial está cambiando la estructura de inversión de las grandes compañías y puede sostener un ciclo de beneficios relevante durante años. Pero el mercado empieza a mostrar señales de desequilibrio.
El liderazgo es estrecho, el posicionamiento en semiconductores está muy cargado, el gasto de capital exige una financiación cada vez mayor y los bonos vuelven a competir con la bolsa. Además, una posible reapertura del estrecho de Ormuz podría provocar una rotación desde tecnología hacia áreas rezagadas del mercado, afectando a los grandes índices ponderados por capitalización.
Para carteras, el mensaje es claro: la IA sigue siendo una tendencia estructural, pero no conviene confundir una gran tendencia con una entrada sin riesgo. Las compañías líderes pueden seguir ganando, pero el mercado está cada vez más condicionado por una sola narrativa.
Cuando una temática explica la mayor parte de las subidas, de las revisiones de beneficios y de la atención inversora, el riesgo no desaparece: se concentra.
La conclusión es prudente: el mercado alcista puede continuar, pero está más desequilibrado. Para que el rally siga sin una corrección relevante, Nvidia, los hiperescaladores y el ciclo de inversión en IA deberán seguir cumpliendo expectativas muy exigentes. Si fallan, el ajuste puede extenderse mucho más allá de los semiconductores.