"Europa debe reinventarse porque recuperar el retraso llevará mucho tiempo; urge movilizarse"
Donald Trump ya está en la Casa Blanca. El lema MAGA (Make America Great Again) que llevó durante toda su campaña podría traducirse como "yo primero".
Es una visión que contrasta terriblemente con lo que Estados Unidos lleva haciendo desde hace al menos 70 años. El Plan Marshall había supuesto una ayuda considerable a Europa para facilitar y acelerar la reconstrucción tras la guerra. Esta elección reflejaba también las opciones tomadas en la construcción institucional de la sociedad internacional de la época. Los Estados Unidos aprovechaba entonces su importante papel en la resolución de la Segunda Guerra Mundial.
Esta asimetría entre las dos regiones del mundo no se puso en tela de juicio. Podría serlo con el regreso de Donald Trump a Washington, alterando así el equilibrio europeo. Hay tres sectores más uno que dependen francamente de la investigación y la producción estadounidenses.
- La defensa es el primer sector en el que los europeos dependen de Estados Unidos. Los estadounidenses defendieron Europa a través de la OTAN. Como consecuencia, el sector armamentístico se desarrolló rápidamente al otro lado del Atlántico, mientras que seguía siendo muy insuficiente en Europa. Y si Europa necesitaba armas, las obtenía de los fabricantes estadounidenses. Francia y Gran Bretaña fueron excepciones. El cuestionamiento de este acuerdo perjudicaría a Europa, pero beneficiaría a los fabricantes de armas estadounidenses, ya que Europa tendrá que rearmarse rápidamente, sobre todo si el mantenimiento de la OTAN está vinculado a un fuerte aumento de los gastos de defensa de cada uno de los países europeos (5% del PIB).
- Europa depende mucho de la tecnología estadounidense. Ahí están los GAFAM, pero también los semiconductores y la innovación de manera más general. Esta fue la observación del informe Draghi, que señalaba la insuficiencia estructural de la inversión europea, lo que se traduce en un retraso significativo de la innovación y de la capacidad de innovar y provoca un aumento de la renta per cápita en Europa inferior al de Estados Unidos.
- Energía. Así ocurrió especialmente con la crisis del gas de 2022, cuando estalló la guerra en Ucrania. El gas licuado estadounidense había sido y sigue siendo un salvavidas. Europa adolece de falta de recursos naturales. Como consecuencia, el precio del gas es mucho más alto en Europa, lo que crea un incentivo para que las empresas industriales se desarrollen al otro lado del Atlántico. Esto debería empujar a Europa a seguir desarrollando la energía descarbonizada.
- Por último, el regreso de Trump a la Casa Blanca cambiará profundamente el equilibrio político europeo. Los dirigentes italianos, húngaros y de otros países lo verán como una especie de modelo incompatible con la construcción europea.
Europa debe reinventarse porque recuperar el retraso llevará mucho tiempo; urge movilizarse.