El sector aeroespacial y defensa pierde impulso ante dudas sobre gasto y nuevas tecnologías

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Capitalbolsa | 12 may, 2026 14:04
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Puntos clave
  • El sector aeroespacial y defensa ha quedado por detrás del mercado desde comienzos de año.
  • El aumento del gasto militar europeo avanza más despacio de lo esperado.
  • Las nuevas tecnologías de defensa abren dudas sobre el posicionamiento de los grandes contratistas tradicionales.

El sector aeroespacial y defensa atraviesa una fase de transición. Tras varios años de fuerte interés inversor desde 2022, impulsado por la expectativa de un gran ciclo de rearme en Europa, las acciones del sector han empezado a quedarse rezagadas frente al mercado. Según Mathieu Racheter y Britta Simon, de Julius Baer, el problema no es que la tesis de fondo haya desaparecido, sino que el mercado empieza a matizarla.

El entusiasmo inicial se enfría

Desde el inicio del año, las compañías aeroespaciales y de defensa han tenido un peor comportamiento relativo tanto en Estados Unidos como en Europa. Esto supone un cambio frente al tono positivo que dominaba el sector desde 2022, cuando la invasión de Ucrania y años de baja inversión militar alimentaron la idea de que Europa debía acelerar de forma estructural su gasto en defensa.

La referencia clave era el compromiso de los miembros de la OTAN de destinar el 3,5% del PIB al gasto militar central. Sin embargo, la ejecución está siendo más compleja. Algunos países ya han indicado que no cumplirán ese objetivo, mientras que en otros la elevada deuda pública cuestiona la viabilidad del esfuerzo.

La tesis de defensa sigue viva, pero el mercado está dejando de descontar una expansión lineal y sin obstáculos del gasto militar europeo.

Alemania tiene margen, pero la ejecución va lenta

Alemania es uno de los países con mayor capacidad financiera para aumentar el gasto, pero incluso allí la adjudicación de contratos está avanzando por debajo de los planes iniciales. Este retraso es relevante porque el mercado no solo valora los anuncios presupuestarios, sino su conversión en pedidos, ingresos y beneficios para las compañías.

Julius Baer considera que el consenso actual se sitúa por debajo del objetivo del 3,5%, aunque no de forma extrema. Es decir, el mercado sigue esperando más gasto en defensa, pero con una trayectoria menos ambiciosa o menos rápida de lo que se descontaba inicialmente.

Crecimiento fuerte, pero con obstáculos

La visión de Julius Baer sigue siendo constructiva a medio plazo. La firma cree que la mayoría de las compañías europeas de defensa están posicionadas para al menos cinco años de fuerte crecimiento. La necesidad de reponer inventarios, modernizar capacidades y reforzar plataformas militares tradicionales sigue siendo clara.

Sin embargo, hay desafíos importantes. Muchas compañías están teniendo dificultades para escalar su producción al ritmo deseado. La cadena de suministro, la capacidad industrial, los plazos de contratación pública y la disponibilidad de componentes pueden limitar la velocidad a la que los nuevos presupuestos se convierten en ventas reales.

El sector puede crecer durante años, pero eso no significa que todos los valores deban subir de forma automática. La ejecución será el verdadero filtro.

Nuevas tecnologías, nueva competencia

El otro gran debate está en la aparición de nuevas tecnologías de defensa. Drones, guerra electrónica, inteligencia artificial, software militar, sistemas autónomos y soluciones de bajo coste están obligando a los inversores a preguntarse si los contratistas tradicionales tienen las carteras de productos adecuadas para capturar todo el crecimiento futuro.

Julius Baer no descarta a los grandes grupos establecidos. Al contrario, considera que Europa, tras años de infrainversión, todavía necesita ampliar toda la gama de plataformas militares tradicionales. El problema es determinar si la escala prevista inicialmente será tan grande como se pensaba, ya que una parte creciente del gasto se desplazará hacia tecnologías emergentes.

Un sector en transición, no en declive

La conclusión es que defensa no ha perdido su atractivo estructural, pero sí ha entrado en una fase más exigente. Los inversores ya no compran simplemente la idea de más gasto militar; ahora empiezan a diferenciar entre compañías con capacidad real de producción, carteras adaptadas a nuevas amenazas y exposición a tecnologías de próxima generación.

En resumen, el sector aeroespacial y defensa sigue teniendo una base de crecimiento sólida, especialmente en Europa, pero la transición será menos sencilla de lo que el mercado descontaba. El gasto aumentará, aunque no todo irá a los contratistas tradicionales. La selección de valores será clave: ganarán las compañías capaces de combinar plataformas convencionales, escala industrial y exposición a nuevas tecnologías militares.

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