Cada vez estamos más cerca de una Recesión Mundial y los inversores no quieren verlo

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Capitalbolsa | 30 abr, 2026 15:50 - Actualizado: 09:20
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Puntos clave
  • El fuerte rebote del S&P 500 y del Nasdaq convive con riesgos macroeconómicos todavía sin resolver.
  • La crisis energética derivada del conflicto con Irán eleva el riesgo de inflación persistente y limita el margen de la Fed.
  • El rally de semiconductores e IA empieza a mostrar señales de exceso, con valoraciones muy extendidas y dudas sobre el ciclo de inversión.

El mercado estadounidense ha protagonizado un rebote extraordinario tras un primer trimestre complicado. Según Victor Dergunov, el S&P 500 ha llegado a subir alrededor de un 14% en menos de un mes, mientras que el Nasdaq 100 ha avanzado cerca de un 20% en el mismo periodo. La magnitud del movimiento ha sorprendido incluso a quienes defendían comprar tras las caídas de comienzos de abril.

Sin embargo, Dergunov se muestra ahora más prudente. Su argumento es que el mercado está ignorando varios riesgos de fondo: la inestabilidad energética provocada por el conflicto con Irán, la persistencia de la inflación, la incertidumbre sobre la política monetaria y el posible agotamiento del ciclo de inversión en infraestructura de inteligencia artificial.

El mercado no ha resuelto el problema energético

El conflicto con Irán sigue siendo el principal foco de riesgo macroeconómico. Aunque la bolsa ha recuperado con fuerza, los problemas de fondo no se han solucionado. Irán mantiene material nuclear altamente enriquecido, Estados Unidos ha reforzado su presencia militar en la región y los precios del petróleo continúan cerca de los 100 dólares.

Para Dergunov, el riesgo de que se reanuden las hostilidades sigue siendo considerable. Una disrupción prolongada en los mercados energéticos aumentaría la probabilidad de una recesión global. Aunque Estados Unidos está algo más protegido que otras economías, no es inmune a un shock energético global, especialmente si se deterioran el consumo, los márgenes empresariales y la confianza.

La bolsa ha rebotado como si el riesgo energético estuviera controlado, pero el petróleo sigue enviando una señal muy distinta.

La IA también puede generar costes económicos

Otro riesgo señalado por el autor es el impacto de la inteligencia artificial sobre el empleo. Grandes compañías tecnológicas están anunciando recortes de plantilla mientras justifican inversiones masivas en IA. Parte de esos ajustes responden a la búsqueda de eficiencia y automatización, pero también pueden erosionar la confianza del consumidor.

El problema es que la economía estadounidense depende en gran medida del consumo privado, que representa cerca del 68% del PIB. Si los despidos aumentan, los salarios se debilitan y la confianza cae, el consumo podría deteriorarse de forma más visible. La IA puede generar beneficios de productividad a largo plazo, pero la transición puede ser desordenada y dolorosa para determinados segmentos de trabajadores y empresas.

El consumidor empieza a mostrar fatiga

Dergunov también advierte de una fuerte divergencia entre Wall Street y la economía real. La confianza del consumidor se encuentra en niveles muy bajos, algo poco habitual cuando la bolsa marca nuevos máximos. Esta desconexión sugiere que, mientras los mercados financieros celebran el rally, una parte importante de los hogares sigue bajo presión.

Los tipos hipotecarios elevados, el coste de la deuda de tarjetas de crédito, los altos precios de la energía y el encarecimiento general de bienes básicos pueden acabar dañando el gasto de los consumidores. Si esa presión se intensifica, la economía estadounidense podría acercarse más a un escenario de recesión.

La divergencia entre unos índices en máximos y una confianza del consumidor muy débil no puede ignorarse. Si el consumo falla, el mercado tendrá que reajustar expectativas.

La Fed tiene menos margen de maniobra

La política monetaria añade otro elemento de incertidumbre. El nombramiento de Kevin Warsh como próximo presidente de la Fed es visto por Dergunov como un posible error de política, especialmente por su visión más restrictiva sobre el balance del banco central.

Warsh ha sido crítico con la expansión cuantitativa y ha defendido una reducción del balance de la Fed, que ronda los 6,3 billones de dólares. Esto reduce la probabilidad de una nueva ronda de estímulos monetarios, incluso si la economía se debilita. Al mismo tiempo, la inflación sigue lejos del objetivo del 2% y el petróleo caro complica cualquier intento de recortar tipos.

Según las probabilidades de mercado citadas por el autor, existe menos de un 25% de posibilidad de que la Fed recorte tipos antes de final de año. El problema es evidente: si el empleo se debilita, pero la inflación continúa elevada, el banco central tendrá poco margen para actuar.

¿Qué pasa si se frena el ciclo de inversión en IA?

El gran motor del mercado ha sido la inteligencia artificial, especialmente el segmento de infraestructura: semiconductores, centros de datos, nube y compañías vinculadas al despliegue de capacidad de cómputo. Valores como Nvidia, Palantir, Meta, Alphabet o Amazon han generado subidas espectaculares.

Pero Dergunov plantea una pregunta incómoda: qué ocurrirá cuando el gasto de los hiperescaladores empiece a moderarse. Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta y Apple no pueden invertir cientos de miles de millones de dólares anuales en infraestructura de IA de forma indefinida. En algún momento, el mercado exigirá retornos visibles, monetización y rentabilidad real.

El riesgo no es que la IA no tenga futuro. El riesgo es que el mercado haya adelantado demasiado crecimiento y demasiada rentabilidad en muy poco tiempo.

El problema de la financiación circular

Una de las mayores preocupaciones del autor es la proliferación de acuerdos de financiación circular dentro del ecosistema de IA. El esquema es sencillo: una compañía como Nvidia invierte miles de millones en una empresa como OpenAI; después, OpenAI utiliza parte de esa financiación para comprar GPU de Nvidia. A su vez, compañías como Oracle pueden endeudarse para construir centros de datos destinados a clientes como OpenAI, y esos centros de datos requieren chips de Nvidia.

El riesgo aparece si OpenAI u otros clientes no pueden cumplir sus compromisos futuros. En ese caso, Oracle tendría que afrontar su deuda, Nvidia podría enfrentarse a una demanda inferior a la prevista y los márgenes del sector podrían deteriorarse por exceso de capacidad o mayor competencia.

Para Dergunov, pocos inversores están prestando atención a este riesgo durante la fiebre de la IA. Si surgieran problemas, podrían tener implicaciones sistémicas para la industria tecnológica, los bancos y las instituciones financieras involucradas en esa financiación.

Semiconductores: un rally demasiado extendido

El autor pone el foco en el ETF de semiconductores SOXX, que ha subido cerca de un 170% en el último año y alrededor de un 50% solo en el último mes. En su opinión, este comportamiento refleja una expectativa excesivamente optimista: como si el boom de la IA fuera a durar para siempre sin pausas ni correcciones.

Por este motivo, Dergunov ha reducido exposición en semiconductores y nombres de IA, incluyendo posiciones en Marvell, AMD y Nvidia. No descarta volver a entrar en retrocesos, pero considera peligroso perseguir el sector después de un movimiento tan vertical.

El rally de semiconductores ha sido excepcional, pero precisamente por eso el margen de seguridad se ha reducido. La prudencia vuelve a ser necesaria.

Más defensa, menos euforia

La conclusión del autor es que no es momento de mantener una postura excesivamente alcista en los grandes ganadores de la IA. El mercado aún podría tener algo más de recorrido, pero los riesgos empiezan a pesar más que las posibles recompensas.

Dergunov mantiene un rango objetivo para el S&P 500 a cierre de 2026 entre 7.200 y 7.700 puntos, pero reconoce que la incertidumbre ha aumentado. Su enfoque ahora es más defensivo: proteger ganancias, reducir exposición a sectores muy extendidos y evitar comprar valores que ya han subido de forma agresiva.

El mensaje de fondo es que el riesgo de recesión global está aumentando. Energía, inflación, empleo, consumo, Fed e IA forman una combinación compleja. El mercado ha celebrado el rebote, pero una parte importante de los riesgos que provocaron la venta masiva inicial sigue presente. Por eso, tras un rally tan intenso, la gestión del riesgo vuelve a ser más importante que perseguir los últimos puntos de subida.

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