S&P 500: El gráfico que todos citan… pero que casi todos interpretan mal
Con los principales índices de EE. UU. marcando máximos este año, muchos habrá visto circular un gráfico que pretende demostrar algo simple: cuando el S&P 500 cotiza caro (alto PER), los retornos a 10 años tienden a ser pobres.
Sobre el papel, parece lógico y visualmente convincente. El problema —según el análisis original— es que esa lectura está plagada de errores estadísticos, muestras no independientes y datos distorsionados por eventos extremos.
1) Correlación engañosa por falta de independencia de datos
El famoso gráfico usa rentabilidades “rodantes” de 10 años. Pero estas series se solapan nueve de cada diez años, lo que significa que la mayoría de los puntos no son independientes. Ese error hace que la correlación parezca mucho más sólida de lo que realmente es.
Cuando se corrige el solapamiento —analizando solo periodos no repetidos o extendiendo la muestra histórica a 150 años— la aparente relación se debilita enormemente o desaparece.
2) El peso de los cisnes negros
El S&P 500 ha sido moldeado por muy pocos eventos extraordinarios: burbuja puntocom, crisis financiera global y pandemia. Estos episodios distorsionan el gráfico original y actúan como valores atípicos que el modelo no limpia bien, exagerando la relación entre PER y retornos futuros.
3) La reversión a la media no funciona igual en renta variable
El artículo cuestiona otro dogma de mercado: asumir que el S&P 500 tiene un PER “natural” al que siempre vuelve.
¿Por qué?
Porque los factores que elevan beneficios y múltiplos —globalización, tecnología, márgenes estructuralmente más altos— no son aleatorios ni reversibles. Ejemplo: las empresas del índice generan hoy un 41% de sus ingresos fuera de EE. UU., frente al ~0% en los años 50. Ese cambio estructural debería justificarnos múltiplos más altos sin necesidad de revertir a medias históricas.
Conclusión clave para el inversor
El famoso gráfico que correlaciona el PER actual con retornos futuros es estadísticamente defectuoso y exagera el vínculo entre valoración y resultados a largo plazo.
- Tiene pocos datos independientes.
- Está contaminado por valores atípicos extremos.
- Ignora cambios estructurales permanentes del mercado.