Estas inversiones para la élite están abiertas a todos, pero piénselo dos veces antes de decir que sí.
- Los fondos de cobertura y otros activos alternativos han ofrecido rentabilidades a largo plazo decepcionantes.
- De media, muchos de estos vehículos no superan ni siquiera una cartera clásica 60/40 entre bolsa y bonos.
- La apertura de estos productos al inversor de a pie exige prudencia y análisis, no dejarse llevar por la moda.
Las inversiones alternativas, durante años reservadas a patrimonios muy elevados, empiezan a abrirse al inversor minorista. Hablamos de private equity, capital riesgo, crédito privado y hedge funds, productos que hasta hace poco quedaban fuera del alcance de la mayoría de los partícipes de planes de pensiones. Sin embargo, como advierte el analista Mark Hulbert en un comentario reciente, conviene pensárselo dos veces antes de lanzarse.
El atractivo de estos vehículos descansa en una promesa implícita: obtener mejor rentabilidad que la bolsa tradicional justo cuando muchos expertos anticipan una década floja para el mercado estadounidense. El problema es que los datos históricos no respaldan esa promesa.
La apertura de los alternativos al pequeño inversor
Según explica Hulbert, una orden ejecutiva de la Administración Trump permitió que los planes de jubilación de aportación definida en Estados Unidos incorporen este tipo de activos alternativos dentro de su gama de inversión. Sobre el papel, se trata de “democratizar” el acceso a una clase de activos que antes solo estaba disponible para grandes fortunas y clientes institucionales.
El contexto ayuda a alimentar la expectativa: varias firmas de Wall Street prevén que la bolsa estadounidense obtenga en los próximos diez años una rentabilidad anualizada inferior a la mitad de su media histórica. En ese escenario, muchos inversores imaginan que las inversiones alternativas serán la vía para batir al mercado.
Lo que dicen realmente los números
La realidad empírica es bastante menos brillante. Tomando como referencia a los hedge funds, uno de los segmentos más representativos de la industria alternativa, los resultados a largo plazo han sido discretos. De acuerdo con los datos citados por Hulbert, el índice HFRI Fund Weighted Composite —que agrupa a más de 1.400 fondos de cobertura de gestión única— ha generado una rentabilidad anualizada del 9,1% desde 1990, después de comisiones.
En ese mismo periodo, el S&P 500, incluyendo dividendos, ha ofrecido alrededor de un 17,1% anualizado. Es cierto que la bolsa estadounidense ha sido históricamente más volátil que la media de los hedge funds y que las comisiones de estos vehículos son muy superiores a las de un sencillo fondo indexado al S&P 500. Pero incluso ajustando expectativas, la comparación no deja en buen lugar a la industria alternativa.
Más preocupante aún para el inversor es que, según el análisis de Hulbert, los hedge funds no solo quedan por detrás del índice bursátil, sino también por detrás de una simple cartera equilibrada formada por un 60% de acciones estadounidenses y un 40% de bonos del Tesoro a medio plazo.
Elegir “los mejores”: más difícil de lo que parece
Una objeción habitual es que el inversor no necesita comprar la media del sector, sino solo “los mejores” fondos. Sin embargo, como señala el propio Hulbert, identificar de antemano qué hedge funds van a destacar es extraordinariamente complicado. De hecho, los fondos de fondos de hedge funds —vehículos creados precisamente para seleccionar a los gestores más prometedores— han obtenido, de media, peores resultados que el propio índice agregado de hedge funds.
Estos fondos de fondos cuentan con grandes equipos de análisis, acceso privilegiado a información y herramientas avanzadas para filtrar gestores. Aun así, sus rentabilidades acumuladas desde 1990 son inferiores a las del índice HFRI Fund Weighted Composite, lo que sugiere que, en la práctica, batir de forma consistente a la media del sector resulta muy difícil incluso para los profesionales más especializados.
La conclusión que se desprende del trabajo de Hulbert es incómoda pero clara: por mucho que nos seduzca la idea de encontrar una clase de activo privada que supere de forma clara a los mercados públicos, la esperanza no constituye una estrategia de inversión.
En definitiva, la apertura de los activos alternativos al inversor minorista no implica automáticamente mejores resultados para su jubilación. Antes de aceptar la invitación a entrar en este universo, conviene analizar con frialdad los datos históricos, los costes, la liquidez y el riesgo, y comparar todo ello con lo que sigue ofreciendo una sencilla cartera diversificada de acciones y bonos.