PIMCO habla de meses para la recuperación de la normalidad energética por culpa de la guerra de Irán
- Según PIMCO, aunque remita el conflicto en Oriente Próximo, la normalización del mercado energético no sería inmediata.
- El daño económico no se repartiría de forma uniforme: los productores de energía saldrían beneficiados, mientras los consumidores, especialmente los hogares más vulnerables, asumirían el mayor coste.
- La congestión logística, la reposición de inventarios y una prima de riesgo más duradera pueden mantener el petróleo alto más tiempo del que hoy descuenta el mercado.
La idea central que plantea Tiffany Wilding, economista de PIMCO, es incómoda pero bastante lógica: aunque el conflicto en Oriente Próximo se rebaje y el tránsito por el Estrecho de Ormuz vuelva a la normalidad, eso no significaría una recuperación rápida de la economía global. El sistema energético no funciona como un interruptor. Cuando se produce una interrupción de esta magnitud, los efectos no desaparecen el día en que se anuncia una reapertura.
Además, el coste del shock no se reparte por igual. Los países o sectores que producen energía pueden ganar con precios más altos, pero la mayor parte de los consumidores sale perdiendo. En Estados Unidos, por ejemplo, el golpe puede sentirse con más dureza en los hogares de rentas bajas y medias, que ya llegan más tensionados por el estancamiento de sus ingresos reales y por el deterioro del crédito al consumo.
El petróleo puede tardar meses en normalizarse
Wilding recuerda que, históricamente, los grandes shocks energéticos no agotan su impacto en unos pocos días. Ha ocurrido en crisis anteriores: el daño inicial puede parecer contenido, pero el verdadero ajuste del precio suele extenderse durante semanas o incluso meses. Esa es una de las razones por las que conviene no confiar demasiado en los primeros movimientos del mercado como si ya reflejaran todo el impacto real.
En el contexto actual, varios factores han ayudado a frenar una reacción todavía más violenta: una menor dependencia del petróleo dentro del PIB global, una mejora en eficiencia energética, una oferta más diversificada fuera de la OPEP y la percepción inicial de que el problema puede ser transitorio. Pero según PIMCO, eso no elimina el riesgo de que los precios todavía tengan margen para seguir altos durante más tiempo.
La logística y la infraestructura seguirán pesando
Uno de los argumentos más sólidos del análisis está en la parte física del mercado. Aunque el estrecho reabra, eso no despeja automáticamente el atasco. La congestión de petroleros y buques de carga tardará tiempo en resolverse, y también lo harán los ajustes en puertos, rutas, horarios y coberturas de seguro. En otras palabras, el suministro puede seguir llegando con fricción mucho después de que oficialmente se declare superada la crisis.
A eso se suma el posible daño en infraestructuras ligadas a extracción, transporte y almacenamiento. Incluso si ese daño no fuera masivo, basta con que afecte a algunos puntos sensibles para que el sistema se vuelva más frágil. Cuando el margen de capacidad sobrante es limitado, cualquier duda sobre la operatividad real se traduce en una prima de riesgo más persistente.
La reposición de inventarios puede mantener viva la presión
Otro elemento importante es el efecto inventario. Hasta ahora, las reservas acumuladas fuera de Oriente Próximo han servido como colchón. Pero si esos inventarios empiezan a caer y el tráfico marítimo tarda en normalizarse, el sistema puede enfrentarse a una nueva ronda de tensión. Incluso aunque desaparezca la interrupción directa, la necesidad de reabastecer existencias puede sostener una demanda elevada y, con ella, unos precios más altos.
Esto implica que el problema no es solo la falta puntual de oferta, sino también la presión posterior por reconstruir el equilibrio del sistema. Ese proceso puede mantener el crudo caro durante más tiempo del que muchos inversores esperan hoy.
La prima de riesgo no desaparecerá fácilmente
Wilding también subraya un cambio más profundo: el mercado ya ha visto que Irán tiene capacidad real para alterar un cuello de botella global. Aunque la tensión rebaje, esa evidencia no se borra. Por eso, incluso en escenarios de desescalada, es posible que el mercado siga exigiendo una prima de riesgo más alta en los precios energéticos.
Ese ajuste no significa necesariamente que otra interrupción sea inminente. Significa algo más simple: la percepción del riesgo estructural ha cambiado. Y cuando eso ocurre, las curvas de futuros tienden a reflejarlo durante bastante tiempo.
En conjunto, el mensaje de PIMCO es claro: el mercado puede estar subestimando tanto la duración del shock energético como sus efectos desiguales sobre la economía. La reapertura del estrecho sería importante, sí, pero no equivaldría ni mucho menos a una normalización inmediata.