Las dos razones por las que un aumento en los precios del petróleo podría no desencadenar el repunte inflacionario que temen los inversores.

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Capitalbolsa | 27 mar, 2026 12:36 - Actualizado: 17:00
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Puntos clave
  • El repunte del petróleo preocupa al mercado, pero no todos creen que vaya a traducirse en un gran brote inflacionista.
  • Jim Paulsen sostiene que el actual shock del crudo es menor que en otros ciclos inflacionarios de las últimas décadas.
  • El menor crecimiento real de la economía estadounidense y el avance de la productividad podrían amortiguar el impacto sobre los precios.

La subida del petróleo ha vuelto a poner en guardia a los inversores. El mercado teme que el encarecimiento de la energía acabe reactivando la inflación, presione aún más a los bonos y obligue a la Reserva Federal a mantener una postura más dura durante más tiempo. Sin embargo, no todos compran ese escenario con la misma convicción. Según explica Jamie Chisholm, el veterano estratega Jim Paulsen defiende que existen dos fuerzas desinflacionistas que podrían hacer que el golpe final sobre los precios sea bastante menor de lo que hoy teme el mercado.

La primera idea es sencilla: no todas las subidas del petróleo son iguales. Paulsen repasa ocho grandes ciclos inflacionarios de los últimos cuarenta años en los que el crudo tuvo un papel relevante y concluye que el repunte actual del WTI sigue siendo, por ahora, relativamente pequeño frente a otros episodios históricos que sí terminaron generando un impacto inflacionista serio.

Un shock energético menos agresivo que en otros ciclos

Ese es el primer argumento central. Aunque el petróleo haya subido con fuerza y el mercado reaccione con nerviosismo, Paulsen cree que la magnitud del movimiento todavía no se parece a la de otros episodios del pasado en los que el crudo sí acabó disparando la inflación de forma mucho más dañina. El miedo existe, pero la escala del shock, al menos de momento, sería más contenida.

Y hay un segundo matiz todavía más importante: la economía estadounidense crece hoy mucho menos que en aquellos ciclos previos. Mientras en otros periodos el crecimiento real se movía en rangos claramente más altos, ahora la demanda avanza con bastante menos fuerza. Eso implica que la capacidad del sistema para transformar un repunte del crudo en una espiral de inflación más amplia también sería menor.

El mercado teme otro shock petrolero clásico. La tesis de Paulsen es que esta vez el contexto económico es bastante menos propicio para que ese shock se convierta en una inflación persistente y descontrolada.

La productividad cambia la lectura

El segundo factor que destaca Paulsen tiene que ver con la productividad. Una parte importante del crecimiento reciente del PIB estadounidense ha venido impulsada por mejoras productivas, y ese tipo de crecimiento es, en esencia, menos inflacionista. Si una economía produce más y mejor sin depender tanto de una expansión agresiva del empleo o del consumo, la presión sobre los precios tiende a ser menor.

Esto no elimina el riesgo. Si la guerra con Irán se prolonga y el petróleo sigue escalando, la situación puede empeorar. Pero incluso en ese caso, Paulsen cree que el mercado podría estar sobreestimando el daño final sobre la inflación. De hecho, utiliza como argumento adicional el comportamiento de la deuda: pese al fuerte rebote del WTI desde mínimos del año, la rentabilidad del bono estadounidense a diez años no se ha disparado en la misma proporción.

Qué significa esto para los mercados

La conclusión no es que el mercado esté equivocado al preocuparse, sino que quizá esté descontando un escenario demasiado lineal: petróleo arriba, inflación arriba, Fed más dura y bolsas abajo. La realidad puede ser más compleja. Si el shock del crudo no alcanza la intensidad de otros ciclos y la economía sigue mostrando un crecimiento real más frío y apoyado en productividad, el impacto inflacionista podría terminar siendo menos severo de lo que hoy se asume.

Para la renta variable y los bonos, esto importa mucho. Porque si la inflación no se recalienta tanto como teme el mercado, entonces también cae la probabilidad de una respuesta monetaria más agresiva. Y ahí es donde cambia el relato: lo que hoy parece una amenaza directa para las valoraciones podría acabar siendo solo un episodio de estrés, no el inicio de una nueva espiral inflacionista.

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