"La escasez física de barriles que podría llevar al Brent a 150-200 dólares"

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Capitalbolsa | 23 abr, 2026 16:30
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Puntos clave
  • Mirova advierte de que el bloqueo en Ormuz ha desencadenado una crisis energética de alcance histórico, con efectos que podrían durar años.
  • Incluso en un escenario favorable, el petróleo y el gas seguirían en niveles estructuralmente más altos que antes del conflicto.
  • En Bolsa, energía, utilities, nuclear, renovables y soluciones de independencia energética parten como principales beneficiarias.

La gestora Mirova, perteneciente a Natixis IM, considera que el mercado está infravalorando la magnitud real del shock energético actual. El motivo es claro: el bloqueo en el estrecho de Ormuz está afectando a cerca de 20 millones de barriles diarios, mientras que las rutas alternativas a través de Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos apenas pueden redirigir una parte limitada de ese volumen. A esto se suma el daño sufrido por la producción de gas natural licuado de Qatar, que tardaría años en recuperar plenamente su capacidad.

Una crisis que no terminaría aunque acabe el conflicto

Según Mirova, incluso si la situación geopolítica se estabilizara, los precios de la energía no volverían con facilidad a los niveles previos. La razón está en dos elementos estructurales: por un lado, la destrucción física de infraestructuras de petróleo y gas en los países del Golfo, cuya reparación requerirá tiempo; por otro, la necesidad de reconstruir reservas estratégicas, lo que mantendría la presión sobre la demanda y sostendría los precios en cotas elevadas.

En ese escenario relativamente benigno, el gas europeo podría estabilizarse en una franja de 40 a 50 euros por MWh, frente a los alrededor de 30 euros previos a la crisis, mientras que el barril de petróleo se movería en torno a una media de 85 dólares durante el resto del año.

El punto clave del análisis es este: la crisis no se limita al shock inicial. Aunque baje la tensión militar, el sistema energético global seguiría tensionado por daños físicos y por la reconstrucción de inventarios.

El verdadero peligro es un escenario no lineal

Donde Mirova lanza la advertencia más seria es en el comportamiento de las reservas. De momento, las pérdidas de producción están siendo compensadas parcialmente mediante la liberación de inventarios comerciales y estratégicos. La Agencia Internacional de la Energía ya habría liberado unos 400 millones de barriles, pero esa solución tiene límite. Si el drenaje continúa al ritmo actual, los niveles de reservas podrían acercarse a zonas históricamente muy bajas entre finales de abril y mayo.

Y ahí aparece el riesgo que, según la gestora, el mercado aún no está descontando: cuando los inventarios caen demasiado, la relación entre existencias y precio deja de ser lineal y se vuelve exponencial. En otras palabras, el mercado puede pasar rápidamente de una fase de tensión a otra de auténtica escasez física. Si el conflicto se prolonga, el Brent podría escalar hacia la zona de 150-200 dólares por barril, mientras que el gas europeo podría dispararse hasta 100-150 euros por MWh.

Los sectores que mejor pueden comportarse en Bolsa

En términos bursátiles, el patrón histórico vuelve a repetirse. En fases de fuerte tensión energética, los sectores de energía y utilities suelen ofrecer un mejor comportamiento relativo, mientras que los sectores ligados al consumo tienden a sufrir más. Esa es, precisamente, la típica rotación de mercado asociada a un entorno de corte estagflacionario.

Mirova añade además un ángulo importante de medio plazo: las grandes crisis energéticas suelen ir seguidas de un nuevo ciclo de inversión en fuentes alternativas y en autonomía energética. Por eso, más allá de petroleras y eléctricas, también podrían salir reforzadas áreas como la energía nuclear, las renovables, el almacenamiento, la eficiencia energética y, en general, todas las soluciones orientadas a reducir la dependencia exterior.

La lectura de fondo es bastante directa: el mercado puede estar centrado todavía en el shock inmediato, pero el verdadero cambio puede ser más duradero. Y si esta crisis se consolida como un punto de inflexión energético, los ganadores no estarán solo en el crudo, sino también en todo el ecosistema vinculado a la seguridad e independencia energética.

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