Julius Baer ve un shock fuerte en energía, pero no una ruptura duradera del mercado
- El mercado energético sigue extremadamente nervioso, aunque el tránsito por Ormuz empieza a mostrar distintos grados de reapertura.
- El flujo sigue muy por debajo de los niveles previos al conflicto, pero junto a rutas alternativas está amortiguando parte del shock de oferta.
- Julius Baer mantiene una visión neutral y cree que el petróleo acabará respondiendo con el patrón habitual: un pico muy fuerte, pero de corta duración.
El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel sigue dominando por completo el mercado energético, pero con un matiz importante: la situación en el Estrecho de Ormuz ya no puede leerse en términos binarios. No estamos ante una apertura plena, ni tampoco ante un cierre absoluto. Lo que empieza a emerger, según explica Norbert Rücker, responsable de Economía y Next Generation Research de Julius Baer, es un escenario con distintos grados de apertura, en el que parte del comercio vuelve a circular, aunque aún muy lejos de la normalidad previa a la guerra.
Ese matiz importa mucho. Porque aunque la amenaza de una nueva escalada estadounidense sigue pesando sobre el crudo y mantiene al mercado extremadamente tenso, el hecho de que algunos flujos energéticos estén reanudándose aporta cierto margen de oxígeno a las cadenas de suministro. No resuelve el problema, pero sí evita, por ahora, un colapso pleno del suministro.
El conflicto sigue igual de intenso, pero la lectura de Ormuz cambia
Tras el largo fin de semana, el panorama geopolítico apenas ha cambiado en lo esencial. La actividad militar sigue siendo intensa, continúan los esfuerzos diplomáticos y la amenaza de una escalada adicional por parte de Estados Unidos sigue muy presente. Según resume Rücker, Irán ha mantenido ataques de represalia algo más intensos que a finales de marzo, especialmente contra Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, mientras que los ataques estadounidenses e israelíes habrían causado daños severos en una instalación petroquímica clave iraní, con posible impacto duradero sobre la oferta.
Ahora bien, el elemento más interesante no está tanto en la intensidad del conflicto como en la evolución del comercio por Ormuz. Julius Baer sostiene que la propia idea de “estrecho abierto” o “estrecho cerrado” depende hoy mucho de la perspectiva. Y eso refleja bastante bien la realidad actual: hay comercio, pero no normalidad; hay tránsito, pero bajo nuevas condiciones.
Más países aceptan las condiciones iraníes
Uno de los puntos más relevantes del análisis es que el tránsito salvaguardado por Irán habría ido aumentando durante el fin de semana. A los compradores asiáticos se estarían sumando ya algunos países del Golfo, y no solo en petróleo: incluso habría salido del Golfo el primer buque de gas natural. Según datos citados por Julius Baer, hasta 20 buques, visibles y también “oscuros”, habrían atravesado el cuello de botella en dirección de salida en los últimos días.
Eso sigue representando solo una fracción del tráfico previo al conflicto, pero combinado con las salidas alternativas contribuye a amortiguar el shock de oferta y da algo de tiempo a las cadenas energéticas para reajustarse, aunque sea parcialmente. Esa es la idea central de Rücker: el mercado sigue muy alterado, sí, pero no está operando sobre un escenario de ruptura total del sistema.
El daño no es igual para todos
Otro punto interesante del informe es la separación entre la capa geopolítica y la capa económica del conflicto. Julius Baer destaca que, por ahora, los niveles de almacenamiento de crudo en los principales centros de negociación del mundo occidental no muestran una señal clara de escasez generalizada. Donde sí se estaría notando más el golpe sería en algunos mercados emergentes, más vulnerables por contar con menos almacenamiento, una mayor concentración de proveedores y dinámicas de acaparamiento más agresivas.
Eso explica por qué el impacto del conflicto no se reparte de forma homogénea. No todos los países están sintiendo el mismo grado de tensión, ni todos los mercados energéticos están reaccionando igual. La perturbación existe, pero se está filtrando con mucha más fuerza en los puntos más frágiles del sistema.
Julius Baer sigue viendo un pico fuerte, pero pasajero
Con todo, Julius Baer no cambia su visión de fondo. Mantiene una postura neutral, pero sigue defendiendo que el petróleo terminará siguiendo el patrón habitual en este tipo de crisis: una subida muy intensa, muy visible y probablemente de corta duración. La tesis es que, aunque el “mediodía” del conflicto pueda estar cerca y los mercados sigan muy nerviosos, la reacción extrema del crudo no tiene por qué convertirse en un nuevo equilibrio permanente.
Ese es el mensaje importante para el inversor. La tensión sigue siendo muy alta, el riesgo geopolítico no ha desaparecido y cualquier titular puede volver a disparar la volatilidad. Pero, según Rücker, el mercado energético empieza a mostrar grietas en el relato del cierre total y eso da cierta base para pensar que el shock, aun siendo muy duro, podría acabar siendo más breve de lo que hoy teme el mercado.