Julius Baer enfría el miedo al petróleo: alivio en mercado, pero no paz definitiva

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Capitalbolsa | 09 abr, 2026 16:37
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Puntos clave
  • El alto el fuego entre EE.UU. e Irán ha aliviado al mercado, pero la incertidumbre sigue siendo elevada.
  • Julius Baer mantiene su escenario de un shock de precios intenso pero breve, no de una crisis sostenida de suministro.
  • La ausencia de daños graves en infraestructuras y la apertura de rutas alternativas refuerzan la expectativa de precios más bajos hacia el verano.

El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán ha dado al mercado una pausa muy necesaria, pero conviene no confundir alivio con solución. Según explican Norbert Rücker y Carsten Menke, de Julius Baer, la tregua encaja con el patrón habitual de este tipo de conflictos: reduce la tensión inmediata sobre los precios, pero llega acompañada de violaciones, contradicciones y una gran niebla informativa. Es decir, el mercado respira, sí, aunque el conflicto todavía no ha entrado en una fase limpia ni estable.

El mensaje principal de la firma es que el panorama energético de fondo apenas ha cambiado. No se han producido daños significativos en infraestructuras clave, las rutas alternativas siguen operativas y el proceso de reajuste del comercio global de crudo y productos refinados está prácticamente completándose. Por eso, el escenario central de Julius Baer sigue siendo el mismo: un repunte de precios rápido y muy intenso, pero transitorio, más que una crisis prolongada de oferta.

Alivio en precios, pero no normalidad total

Tras el anuncio del alto el fuego, el petróleo y el gas llegaron a caer hasta una quinta parte desde los máximos recientes, un movimiento que reflejó claramente el alivio financiero. Sin embargo, la situación sobre el terreno sigue siendo confusa. Persisten hostilidades parciales, hay versiones contradictorias sobre distintos frentes regionales y el propio régimen iraní parece atrapado en tensiones internas que complican cualquier estabilización diplomática rápida.

De hecho, Julius Baer recuerda que ya se ha producido un ataque con drones contra el oleoducto este-oeste de Arabia Saudí, una infraestructura especialmente relevante como vía alternativa para la salida del crudo saudí. Aun así, el daño parece haber sido limitado, algo que también se deduce de la reacción moderada del mercado. Y eso es relevante: si el mercado no compra una interrupción grave de la oferta, es porque sigue viendo margen de adaptación.

La lectura correcta no es que el riesgo haya desaparecido, sino que el mercado empieza a asumir que el peor escenario de suministro sostenido probablemente no se va a materializar.

Ormuz sigue bajo presión, pero ya no es un bloqueo total

Uno de los puntos clave del análisis está en el Estrecho de Ormuz. El tráfico marítimo convencional sigue moviéndose con cautela y muchas navieras mantienen una actitud de esperar y ver antes de retomar plenamente la ruta. Pero, al mismo tiempo, el tránsito protegido por Irán o asumido por operadores más agresivos en riesgo sigue aumentando poco a poco.

Para Julius Baer, ese detalle importa mucho más de lo que parece. Significa que, incluso con una tregua imperfecta, la reapertura parcial del flujo comercial ya ha empezado. Y una vez que estos movimientos se consolidan, revertirlos suele ser más difícil. Además, compradores asiáticos de petróleo del Golfo tendrían incentivos muy claros para presionar a favor de esa normalización, porque sus intereses económicos están por encima de la retórica política.

Aquí aparece una idea de fondo muy potente del informe: la capa económica del conflicto puede empezar a desacoplarse de la capa geopolítica. Es decir, aunque la tensión siga viva y se produzcan episodios puntuales de violencia o incumplimiento, el comercio energético puede seguir encontrando formas pragmáticas de funcionar.

Asia y el pragmatismo, claves para evitar una crisis duradera

Julius Baer insiste en que las cadenas de suministro suelen adaptarse a las nuevas realidades con bastante rapidez, sobre todo cuando hay muchos actores con incentivos económicos fuertes para mantener el flujo de energía. En este caso, ese pragmatismo procede especialmente de Asia y, en menor medida, de Europa. No es una cuestión ideológica, sino puramente funcional: si el petróleo tiene salida y los compradores tienen necesidad, el sistema busca rutas, descuentos, aseguramiento y soluciones logísticas para seguir operando.

Esa capacidad de adaptación es la que refuerza la idea de que el máximo del shock de oferta ya habría quedado atrás. Entre las rutas alternativas, la paulatina vuelta del tránsito por Ormuz y el reajuste global de los flujos energéticos, el banco cree que se están dando los elementos necesarios para una normalización gradual. No inmediata, pero sí suficiente para evitar un colapso prolongado del suministro.

La gran conclusión de Julius Baer es bastante clara: el susto energético ha sido real, pero el mercado probablemente ya ha visto la parte más aguda del shock.

Precios más bajos hacia el verano, aunque con ruido

Pese a todo, la firma evita caer en el triunfalismo. El conflicto sigue en una fase de máxima tensión latente, con abundante incertidumbre y capacidad para generar sobresaltos. Por eso mantiene una visión neutral sobre petróleo y gas en términos estratégicos. Pero dentro de esa neutralidad introduce un matiz importante: espera que los precios se relajen de forma considerable de cara al verano.

En otras palabras, Julius Baer no ve una crisis estructural de energía, sino una situación todavía ruidosa, volátil y llena de titulares cruzados, aunque con una tendencia de fondo menos alarmante que la que se temía hace unas semanas. Para mercado, eso implica que el escenario central vuelve a ser el de desinflado progresivo del miedo, no el de una escalada permanente del crudo.

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