"Socavones, baches, pensiones. Las crisis se encargan de «limpiar» el sistema"

Moisés Romero

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 19 sep, 2019 19:28 - Actualizado: 09:29
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La España ingobernable. Cuatro elecciones generales en cuatro años. El hazmerreír del mundo. Y no valen las comparaciones con Italia. El país alpino es otra cosa. Ya hay dramas públicos y privados, que aumentarán conforme pasen los días, semanas, meses y años. En las principales ciudades de España, en unas más que otras, abunda la suciedad, las aceras rotas y los parques desangelados.

En muchas autovías, los baches proliferan y en otras tantas carreteras de segunda, hay huecos muy profundos, capaces de engullir un coche. El Reino de España se ha distinguido secularmente por su gran capacidad para mirar hacia otro lado, el contrario a la realidad. Es la forma más cobarde de afrontar cada circunstancia. También, la de asegurar con votos la poltrona de una nómina de políticos muy inflada, demasiado, en los gobiernos central y autonómicos. En las Diputaciones y otras herencias de antaño. Todo eso lo pagamos caro como pagamos muy caro el desmadre de Gobiernos pasados, que nunca reconocieron que el Mundo Global iba mal, como se demostró con la Madre de Todas Crisis en 2009 y siguientes. Por supuesto, el hastío entre la población con la lucha a brazo partido entre los políticos de hoy ¿Cuánto hemos pagado en los diferentes encontronazos políticos, que las elecciones generales no han solucionado? ¿600.000 millones de euros? ¿Cuántos hospitales, arreglos de carreteras y demás se podrían haber financiado con esta suma?

Encuentro, en fin, ciertas similitudes de la España de los 70 y la España actual. Llegué a Madrid a mediados de los 70 para estudiar Psicología. Hasta entonces había estudiado en un instituto de una provincia limítrofe. La duración del viaje a la capital del reino en un autobús destartalado era entonces de cuatro horas, en un recorrido que hoy no consume más de 1 hora y 20 minutos. Carreteras que serpenteaban para no invadir dominios y tierras de los más ricos, y llenas de hoyos conducían a lo que muchos considerábamos el Paraíso: todo era bueno con tal de salir de un pueblo pobre sumido en la pobreza de una agricultura de subsistencia. Amanecía Madrid, por aquél entonces, con luces parpadeantes y discontinuas. Pocos días después, descubrí que muchas farolas estaban en los huesos, con las lámparas rotas. Y así continuaron meses y meses, incluso años. Descubrí, al cabo de unos meses, que las aceras estaban llenas de agujeros y el pavimento de las calles muerto de asco. Los parques eran un peligro contrastado a partir del anochecer, porque no había luz ¿Pasos de cebra? No recuerdo que existieran en la cantidad ni en la calidad actual. (Leer más)