Howard Marks afirma que hay muy pocas acciones baratas: "Las gangas aparecen cuando la gente entra en pánico".
- Howard Marks cree que el mercado no está barato y que hoy apenas hay verdaderas gangas.
- Su mensaje es claro: las mejores oportunidades aparecen cuando domina el pánico, y ahora mismo ese no es el tono del mercado.
- Aunque ha habido volatilidad y ruido geopolítico, la renta variable estadounidense sigue moviéndose cerca de máximos, lo que limita el margen para encontrar precios realmente de derribo.
Howard Marks ha vuelto a poner una idea incómoda sobre la mesa: este no es un mercado de rebajas. El cofundador de Oaktree, conocido por su enfoque prudente y por haber advertido en otros momentos sobre excesos de mercado, cree que muchos inversores que buscan gangas pueden llevarse una decepción. La razón es simple: pese a la volatilidad y al ruido geopolítico, los activos siguen lejos de niveles de verdadero estrés.
Su argumento no es especialmente complejo, pero sí bastante incómodo para quien llegue tarde al mercado esperando oportunidades fáciles. Marks sostiene que las gangas aparecen cuando los inversores entran en pánico, quieren salir a cualquier precio y aceptan vender por debajo de un valor razonable. Y, según su lectura, eso no describe en absoluto el entorno actual.
No hay pánico, así que no hay grandes gangas
La tesis de Marks parte de una observación muy directa: el mercado ha seguido mostrando una notable resistencia incluso frente a shocks serios. CNBC señaló que, tras el anuncio iraní sobre la reapertura del estrecho de Ormuz y el alivio temporal en la zona, el S&P 500 superó por primera vez los 7.100 puntos, mientras el Nasdaq enlazó una racha de 13 subidas consecutivas, la más larga desde 1992.
Eso encaja bastante bien con la idea de Marks de que el apetito por riesgo sigue vivo. Puede haber sustos, titulares contradictorios y episodios de tensión, pero el mercado no está comportándose como uno en capitulación. Más bien al contrario: sigue predominando una mentalidad de compra en las caídas y de confianza en que, al final, el escenario se resolverá sin un daño estructural profundo.
Los alcistas siguen mandando
Marks también pone el foco en una tendencia de fondo que considera decisiva: desde finales de 2022, el equilibrio del mercado se ha inclinado de forma bastante clara hacia los alcistas. Según sus propias palabras, el optimista lleva ganando unos 43 meses. Eso significa que, aunque haya habido correcciones o sobresaltos, la mentalidad dominante ha seguido siendo constructiva y eso ha mantenido las valoraciones en niveles elevados.
Ese punto importa mucho, porque explica por qué cuesta encontrar descuentos reales. Cuando el mercado pasa años premiando al que compra riesgo y castigando menos de lo esperado al que llega tarde, los precios rara vez se limpian de verdad. Puede haber correcciones, sí, pero no necesariamente se convierten en el tipo de ventas forzadas que generan oportunidades extraordinarias.
Volatilidad no significa baratura
Este es probablemente el matiz más importante de su mensaje. Mucha gente confunde volatilidad con oportunidad. Pero una cosa es que el mercado se mueva mucho y otra muy distinta que esté barato. Para Marks, el hecho de que haya incertidumbre geopolítica o titulares preocupantes no implica automáticamente que las valoraciones hayan caído a niveles de ganga. De hecho, si el dinero sigue entrando y los índices siguen cerca de máximos, lo más probable es que el ajuste haya sido insuficiente para hablar de precios realmente atractivos.
En otras palabras: un mercado inquieto no es necesariamente un mercado regalado. Y ahí está la diferencia entre ver ruido y ver verdadero estrés financiero.
Qué lectura deja para el inversor
La lectura de Howard Marks no es un llamamiento al pánico ni una predicción inmediata de caída. Es algo más sobrio: una advertencia de que el mercado actual exige mucha más selección y mucha menos euforia. Si apenas hay gangas, entonces el inversor no debería actuar como si estuviera comprando en un gran descuento. Debería actuar como alguien que entra en un mercado caro, resistente y todavía bastante confiado.
Eso obliga a subir el nivel de exigencia. Cuando todo está relativamente alto, el margen de error se reduce. Y en ese entorno, comprar por impulso o por miedo a quedarse fuera suele ser bastante peor estrategia que esperar una oportunidad real o, al menos, exigir mucha calidad y precio razonable antes de entrar. Ese es, en el fondo, el mensaje de Marks: las gangas no aparecen porque sí; aparecen cuando el mercado deja de creer. Y hoy, claramente, todavía cree.