"El mercado descuenta, con cierta fuerza, subidas de tipos de interés que, originalmente, no estaban en el guion"
- El mercado empieza a descontar subidas de tipos que no estaban previstas al inicio de 2026.
- El conflicto con Irán y el cierre de Ormuz mantienen elevada la presión sobre energía, inflación y crecimiento.
- La inflación repunta, pero el contagio a la economía real sigue siendo limitado por ahora.
Pedro de Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad, advierte de que la situación actual de los mercados está lejos de poder considerarse normal. Aunque se han vivido episodios de volatilidad, especialmente en marzo, estos no han alcanzado los niveles de tensión vistos en otros momentos recientes. Sin embargo, el verdadero foco de preocupación está ahora en la evolución de las curvas de tipos.
Según De Pozo, tanto en Europa como en Estados Unidos se ha producido un aplanamiento muy notable de las curvas. La lectura es clara: los bonos a corto plazo están recogiendo con más intensidad que los de largo plazo la posibilidad de nuevas subidas de tipos. Es decir, el mercado empieza a descontar un escenario monetario más duro del que estaba previsto para 2026.
Irán y Ormuz siguen marcando el riesgo principal
El gran foco de incertidumbre continúa siendo Oriente Medio. El conflicto con Irán sigue abierto y el estrecho de Ormuz permanece en el centro de las preocupaciones del mercado. Para De Pozo, aunque puede pensarse que estamos más cerca de un alto el fuego que de una escalada, no existe ninguna garantía hasta que el acuerdo se materialice.
La situación es especialmente delicada porque los interlocutores principales son Irán y Donald Trump, lo que añade un componente de imprevisibilidad política considerable. Además, cada día que pasa complica el regreso a la normalidad económica.
El riesgo ya no se limita a barcos retenidos en el Golfo. El mercado empieza a contemplar escenarios más dañinos, como paradas de producción por falta de almacenamiento de crudo y gas, o incluso daños en infraestructuras energéticas críticas.
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La inflación sube, pero el daño todavía parece contenido
La macroeconomía empieza a reflejar algunos efectos de la guerra, sobre todo en inflación, aunque el contagio a la economía real sigue siendo limitado. En Estados Unidos, los últimos datos de crecimiento confirmaron una economía resistente, con una demanda interna todavía sólida.
El deflactor del consumo personal, la medida de inflación preferida por la Reserva Federal, se aceleró del 2,8% al 3,5%, en línea con lo esperado. La inflación subyacente, en cambio, repuntó de forma más moderada, hasta el 3,2%. Este comportamiento sugiere que el golpe inflacionista procede principalmente de los componentes más volátiles, no de una presión generalizada sobre toda la economía.
En la eurozona ocurrió algo parecido. El IPC general subió hasta el 3%, desde el 2,6% anterior, mientras que la inflación subyacente se moderó una décima, hasta el 2,2%. En España, la inflación se situó en el 3,2%, por debajo de lo previsto y frente al 3,4% anterior.
España mantiene una mejor dinámica de crecimiento
El caso español presenta un matiz relevante. Aunque la inflación sigue algo por encima de la media europea, la economía nacional crece claramente más que la eurozona. Según los datos citados por De Pozo, España avanza a un ritmo interanual del 2,7%, frente al 0,8% del conjunto de la región.
Esto permite interpretar los datos con cautela, pero sin dramatismo. La inflación exige vigilancia, pero todavía no ofrece una señal demoledora de deterioro económico. La palabra clave, como señala el análisis, es “aún”.
La economía todavía resiste, pero el margen de error se ha estrechado. Si el conflicto se prolonga, el impacto sobre precios, márgenes empresariales y consumo puede ganar intensidad.
Tipos de interés: las bajadas desaparecen del escenario
Una de las conclusiones más importantes del análisis es que las bajadas de tipos en 2026 han quedado prácticamente fuera del escenario, tanto en Europa como en Estados Unidos. A pesar de las presiones políticas de Trump y de algunas voces dentro de la Fed, la inflación energética ha cambiado el equilibrio de riesgos.
Otra cuestión distinta es si los bancos centrales deben volver a subir tipos. De Pozo recuerda que el problema actual responde más a una inflación de oferta que de demanda. En ese contexto, endurecer demasiado la política monetaria puede terminar siendo contraproducente, al dañar la actividad sin resolver el origen del shock.
La duración del conflicto será, por tanto, decisiva. Si la tensión se reduce pronto, el inversor debería prestar atención a aquellos activos que más han corregido y que podrían ofrecer oportunidades de entrada. Entre ellos, la renta fija a corto y medio plazo aparece como una de las opciones más razonables para reconstruir posiciones con prudencia.