Reino Unido se acerca a China mientras Trump lanza una advertencia
- Trump advierte al Reino Unido sobre profundizar sus lazos económicos con China.
- Keir Starmer defiende un “reset” pragmático tras una visita histórica a Pekín.
- El episodio refleja la creciente tensión geopolítica entre EE. UU., Europa y China.
Según informa el analista y editor Eamonn Sheridan, las divergencias estratégicas entre Estados Unidos y sus aliados han quedado de nuevo al descubierto tras las advertencias del presidente Donald Trump al Reino Unido por su acercamiento a China, justo cuando el primer ministro británico Keir Starmer celebraba avances diplomáticos y económicos durante una visita de alto nivel a Pekín.
Starmer se reunió durante cerca de tres horas con el presidente chino Xi Jinping, en lo que supone la primera visita de un primer ministro británico a China desde 2018. Según explicó el propio Starmer, los encuentros sirvieron para sentar las bases de una relación “más sofisticada”, centrada en el pragmatismo económico y no en afinidades ideológicas.
Sheridan recoge que el líder británico destacó avances concretos como una mayor apertura de mercado para empresas del Reino Unido, acuerdos de exención de visados y una reducción de los aranceles al whisky, medidas que calificó de simbólicas y relevantes para relanzar los flujos comerciales y de inversión.
Trump endurece el mensaje desde Washington
Mientras Londres hablaba de acercamiento, desde Washington el tono fue radicalmente distinto. Preguntado por la visita de Starmer a China, Donald Trump calificó el fortalecimiento de los vínculos con Pekín como “muy peligroso”, sin ofrecer mayores explicaciones. Según Sheridan, estas declaraciones se enmarcan en un contexto de creciente imprevisibilidad en la política exterior estadounidense, marcado por amenazas arancelarias, críticas a aliados de la OTAN y mensajes contradictorios sobre asuntos estratégicos.
Para el Gobierno laborista británico, que afronta dificultades para reactivar el crecimiento económico prometido, el acercamiento a China se presenta como una prioridad económica. Starmer ha insistido en que el Reino Unido puede mantener relaciones sólidas tanto con Estados Unidos como con China, y que no aceptará verse obligado a elegir entre ambas potencias.
En este sentido, Starmer subrayó que los lazos con EE. UU. —en defensa, inteligencia y comercio— siguen siendo esenciales, y recordó que Trump tiene prevista una visita oficial al Reino Unido este mismo año, en la que se espera anunciar importantes compromisos de inversión estadounidense.
Un dilema creciente para los aliados de EE. UU.
Tal y como apunta Eamonn Sheridan, el caso británico no es aislado. Otros líderes occidentales, como Emmanuel Macron o el futuro canciller alemán Friedrich Merz, también han intensificado el diálogo con China en busca de oportunidades económicas. Sin embargo, desde Washington persiste el escepticismo. El secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, advirtió recientemente de las dificultades estructurales para exportar al mercado chino, poniendo en duda el alcance real de estos acercamientos.
El episodio pone de relieve el creciente dilema estratégico de los aliados de EE. UU.: cómo aprovechar el potencial económico de China sin poner en riesgo las relaciones políticas, comerciales y de seguridad con una administración estadounidense cada vez más impredecible. Este equilibrio delicado mantiene sensibles al mercado factores como el comercio internacional, las divisas y el sentimiento inversor, muy expuestos a los titulares geopolíticos.