Por qué las acciones eludirán los paralelismos de las décadas de 1920 y 1987, según Goldman Sachs
- Goldman Sachs cree que el mercado no repetirá los colapsos de 1929 o 1987, aunque reconoce un entorno exigente.
- Las valoraciones y la concentración recuerdan a otros ciclos “sobreextendidos”, pero faltan señales típicas de burbuja.
- El foco de la IA podría desplazarse hacia robótica y automatización, lo que Goldman denomina “Phase 3-D”.
A pesar de las comparaciones cada vez más frecuentes con episodios históricos como los años 20, 1987 o el estallido de la burbuja tecnológica, los estrategas de Goldman Sachs consideran que el mercado actual tiene matices importantes que podrían evitar un desenlace similar. Según recoge Steve Goldstein en el medio original, el banco mantiene su objetivo de 7.600 puntos para el S&P 500 a cierre de año, lo que implicaría un avance cercano al 9% desde los niveles actuales.
Un mercado exigente, pero no una copia del pasado
En una nota liderada por Ben Snider, Goldman reconoce que la combinación de valoraciones elevadas, concentración extrema y fuertes retornos recientes “rima” con otros periodos históricos que terminaron mal, como 1929, los “Nifty Fifty” de los 70, 1987, 2000 o 2021. Ese paralelismo alimenta el debate actual sobre si el mercado está o no en una burbuja.
Sin embargo, los estrategas subrayan que faltan ingredientes clave habituales en esos episodios: la operativa especulativa está por debajo de los picos de 2000 o 2021, el short interest es elevado, los flujos hacia renta variable han sido moderados y la actividad de OPVs fue contenida el año pasado. Además, el apalancamiento corporativo sigue siendo bajo en términos históricos, aunque con tendencia al alza.
Conclusión intermedia: el mercado puede estar caro y concentrado, pero no muestra todavía los excesos clásicos de una burbuja madura.
Riesgos macro y el papel de la IA
Goldman identifica dos riesgos macro principales: una desaceleración del crecimiento o un giro más agresivo en expectativas de tipos. De momento, ninguno parece inminente. Aun así, el banco advierte de que hacia final de año el entorno podría volverse menos favorable, a medida que se diluyan los estímulos fiscales y monetarios y aumente la disrupción asociada a la IA.
En el plano corporativo, esperan que el crecimiento del beneficio por acción del S&P 500 se desacelere ligeramente en 2027 frente a 2026. Además, el ciclo político también puede pesar: históricamente, las elecciones de medio mandato suelen venir acompañadas de más incertidumbre y volatilidad, aunque no descartan nuevos vientos de cola regulatorios.
De la infraestructura de IA a la “Phase 3-D”
Uno de los puntos más interesantes del informe es el posible cambio de liderazgo dentro del trade de IA. Tras años de fuerte inversión en infraestructura —con el capex alcanzando ya cerca del 75% del flujo de caja—, Goldman cree que el mercado empezará a exigir resultados tangibles en forma de eficiencia y beneficios.
Aquí entra el concepto de “Phase 3-D”: la interacción de la IA con el mundo físico a través de la robótica y la automatización. Goldman identifica un grupo de 26 compañías ligadas a este segmento —entre ellas firmas de defensa, drones, automatización industrial y test de semiconductores— que han tenido buenos momentos en 2023 y 2025, pero que aún cotizan a múltiplos relativamente contenidos, alrededor de 26 veces beneficios futuros.
Un dato relevante es que estos valores siguen poco poseídos: los principales ETF de robótica recibieron solo 750 millones de dólares en entradas en la segunda mitad del año pasado, una cifra modesta para un segmento con tanto potencial narrativo.
Lectura final: para Goldman, el riesgo no es tanto un crash “a lo 1929” o “1987”, sino una transición de liderazgo. Menos euforia en infraestructuras de IA y más atención a empresas que convierten la IA en productividad real a través de robótica y automatización.