Feliz 3er cumpleaños, IA: del hype al riesgo de balance

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 27 nov, 2025 15:46
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Puntos clave
  • La inversión en IA ha sumado cientos de miles de millones en nuevos data centers, pero la economía ex-IA está estancada.
  • El top 5 de Big Tech ha levantado 108.000 M$ en deuda combinada en 2025, un cambio radical de su perfil de riesgo.
  • Los mercados empiezan a descontar más riesgo sistémico y vulnerabilidad de balance en el nuevo ciclo de capital IA.

Noviembre de 2025 marca el tercer aniversario de un punto de inflexión: la llegada de ChatGPT, que encendió la mecha del mayor ciclo de capital tecnológico desde el auge de finales de los 90. Danielle Park, estratega global y autora del análisis original, nos recuerda —con una claridad que compartimos— que el mercado de 2025 ha celebrado la IA como motor de innovación, pero recién empieza a entender el costo real de esta fiesta.

Desde finales de 2022 hasta hoy, hemos visto nacer y escalar modelos competidores de talla mundial —desde Claude (Anthropic) a Gemini (Google), Copilot (Microsoft) o los sistemas basados en Llama (Meta), junto a Mistral en Europa— en una carrera por dominar la infraestructura cognitiva de la próxima década. No obstante, mientras el gasto en IA crece exponencialmente, Danielle Park subraya que el resto de la economía global ha mostrado un patrón inverso: actividad plana desde 2023 fuera del foco IA. Y esto no es un detalle menor: la divergencia entre aspiraciones tecnológicas e ingresos generados es la primera grieta visible.

La apuesta de Amazon, Alphabet, Microsoft, Meta Platforms y Oracle ha exigido levantar capital a un ritmo récord. En 2025, estas cinco compañías han emitido 108.000 millones de dólares en deuda combinada, más de tres veces la media de los nueve años previos. Hace apenas meses, la inversión IA parecía un coto cerrado a balances robustos. Ese mundo desapareció, como admite Park: la expansión del ecosistema ha incluido a jugadores con hojas de balance más frágiles —CoreWeave, CoreWeave o la propia Oracle— generando círculos de financiación cruzada y relaciones interconectadas que elevan el riesgo sistémico.

Para que dimensionemos el momento: la inversión en data centers se ha comparado, en el medio original, con financiar el Manhattan Project 15 veces o pagar el proyecto lunar Apollo dos veces. En 2026 la magnitud del ‘capex’ en IA podría sofocar las recompras, que han sido pilar del crecimiento del BPA. Si la deuda se dispara y las recompras frenan, el efecto mecánico que inflaba el beneficio por acción se diluye.

En paralelo, los mercados de crédito empiezan a tensarse. El sector BDC y el crédito privado han sufrido shocks quirúrgicos —quiebras inesperadas en auto subprime y componentes de automoción, presión sobre balances bancarios de inversión, o bloqueos de reembolsos en vehículos de crédito privado— que han encendido las alarmas. Desde nuestra óptica, la metáfora de Park es brutalmente útil: la primera cucaracha visible rara vez es la única.

El apetito por deuda para financiar la revolución IA ronda ya cifras que requieren déficits millonarios recurrentes. Park advierte que la IA no está generando ingresos para cubrir sus propios costos y que la obsolescencia de los chips IA se sitúa entre 18 y 30 meses —un horizonte sustancialmente más corto que la infraestructura de internet diseñada hace 25 años, que aún usamos hoy— obligando a reinversiones constantes.

Reflexión de Capital Bolsa: entendemos el entusiasmo por la IA, pero a 2026 se llega mejor con silencio de apalancamiento excesivo y vigilancia quirúrgica del soporte de balances. En estructuras tan interconectadas por deuda, el peor riesgo es no reconocer cuándo el capital manda más que la narrativa. La forma de ser agradecido en 2025 es no cargar posiciones sin un plan adaptativo. En 2026, como dice Park, opcionalidad y flexibilidad serán el activo más valioso para sobrevivir al ruido del capital IA.

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