Dos activos para protegerse en un mundo que se agrieta
- En 2026, los inversores buscan refugio en oro y acciones estadounidenses, no en el dólar ni en los bonos.
- El oro supera los 5.000 dólares por onza y el S&P 500 marca máximos históricos.
- La percepción de ruptura del orden mundial está redefiniendo qué se considera “activo seguro”.
A medida que se amplían las grietas en el orden geopolítico y económico global, los inversores están dejando claro dónde colocan su confianza. En este inicio de 2026, los activos que mejor están funcionando como refugio no son los tradicionales —ni el dólar ni los bonos del Tesoro—, sino una combinación poco habitual: el oro y las acciones estadounidenses.
El movimiento es llamativo. Desde finales de 2023, el oro ha pasado de la zona de los 2.000 dólares a superar los 5.000 dólares por onza, con una revalorización acumulada superior al 85% desde el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. En paralelo, el S&P 500 avanza alrededor de un 15% y marca nuevos máximos históricos.
Un mundo que ya no funciona como antes
La sensación de cambio estructural quedó bien reflejada la semana pasada en Davos, cuando el primer ministro canadiense, Mark Carney, habló abiertamente de una “ruptura del orden mundial” y advirtió de que el sistema anterior simplemente no va a volver. Muchos inversores, sin embargo, parecen haber llegado a esa conclusión mucho antes.
El rally del oro es una de las pruebas más claras. Para Mark Hackett, estratega jefe de Nationwide Investment Management Group, el metal precioso ha vuelto a demostrar su papel histórico: “Durante toda mi carrera, el oro ha sido el refugio más seguro. Ese es el detonante de su buen comportamiento”.
El refugio clásico falla… y el mercado se adapta
El ascenso del oro también se explica por la debilidad de las alternativas tradicionales. Desde el regreso de Trump, el índice dólar ha caído más de un 12% frente a una cesta de divisas. Por su parte, los bonos del Tesoro a 10 años no han ofrecido la protección esperada: sus rendimientos se sitúan en torno al 4,22%, manteniendo elevados los costes de financiación y restando atractivo a la deuda como refugio.
La expectativa de que la Reserva Federal comenzara a recortar tipos ya en 2024 se ha ido diluyendo, y con ello la idea de que los bonos pudieran amortiguar la volatilidad. El resultado ha sido un desplazamiento claro del capital hacia otros activos percibidos como más fiables.
Acciones como refugio: una anomalía histórica
Tradicionalmente, cuando los inversores buscan seguridad, no piensan en la bolsa. Sin embargo, eso es exactamente lo que está ocurriendo ahora. Según Stephen Dover, estratega jefe del Instituto Franklin Templeton, las acciones estadounidenses están siendo tratadas como un activo defensivo en un contexto muy concreto.
Mientras el crecimiento de beneficios se mantenga y los inversores sigan comprando en cada corrección, el S&P 500 puede seguir siendo visto como una opción de refugio, junto al oro. Dover reconoce que se trata de una situación inusual, pero coherente con el entorno actual.
Oro y bolsa, avanzando al mismo tiempo
Históricamente, el oro y el S&P 500 no suelen moverse en la misma dirección. Sin embargo, en determinados periodos — como mediados de los años 80, la burbuja tecnológica de principios de los 2000 y, de nuevo, en 2025— esa correlación se ha estrechado de forma significativa.
Hoy se repite el patrón: máximos históricos en el oro y niveles récord, o muy próximos, en las bolsas estadounidenses. Para Hackett, esto refleja una acumulación excepcional de riesgos —geopolíticos, monetarios y políticos— que en el pasado habrían provocado huida de la bolsa, pero que ahora conviven con un mercado bursátil fuerte.
El papel clave del inversor minorista
El impulso de las acciones también se explica por factores estructurales. Las aportaciones constantes a planes de 401(k) en Estados Unidos generan flujos recurrentes hacia la bolsa, mientras que la experiencia desde 2020 ha reforzado la estrategia de comprar en las caídas.
Según Robert Bernstone, director de operaciones de SummitTX Capital, este patrón ha funcionado tanto en acciones como en oro. No obstante, advierte de un riesgo evidente: confiar en que todas las correcciones serán breves puede ser peligroso, especialmente para quienes necesiten liquidez en momentos concretos.
En definitiva, el inicio de 2026 deja una imagen poco convencional pero reveladora: en un mundo cada vez más fragmentado, los inversores están redefiniendo qué significa seguridad. Y hoy, esa seguridad se reparte entre el oro y la bolsa estadounidense.