Patrick Artus lanza una advertencia clara: la energía cara vuelve a golpear mucho más a Europa que a EEUU
- El encarecimiento del petróleo y del gas no golpea igual a ambos lados del Atlántico: EEUU gana renta; Europa la pierde.
- Según Patrick Artus, el shock energético actúa en la UE como un impuesto adicional sobre empresas, hogares y gobiernos.
- Si los precios altos persisten, el daño sobre el crecimiento europeo puede ser mucho más severo que en Estados Unidos.
La nueva subida del petróleo y del gas vuelve a dejar una conclusión incómoda para Europa: no todos los shocks energéticos se reparten igual. Mientras Estados Unidos puede absorber mejor un entorno de precios elevados por su condición de exportador neto de energía, la Unión Europea parte de una posición mucho más vulnerable, al depender de importaciones de crudo y gas para sostener su actividad.
En un análisis reciente, Patrick Artus subraya precisamente esa diferencia estructural. En el caso estadounidense, el repunte del petróleo y del gas genera más ingresos agregados para la economía, aunque no los distribuya de forma homogénea. Las petroleras y los propietarios del capital salen beneficiados, pero los hogares sufren por el encarecimiento de la gasolina, la calefacción y el transporte, y muchas empresas ven presionados sus costes.
Europa no redistribuye el golpe: lo sufre
La diferencia clave es que Europa no vive este shock como un problema de reparto de renta, sino como una pérdida directa de renta. Al ser importadora neta de energía, cada subida del petróleo y del gas implica una salida mayor de recursos hacia el exterior. Eso afecta al margen de las empresas, al poder adquisitivo de los hogares y también a las cuentas públicas si los gobiernos optan por subvencionar parte del coste energético.
La magnitud del impacto no es menor. Según el estudio, el precio combinado del petróleo y del gas habría subido un 56% desde el inicio de la guerra en Oriente Medio. Con ese movimiento, el efecto estimado sería de un aumento del PIB del 0,8% en Estados Unidos y, al mismo tiempo, de una caída del 1,4% en la Unión Europea. Esa divergencia resume mejor que nada la distinta exposición de ambas economías.
La gran amenaza: repetir el patrón de 2022
Artus recuerda además que Europa ya conoce este mecanismo. Tras el estallido de la guerra en Ucrania, el shock energético acabó frenando de forma drástica el crecimiento, hasta derivar en una etapa de estancamiento. El riesgo ahora es volver a recorrer ese mismo camino: más costes, más inflación, menor demanda y una actividad cada vez más debilitada.
Por eso, el mercado puede celebrar caídas puntuales del crudo o mensajes optimistas sobre un posible alto el fuego, pero el problema de fondo no desaparece tan rápido. Aunque el conflicto remitiera, la normalización de infraestructuras, flujos energéticos y precios no sería inmediata. Y Europa seguiría siendo la parte más expuesta mientras no reduzca de verdad su dependencia exterior.
En definitiva, el shock energético actual no solo reabre el debate sobre inflación y tipos. También vuelve a mostrar una realidad incómoda: Europa entra peor posicionada que Estados Unidos en cualquier crisis prolongada de petróleo y gas. Y mientras esa asimetría no cambie, cada repunte de la energía seguirá siendo una amenaza mucho más seria para el crecimiento europeo que para el americano.