Julius Baer ve el petróleo en zona de máximos temporales pese al nuevo giro en Ormuz

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Capitalbolsa | 13 abr, 2026 11:16
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Puntos clave
  • Julius Baer cree que el petróleo y el gas siguen en la fase de máximos de un repunte temporal, aunque muy intenso.
  • La firma sostiene que solo un daño grave y extendido sobre infraestructuras energéticas alteraría de forma duradera a la economía global.
  • El bloqueo estadounidense en Ormuz cambia otra vez la dinámica del conflicto, pero no modifica por ahora el escenario central de la entidad.

El conflicto con Irán entra en una nueva fase de incertidumbre. Las negociaciones siguen atascadas, el alto el fuego continúa bajo sospecha y el mercado energético vuelve a quedar cubierto por una espesa niebla. En este contexto, Norbert Rücker, responsable de Economía y Next Generation Research en Julius Baer, considera que el petróleo y el gas siguen inmersos en una fase de pico de precios que, aunque muy pronunciada, debería seguir siendo temporal.

La clave de su análisis es bastante concreta. Para que el conflicto desestabilice de forma duradera a la economía mundial no basta con interrupciones parciales del comercio o con tensiones puntuales en los flujos. Haría falta un daño serio y amplio sobre las infraestructuras energéticas de Oriente Próximo. Y eso, por ahora, no ha ocurrido. Ha habido recortes de producción y exportaciones, sí, pero no una destrucción suficiente como para hablar de una ruptura estructural del suministro global.

El mercado sigue atrapado entre ruido y falta de visibilidad

Julius Baer reconoce que la situación sigue siendo extraordinariamente confusa. No está claro si las negociaciones han fracasado de manera definitiva ni si el alto el fuego acabará rompiéndose en breve. De hecho, la tregua demostró durante el fin de semana una eficacia mayor de la que muchos esperaban. Pero esa relativa contención no ha servido para disipar la incertidumbre.

Por eso, la entidad insiste en fijarse menos en el ruido diario y más en los indicadores de fondo que determinan sus escenarios. El más importante es el daño físico real sobre la infraestructura energética. Mientras esa línea no se cruce, el shock puede seguir siendo muy violento en precio, pero no necesariamente persistente en términos macroeconómicos.

La tesis es incómoda, pero clara: el mercado puede seguir muy nervioso, pero aún no hay pruebas suficientes para defender un escenario de dislocación energética estructural.

La resistencia de las infraestructuras y las rutas alternativas han amortiguado el golpe

Entre las sorpresas de esta crisis, Julius Baer destaca dos. La primera es la capacidad de defensa de las infraestructuras energéticas, que ha evitado daños más severos pese a los ataques. La segunda es la rapidez con la que se han ampliado rutas alternativas de exportación, algo que ha permitido contener mejor de lo previsto el shock de oferta y ganar tiempo para reconfigurar las cadenas globales de suministro fuera del Golfo Pérsico.

En paralelo, aunque el almacenamiento flotante de crudo ha caído de forma apreciable, las existencias en tierra han resistido mejor de lo temido, salvo en algunos productos refinados concretos y, sobre todo, en Asia. Esa resistencia de los inventarios, junto con la progresiva reapertura de rutas alternativas, debería ayudar a frenar la extracción de reservas y prolongar el colchón de suministro.

Esto no significa que el mercado esté tranquilo. Significa algo más limitado: que el sistema energético global ha mostrado, de momento, más capacidad de adaptación de la que el mercado descontó en los primeros compases del conflicto.

El bloqueo de Ormuz cambia la dinámica, pero no el escenario central

Donde sí ve Julius Baer un cambio relevante es en la nueva dinámica creada por el bloqueo estadounidense del estrecho de Ormuz. El objetivo de Washington sería desplazar el tráfico marítimo desde aguas territoriales iraníes hacia aguas omaníes, intentando restablecer la libertad de comercio y, al mismo tiempo, recortar unas exportaciones iraníes que hasta ahora habían seguido relativamente intactas.

La firma recuerda que Ormuz nunca llegó a cerrarse por completo. El tráfico cayó hasta niveles mínimos, pero no desapareció, e incluso había empezado a recuperarse en las últimas semanas. Durante la paz, el corredor sur era la principal ruta comercial, pero desde la escalada del conflicto el corredor norte había ganado peso al quedar bajo control y peaje iraní.

Con el nuevo bloqueo, es probable que los próximos días traigan una nueva intensificación de las disrupciones de suministro, justo después de varias semanas de alivio gradual. Menos tránsitos, menor actividad naviera y posible caída adicional del comercio iraní son ahora factores razonables a vigilar.

Pero Julius Baer no cambia todavía de guion: considera que este bloqueo forma parte de la fase negociadora del conflicto, no de una ruptura definitiva del equilibrio energético global.

Visión neutral sobre petróleo y gas

Por todo ello, la entidad mantiene sin cambios tanto sus escenarios como sus probabilidades asociadas. La conclusión práctica es una visión neutral sobre petróleo y gas. No porque no haya riesgo, que lo hay, sino porque una parte relevante del sobresalto ya se ha trasladado a precios y porque, de momento, siguen faltando las condiciones necesarias para justificar un shock permanente.

El mercado energético sigue, en definitiva, sobre arenas movedizas: con mucha volatilidad, poca visibilidad y titulares capaces de alterar el precio en cuestión de horas. Pero mientras no aparezca un daño estructural severo sobre la infraestructura regional, la tesis central sigue siendo la de un repunte extremo, sí, aunque transitorio.

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