El oro se encuentra en un mercado bajista por primera vez desde 2022. ¿Cómo se llegó a esta situación?

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Capitalbolsa | 11 jun, 2026 11:31 - Actualizado: 11:28
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Puntos clave
  • El oro ha entrado en mercado bajista por primera vez desde 2022 tras caer más de un 20% desde sus máximos.
  • La subida de la inflación en EE.UU. reduce las expectativas de recortes de tipos de la Fed.
  • La rentabilidad de los bonos resta atractivo al oro, que no ofrece cupón ni dividendo.

El oro ha perdido su brillo en uno de los momentos más incómodos para los inversores. Según MarketWatch, los futuros del metal precioso han entrado oficialmente en mercado bajista por primera vez desde 2022, después de caer más de un 20% desde los máximos alcanzados en marzo.

El movimiento ha sido especialmente rápido. Han pasado solo 91 días desde el último pico relevante, lo que convierte esta entrada en mercado bajista en la más veloz desde la crisis financiera de 2008. El contrato más activo de agosto cerró en 4.133,30 dólares por onza, su nivel más bajo desde noviembre.

El problema principal: los tipos de interés

La presión sobre el oro se explica, sobre todo, por el cambio en las expectativas de tipos en Estados Unidos. La inflación anual subió al 4,2% en mayo, frente al 3,8% anterior, alcanzando su nivel más alto desde mayo de 2023. Este repunte complica cualquier recorte de tipos por parte de la Reserva Federal.

El mercado empieza incluso a valorar que el siguiente movimiento de la Fed pueda ser una subida, no una bajada. Ese giro es negativo para el oro, porque el metal no genera rentabilidad periódica. Cuando los bonos ofrecen tipos elevados, el coste de oportunidad de mantener oro aumenta.

El oro no está cayendo por falta de miedo en los mercados, sino porque los tipos reales y la rentabilidad de los bonos vuelven a pesar más que su papel tradicional como activo refugio.

Los bonos vuelven a competir con fuerza

La rentabilidad del bono estadounidense a 30 años se situó por encima del 5%, mientras que el Treasury a 10 años avanzó hasta el entorno del 4,53%. En ese contexto, muchos inversores prefieren activos que pagan intereses frente a un metal que solo depende de la apreciación del precio.

Naeem Aslam, de Zaye Capital Markets, resume la situación de forma clara: el oro no paga nada, mientras que los bonos sí remuneran al inversor por aparcar su dinero. Esta diferencia se vuelve decisiva cuando la inflación obliga a la Fed a mantener una postura dura.

  • Inflación más alta: reduce la probabilidad de recortes de tipos.
  • Bonos más rentables: elevan el coste de oportunidad del oro.
  • Dólar y tipos: siguen siendo variables clave para el metal precioso.

La geopolítica no ha sido suficiente

Lo llamativo es que la tensión en Oriente Medio no ha conseguido sostener al oro. Tradicionalmente, el metal ha sido considerado un activo refugio en episodios de incertidumbre geopolítica, pero esta vez su comportamiento ha sido más parecido al de los activos de riesgo.

Según el análisis citado por MarketWatch, desde comienzos de junio la correlación entre los futuros del oro y el Nasdaq-100 ha sido muy elevada. Es decir, el oro ha caído junto a la renta variable, en lugar de actuar como contrapeso. Esa dinámica recuerda a algunos episodios de 2008, cuando el metal también sufrió ventas iniciales antes de recuperar fuerza más adelante.

La lectura incómoda para los inversores es que el oro no siempre funciona como refugio inmediato. En fases de estrés, también puede sufrir ventas si los inversores buscan liquidez o prefieren bonos con rentabilidad elevada.

¿Oportunidad o señal de alerta?

Algunos analistas creen que el oro podría seguir bajo presión mientras no haya mayor claridad sobre la política monetaria de la Fed. Sin embargo, también hay voces que ven la corrección como una posible oportunidad para aumentar exposición al metal precioso de cara a la segunda mitad del año.

Chris Gaffney, de EverBank, considera que el oro sigue teniendo sentido dentro de una cartera como una especie de seguro frente a catástrofes. En su opinión, las caídas actuales pueden ofrecer una ventana atractiva para quienes quieran reforzar posiciones en metales preciosos.

Lectura para inversores

El mensaje principal es que el oro ha dejado de beneficiarse automáticamente del miedo geopolítico porque el mercado está más pendiente de los tipos de interés. Mientras la inflación siga alta y los bonos estadounidenses ofrezcan rentabilidades atractivas, el metal tendrá dificultades para recuperar tracción.

Ahora bien, una corrección del 20% en un activo que venía de máximos históricos no debe leerse solo como deterioro estructural. Para carteras diversificadas, el oro sigue teniendo utilidad como cobertura ante escenarios extremos. La clave será no perseguir rebotes de corto plazo y vigilar tres variables: inflación estadounidense, tipos reales y evolución del conflicto en Oriente Medio.

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