Esta es la verdadera razón por la que los precios del oro se desplomaron y por qué la liquidación probablemente aún no haya terminado
- El desplome del oro no se explica por fundamentales, sino por un exceso de optimismo previo.
- Los indicadores de sentimiento siguen en niveles demasiado elevados para un suelo de mercado.
- Desde un enfoque contrario, el ajuste podría no haber terminado todavía.
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La fuerte caída del oro del pasado viernes ha llevado a muchos inversores a buscar explicaciones macroeconómicas o políticas. Sin embargo, el análisis de Mark Hulbert apunta en otra dirección: el verdadero problema no es lo que haya cambiado en los fundamentales, sino que el mercado seguía mostrando un nivel de exuberancia excesiva incluso después del desplome.
El sentimiento sigue siendo demasiado optimista
Según Hulbert, incluso tras la caída, los inversores en oro continúan posicionados de forma muy agresiva. El indicador que sigue su firma —el Hulbert Gold Newsletter Sentiment Index (HGNSI)— se encontraba antes del desplome en el percentil 99,7 de su distribución histórica desde el año 2000, un nivel excepcionalmente elevado. Tras el ajuste, el índice apenas retrocedió y sigue por encima del nivel registrado en el 84% de las sesiones de los últimos 25 años.
Desde una óptica contraria, esta lectura es clara: los auténticos suelos de mercado suelen aparecer cuando el optimismo se evapora y el miedo domina. En el caso del oro, las señales clásicas de capitulación todavía no se han producido. Hulbert recuerda que las señales de compra contrarias no aparecen hasta que este porcentaje cae por debajo del 10%.
La ausencia de verdadero miedo tras una de las peores sesiones en décadas es, para los analistas contrarios, una advertencia de que el proceso correctivo aún no ha concluido.
Las explicaciones macro no encajan
Una de las teorías más repetidas ha sido que la caída del oro respondió a un descenso de las expectativas de inflación, tras el anuncio de un nuevo candidato para presidir la Reserva Federal. Dado que el oro suele actuar como cobertura frente a la inflación, esta explicación parecía lógica a primera vista.
No obstante, los datos no respaldan esa hipótesis. Las tasas de inflación implícitas en el mercado —medidas a través de los break-even de los bonos protegidos contra la inflación— subieron tanto en el tramo a cinco como a diez años el mismo viernes. Es decir, el mercado no estaba descontando una menor inflación cuando el oro se desplomó.
Si las expectativas de inflación no cayeron, resulta difícil justificar el movimiento del oro por esta vía, lo que refuerza la tesis de que el detonante fue puramente técnico y de posicionamiento.
Tampoco cayó la incertidumbre económica
Otra explicación habitual es que el oro corrigió porque disminuyó la incertidumbre sobre la política económica, uno de los factores que suele impulsar la demanda del metal como activo refugio. Sin embargo, Hulbert señala que el índice de incertidumbre de política económica es muy volátil y que, durante enero, hubo varios días con lecturas más bajas que las del viernes del desplome, sin que el oro reaccionara de forma similar.
Esto sugiere que tampoco hubo un cambio sustancial en el entorno de riesgo que justifique una caída tan violenta. El movimiento, por tanto, no parece tener una causa fundamental clara.
Un ajuste que puede prolongarse
La conclusión de Hulbert es directa: el mercado del oro estaba excesivamente cargado al alza antes del desplome y solo una pequeña parte de ese optimismo ha sido eliminada. Mientras el sentimiento siga siendo tan elevado, el metal precioso podría seguir atravesando una fase de debilidad y volatilidad en las próximas semanas.
Desde una perspectiva contraria, las grandes caídas no suelen ser el final del ajuste cuando los inversores siguen confiando en exceso. En ese contexto, el oro podría necesitar más tiempo —y más desánimo— antes de encontrar un suelo sólido.