Según Goldman Sachs, nueve indicadores diferentes revelan la euforia del mercado.
- Goldman Sachs no ve todavía señales claras de euforia especulativa extrema.
- Algunos indicadores están elevados, pero lejos de los niveles de 2000 y 2021.
- El mercado empieza a acercarse a zonas de riesgo, aunque los beneficios siguen sosteniendo la subida.
Tras nueve semanas consecutivas de avances en Wall Street, la corrección del viernes reabrió el debate sobre si las bolsas habían subido demasiado rápido. Sin embargo, según Goldman Sachs, los datos no confirman todavía un escenario de euforia irracional comparable al de anteriores episodios de manía especulativa.
El estratega de renta variable estadounidense de Goldman Sachs, Ben Snider, ha analizado nueve indicadores agrupados en cuatro grandes categorías: precios de las acciones, actividad de negociación, sentimiento inversor y sentimiento corporativo. La conclusión es matizada: los indicadores están por encima de sus medias históricas, pero siguen claramente por debajo de los extremos vistos en 2000 y 2021.
Euforia elevada, pero no extrema
Goldman Sachs calcula que, en los grandes picos especulativos de las últimas décadas, la puntuación media de estos nueve indicadores alcanzó niveles muy elevados: el 99% en el año 2000 y el 92% en 2021. Actualmente, esa lectura se sitúa en torno al 66%.
Esto significa que hay señales de optimismo y cierta tensión en algunas áreas del mercado, pero no un cuadro generalizado de burbuja. La preocupación por una euforia inversora insostenible no queda plenamente respaldada, por ahora, por el conjunto de indicadores.
La lectura principal es que el mercado está caro y más vulnerable, pero no muestra aún el perfil típico de una manía especulativa generalizada.
Dónde sí hay señales de tensión
Goldman sí detecta indicadores muy elevados en dos áreas concretas: el momentum de mercado y la amplitud. El primero se sitúa en el percentil 98 y el segundo en el 94, lo que refleja una subida intensa y una participación relevante de distintos segmentos del mercado.
No obstante, la firma destaca un punto importante: la subida reciente no se ha basado únicamente en expansión de múltiplos. El avance ha estado apoyado por una mejora del 16% en las estimaciones de beneficios por acción, una cifra que supera la ganancia del 8% registrada por el índice.
Este matiz es clave. Si las bolsas suben porque los beneficios esperados mejoran, el riesgo de burbuja es menor que si el movimiento se explica solo por pagar múltiplos cada vez más altos.
Actividad especulativa: elevada, pero contenida
El indicador propietario de negociación especulativa de Goldman Sachs ha repuntado en las últimas semanas, pero sigue lejos de los máximos anteriores. También el ratio put-call, una referencia habitual para medir apuestas bajistas frente a alcistas, se sitúa en el percentil 88, elevado, aunque no extremo.
Uno de los datos más tranquilizadores es el elevado nivel de posiciones cortas. El interés corto sobre las acciones del S&P 500 alcanza el 3,2% de la capitalización del índice, el nivel más alto desde la crisis financiera global de 2008.
Esto reduce la lectura de complacencia absoluta. Si muchos inversores siguen cubriéndose o apostando contra el mercado, no estamos ante una situación en la que todo el mundo esté posicionado de forma unánime al alza.
La existencia de un elevado interés corto puede actuar incluso como soporte potencial, porque cualquier mejora del sentimiento puede forzar recompras y alimentar rebotes técnicos.
El sentimiento inversor no es uniforme
Las encuestas de sentimiento ofrecen señales mixtas. Los índices de confianza bursátil de Yale apuntan a un optimismo muy elevado, en el percentil 97. Sin embargo, la encuesta de la American Association of Individual Investors muestra una fotografía distinta: hay más inversores bajistas, el 37%, que alcistas, el 36%.
Esta divergencia refuerza la idea de que el mercado no está dominado por una euforia homogénea. Hay optimismo en algunas métricas, pero también escepticismo en otras.
El riesgo no ha desaparecido
Goldman Sachs recuerda que los mercados alcistas suelen romperse por una combinación de tres factores: decepción en el crecimiento, elevada emisión de acciones y endurecimiento de la política monetaria. Según la firma, esas condiciones no están plenamente presentes ahora, pero sí están más cerca que hace unos meses.
En el plano corporativo, las señales siguen siendo relativamente tranquilizadoras. El número de salidas a bolsa en 2026 va camino de situarse cerca de sus medias de largo plazo, mientras que la emisión neta de acciones —diferencia entre recompras y ventas de acciones— se espera en línea con el promedio de 2015 a 2019.
Esto sugiere que las compañías no están aprovechando de forma masiva el mercado para emitir capital, una señal que sí suele aparecer en fases de exuberancia extrema.
El mensaje de Goldman Sachs es constructivo, pero no complaciente: no estamos todavía ante una burbuja clásica, aunque el margen de seguridad se ha reducido y los riesgos de Fed, crecimiento y emisiones empiezan a acercarse.
Lectura para mercado
El análisis ofrece cierto alivio a los inversores preocupados por la velocidad de la subida. La corrección del viernes puede encajar más con una toma de beneficios tras un tramo muy fuerte que con el pinchazo de una burbuja especulativa.
Aun así, el mercado entra en una fase más exigente. Las valoraciones ya no permiten errores importantes, y cualquier combinación de inflación persistente, Fed más dura o deterioro de beneficios podría provocar ajustes adicionales.
La conclusión operativa es clara: la tendencia puede seguir viva, pero conviene ser más selectivos. El liderazgo de beneficios sigue siendo el principal soporte del mercado; si ese soporte se mantiene, la corrección puede ser manejable. Si empieza a fallar, el debate sobre exuberancia volverá con más fuerza.