Telefónica: Sin fuegos artificiales, pero con un dividendo que empieza a pesar más
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En un mercado cada vez más selectivo con el crecimiento, hay compañías que empiezan a recuperar protagonismo no por su potencial de revalorización, sino por su capacidad de generar rentas estables.
Telefónica es un caso claro. Sin grandes historias de disrupción ni saltos exponenciales en resultados, pero con algo que gana adeptos en aquellos inversores que buscan un dividendo sostenido, en efectivo, y que a precios actuales supera el 6,4% anual.
Tras cerrar 2024 con unas provisiones extraordinarias elevadas, se esperaba un recorte, pero la operadora ha optado por mantener el compromiso de retribución gracias a su caja recurrente y al uso prudente de reservas.
El dividendo de 2025 se mantiene en 0,30 € brutos por acción (0,15 € en junio y 0,15 € en diciembre), y la compañía ha reiterado su voluntad de continuar con este esquema en los próximos ejercicios, sujeto a la evolución del entorno y de sus resultados.
¿Y qué hay de esos resultados? Las previsiones apuntan a una recuperación progresiva del beneficio neto, que podría alcanzar los 1.646 millones en 2025 y acercarse a los 2.000 millones en 2027. Nada espectacular, pero probablemente suficiente para sostener la política de dividendos y reforzar el perfil de Telefónica como valor defensivo dentro del sector telecomunicaciones.
La clave ahora no estaría en esperar un cambio radical en la narrativa, sino entender dónde puede encajar en cartera un activo así. En tiempos de tipos más bajos y búsqueda de rentabilidad, valores como Telefónica vuelven a escena no por prometer el futuro, sino por pagar el presente.