Powell lanza una alerta: la guerra con Irán desata una “nueva inflación”
- Powell advierte de una “nueva inflación” ligada al conflicto con Irán y enfría la expectativa de recortes de tipos.
- La gasolina en Estados Unidos se ha disparado alrededor de un 30%, intensificando la presión sobre consumo y mercados.
- La Fed teme repetir errores del pasado: tipos demasiado bajos demasiado pronto en un entorno de inflación persistente.
La Reserva Federal vuelve a lanzar un mensaje incómodo para los mercados. Según expone Brett Arends, Jerome Powell ha advertido de que la guerra con Irán está generando una “nueva inflación”, principalmente a través del encarecimiento de la energía, y eso obliga a reconsiderar cualquier expectativa de nuevas bajadas de tipos a corto plazo. El mensaje es claro: el problema ya no es solo el crecimiento, sino que la inflación puede volver a enquistarse.
Powell enfría la idea de más recortes
Durante su comparecencia, Powell señaló que dentro del comité de la Fed ha habido un movimiento significativo hacia menos recortes de tipos este año. El detonante es el mismo que está condicionando al resto de bancos centrales: la energía. El encarecimiento del petróleo y de los combustibles eleva la inflación general y añade incertidumbre justo cuando el mercado esperaba una senda monetaria más acomodaticia.
Como subraya Brett Arends, la reacción de los inversores fue inmediata. Bolsas y bonos cayeron a la vez, una combinación especialmente negativa para el ahorro, porque implica que el mercado empieza a asumir un escenario de tipos más altos durante más tiempo.
El cambio de tono es relevante: si la Fed percibe que la energía está reactivando la inflación, el margen para relajar la política monetaria se reduce de forma clara.
La gasolina ya golpea al consumidor
Uno de los datos más visibles del problema está en las gasolineras. El precio medio de la gasolina en Estados Unidos ha pasado de 2,93 dólares por galón hace un mes a 3,84 dólares, un salto de alrededor del 31%. Es una subida lo bastante fuerte como para afectar al bolsillo del consumidor y, por extensión, a las expectativas de inflación y a la confianza de mercado.
La lectura es sencilla: cuando sube con tanta fuerza el coste de la energía, el impacto no se limita al repostaje. Termina filtrándose a transporte, costes empresariales, márgenes y consumo. Y eso complica cualquier intento de normalización monetaria.
La inflación seguía alta incluso antes del conflicto
El argumento de Powell gana fuerza porque la inflación ya estaba ofreciendo señales incómodas antes de esta nueva crisis energética. Brett Arends recuerda que el índice de precios de producción, el PPI, avanzaba a una tasa anualizada del 8,7%, mientras que el IPC se situaba en el 3,25%, todavía claramente por encima del objetivo del 2% de la Fed.
Además, el mercado de bonos también ha empeorado su lectura sobre la inflación futura. La expectativa media de inflación a cinco años en el mercado del Tesoro ha subido desde el 2,4% hasta más del 2,6% desde que estalló el conflicto. No parece una variación enorme, pero en términos de política monetaria es suficiente para incomodar a cualquier banco central.
La sombra de los años setenta sigue presente
Uno de los puntos más interesantes del análisis es el paralelismo histórico. Powell, nacido en 1953, sí vivió de primera mano el entorno de los años setenta, cuando la Fed cedió demasiado pronto y acabó contribuyendo a una década marcada por alta inflación, bajo crecimiento y desempleo elevado. Es decir, la temida estanflación.
Aunque Powell rechazó de forma explícita que Estados Unidos esté hoy en una situación comparable, también dejó claro que no quiere pasar a la historia por repetir aquel error. De ahí su insistencia desde hace meses en mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo del que Wall Street desearía.
La conclusión de Brett Arends es que el mercado todavía podría no haber interiorizado por completo el mensaje de Powell: la Fed no va a precipitarse mientras exista riesgo de una segunda ola inflacionista ligada a la energía.
Qué tendría que pasar para cambiar el guion
El único escenario que podría forzar un giro de la Fed sería una desaceleración económica brusca y peligrosa, idealmente acompañada de una caída clara de la inflación. Pero, por ahora, Powell no parece ver esa combinación. De hecho, minimizó parte de la debilidad reciente del empleo, argumentando que factores temporales como el mal tiempo o las huelgas distorsionaron las cifras.
También señaló que la tasa de paro es el indicador que más vigila la Fed, más que la creación absoluta de empleo, y que los cambios en inmigración están alterando parcialmente la lectura del mercado laboral. Eso refuerza la idea de que el banco central no tiene prisa por mover ficha.