La guerra con Irán amenaza con convertirse en un shock económico de 300.000 millones
- La guerra con Irán podría convertirse en un shock económico superior a 300.000 millones de dólares.
- El encarecimiento del petróleo presiona la inflación, las hipotecas y el poder adquisitivo.
- El aumento del gasto militar y del déficit puede trasladarse a mayores tipos de interés.
La guerra con Irán no sólo está elevando el precio de la gasolina. Según Dominik Lett, del Cato Institute, en un análisis publicado por MarketWatch, el conflicto puede terminar convirtiéndose en un shock fiscal y financiero de gran magnitud para Estados Unidos, con efectos sobre la inflación, los tipos hipotecarios y los salarios reales.
El impacto más visible ya se aprecia en los precios energéticos. El crudo WTI ha pasado de cotizar cerca de los 65 dólares por barril a principios de febrero a superar los 100 dólares, lo que supone una subida superior al 50%. Ese encarecimiento se ha trasladado rápidamente a la gasolina, cuyo precio medio en Estados Unidos ha pasado de unos 2,80 dólares por galón antes del conflicto a más de 4,50 dólares.
El petróleo encarece toda la economía
El problema es que el petróleo no sólo afecta al coste de llenar el depósito. También entra en la producción de alimentos, el transporte de mercancías, la aviación, la industria manufacturera y la electricidad. Casi cualquier bien que se cultiva, se fabrica, se mueve o se procesa incorpora algún componente energético.
Por eso, cuando el crudo y la gasolina suben más de un 50% en pocos meses, la presión acaba filtrándose al conjunto de la economía. Esa dinámica ayuda a explicar por qué la inflación estadounidense volvió a repuntar en abril hasta el 3,8% interanual, su nivel más alto desde mayo de 2023 y claramente por encima del objetivo del 2% de la Reserva Federal.
El shock energético no se limita a la gasolina: se convierte en una subida generalizada de costes que termina presionando los precios finales y reduciendo la renta disponible de los hogares.
Un coste fiscal que puede superar los 300.000 millones
Según Lett, el coste fiscal directo de la guerra todavía puede estar infravalorado. El Pentágono calcula que el conflicto ha supuesto hasta ahora unos 29.000 millones de dólares, principalmente por municiones utilizadas. Sin embargo, esa cifra podría aumentar de forma sustancial si se aprueba nuevo gasto militar financiado con déficit.
El Pentágono habría solicitado al Congreso un paquete suplementario de 200.000 millones de dólares para gasto bélico. Si se añaden los costes de financiación derivados de emitir más deuda, el coste acumulado del conflicto podría superar fácilmente los 300.000 millones de dólares.
Además, la administración estadounidense ha planteado un presupuesto de defensa de 1,5 billones de dólares para el ejercicio fiscal 2027, lo que supondría un incremento de unos 440.000 millones respecto al año anterior. Parte de ese aumento se justificaría por la necesidad de reponer municiones y sistemas defensivos utilizados durante el conflicto, incluidos interceptores THAAD y Patriot.
Más deuda, más tipos y menos margen para los hogares
El análisis advierte de que este gasto adicional llega en un momento fiscal delicado. La deuda federal en manos del público ya supera el tamaño de la economía anual estadounidense, mientras que los pagos netos por intereses han rebasado el billón de dólares y superan incluso al presupuesto base de defensa.
Cuando el déficit crece y el Tesoro necesita emitir más deuda, los inversores suelen exigir una mayor rentabilidad para comprar bonos. Esa subida de los rendimientos se transmite después a las hipotecas, los préstamos empresariales, los créditos al consumo, los préstamos para automóviles y las tarjetas de crédito.
El riesgo es que los hogares sufran una doble presión: precios más altos por la energía y financiación más cara por el aumento del déficit y de los tipos de mercado.
El golpe también puede llegar a los salarios reales
Otro efecto relevante es el posible deterioro de los salarios reales. Lett sostiene que una deuda pública elevada puede desplazar inversión privada cuando supera determinados niveles respecto al PIB. Si hay menos inversión productiva, el crecimiento de la productividad y de los salarios tiende a debilitarse.
En ese escenario, las familias se enfrentan a un deterioro por dos vías: una inflación más alta que erosiona su poder de compra y un menor dinamismo salarial que limita su capacidad para compensar esa pérdida.
La conclusión del análisis es que el coste final dependerá de la duración y gravedad del conflicto. Si se reabre rápidamente el estrecho de Ormuz, bajan los precios energéticos y el Congreso limita el aumento del gasto militar, el impacto puede moderarse. Pero si la guerra se prolonga, el shock energético puede transformarse en un problema fiscal, financiero y social mucho más amplio.