"La Fed evitará dar pasos en falso; es poco probable que reduzca tipos en el contexto de incertidumbre arancelaria”
Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad
Pese a que el eje director de bolsas, bonos y expectativas en estos últimos tres meses ha sido, por encima de todo, el gobierno estadounidense, hay vida, más allá de los designios de la Casa Blanca.
La atención del mercado estas jornadas vira hacia la Reserva Federal de EE. UU. (Fed) en un momento en que la macro también es protagonista. EE. UU. ha dejado buenos datos macro como el dato de empleo registrado en el mes de abril, con una creación de 177 mil nuevos puestos de trabajo o la evolución de los precios registrados a través del PCE, que resultó en 2.3%. Y otros no tan buenos, como el negativo PIB (primera vez que se contrae trimestralmente desde 2022). En este contexto, parece muy poco probable que la Reserva Federal reduzca los tipos de interés, en su reunión del próximo miércoles día 7.
Hay razones para ello, pero probablemente, la que más pese es la incertidumbre acerca del efecto de una posible guerra arancelaria. Parece razonable que no se den pasos en falso que pueden resultar muy difíciles de corregir, si a la vuelta de unos meses vemos a los recios escalar, como resultado del conflicto comercial. Una vez más, la acción de Trump es determinante, como lo ha sido en el caso del mal dato de actividad económica mencionado: en gran parte, la corrección se ha debido al elevadísimo incremento de importaciones por parte de empresas que quieren “resguardarse” algo de los futuribles aranceles.
Si pudiéramos imaginar un escenario a corto plazo plausible -y, de hecho, éste debería ser el escenario del que deberíamos partir- tendríamos a unos EE.UU. ralentizando algo su actividad, pero en niveles positivos. También estarían reduciendo su inflación, por lo que parece razonable pensar en retomar la senda de normalización monetaria. De manera parecida, Europa aparece como una región en fase de una mayor actividad, aunque aún laxa y desigualmente distribuida por países, pero con una mayor contención en los precios que nuestros vecinos del otro lado del Atlántico. Es decir, un escenario aún más realista para asistir a nuevas bajadas de tipos.
Un entorno de reducción de los tipos de interés debería afectar positivamente tanto a los bonos (mejoras de valoración, por la reducción de las rentabilidades de las curvas de deuda) como a las bolsas (mejoras de expectativas, por los menores costes de financiación empresariales). Pues bien, eso es “casi” lo que estamos viendo en estos días de mayor tranquilidad (un decir) arancelaria.
Y decimos “casi” porque las curvas de gobierno estadounidenses se mantienen tensas. No en el mayor momento de tensión del ciclo, pero con rentabilidades elevadas. Algo que no casa bien con la posibilidad de que la FED baje tipos en los próximos meses. Y ello se debe a que muchos inversores están vendiendo bonos americanos, de la misma manera que el dólar se está depreciando, porque muchos inversores también venden dólares. De camino, esta tensión en la curva de deuda de EE.UU. es importada, en cierta medida, por las curvas europeas.
El corolario de todo esto es evidente: eliminemos a Trump de la ecuación y las variables parecen mejorar. O, dicho de otra manera, en la medida en la que los daños ocasionados por una irracional política comercial sean leves, de la mano de una retractación por parte de la Casa Blanca, la situación del mercado puede plantearse como una buena oportunidad, especialmente en el capítulo de la renta fija. Aún más, gracias a unos spreads de crédito que han subido, fruto de la última inestabilidad.