El dólar cae a un mínimo de cuatro años mientras Trump afirma que "no le importa"
- El índice dólar (DXY) cae hasta la zona de 95,9, mínimos de 4 años, pese a que Trump insiste en que la divisa “va muy bien”.
- El billete verde se debilita en un contexto de tensiones comerciales, déficit récord y deuda pública por encima de los 38 billones de dólares.
- Mientras Trump presiona por tipos más bajos, las rentabilidades largas se mantienen elevadas y los mercados cuestionan la disciplina fiscal de EE. UU.
El dólar estadounidense atraviesa uno de sus momentos más delicados desde 2022. Tal y como describe Isabel Wang en un análisis reciente, el billete verde ha encadenado una serie de caídas que lo han llevado a marcar mínimos de cuatro años justo cuando el presidente Donald Trump sostiene públicamente que la moneda “está haciéndolo muy bien”.
Un dólar en mínimos de cuatro años en plena era Trump
El ICE U.S. Dollar Index (DXY) se situó en torno a los 95,86 puntos, tras una caída diaria cercana al 1,2%, su peor sesión desde abril de 2025 y el nivel más bajo desde febrero de 2022. La debilidad del dólar llega después de un año marcado por amenazas de aranceles recurrentes, roces diplomáticos con aliados y un tono más agresivo en la política exterior estadounidense.
Paradójicamente, mientras el mercado penaliza a la divisa, Trump defiende que el dólar “va genial”, apelando al dinamismo de los negocios en Estados Unidos. Ya en ocasiones anteriores había insistido en las supuestas ventajas de una moneda más débil para la competitividad de las exportaciones, aunque ahora dice que prefiere que el tipo de cambio “encuentre su propio nivel”.
El movimiento no es un episodio aislado, sino parte de una tendencia de debilitamiento paulatino desde que Trump regresó a la Casa Blanca. La combinación de ruido político, incertidumbre regulatoria y mensajes contradictorios sobre comercio y aliados ha restado atractivo al dólar como activo refugio.
Déficits récord, deuda disparada y tipos largos elevados
El contexto fiscal tampoco ayuda. La deuda pública de EE. UU. supera ya los 38 billones de dólares, alimentada por décadas de déficits presupuestarios, menores ingresos vía impuestos y episodios de gasto extraordinario. Desde su vuelta al poder, Trump ha presionado abiertamente a la Reserva Federal para conseguir tipos de interés más bajos, buscando abaratar el coste de financiación de la economía.
El problema es que la parte larga de la curva no acompaña: las rentabilidades de los bonos a largo plazo se mantienen elevadas, con el tramo a 30 años por encima del 4,8%. Como advierte el gestor Max Wasserman, el país “no está mostrando una verdadera responsabilidad fiscal ante el resto del mundo; más bien lo contrario”, lo que erosiona la confianza inversora y dificulta que el dólar recupere tracción.
Esta combinación de déficit elevado, deuda creciente y presión política para bajar tipos contrasta con la postura de otros países con finanzas públicas tensionadas, que podrían optar por estrategias más prudentes: evitar recortes agresivos de tipos y reforzar su credibilidad fiscal y monetaria para no sufrir ventas masivas de sus monedas y bonos.
Reacciones globales y dilema para los bancos centrales
Más allá de Estados Unidos, la debilidad del dólar se ve amplificada por los movimientos en otros mercados clave. La subida de las rentabilidades de la deuda japonesa, ante dudas sobre la sostenibilidad fiscal del país, ha contribuido a reconfigurar flujos globales, con inversores reevaluando el equilibrio entre riesgo, rentabilidad y divisas.
Para la Reserva Federal, el entorno se vuelve más incómodo: un dólar más débil puede apoyar las exportaciones, pero también implica más presión sobre los precios internos, justo cuando la inflación sigue por encima del nivel deseado. Con unas finanzas públicas muy tensionadas y el presidente presionando para abaratar el dinero, el banco central debe convencer a los mercados de que mantiene su independencia y credibilidad.
Mientras tanto, el mensaje de que “el dólar está bien” choca con la realidad de los gráficos: una divisa en mínimos de cuatro años, unos tipos largos que no ceden y unos inversores cada vez más sensibles a cualquier señal de pérdida de disciplina fiscal. El desenlace de este pulso entre mercado, Casa Blanca y Fed será una de las grandes claves para el comportamiento de divisas, renta fija y bolsas globales en los próximos meses.