La economía mundial se enfrenta a daños incalculables incluso si la guerra con Irán termina mañana
- El economista energético Anas Alhajji advierte que el daño económico persistirá incluso si la guerra con Irán termina mañana.
- El riesgo no es solo el petróleo: GNL, fertilizantes y alimentos pueden generar efectos inflacionarios prolongados.
- La infraestructura energética enfrenta nuevas amenazas, como drones baratos capaces de causar graves interrupciones.
La economía global podría enfrentarse a daños duraderos derivados del conflicto con Irán, incluso si la guerra terminara de forma inmediata. Así lo advierte el experto energético Anas Alhajji, quien considera que los mercados están infravalorando la magnitud del impacto tras la reacción iraní a los ataques de EE. UU. e Israel.
El mercado no ha descontado todos los riesgos
Irán atacó instalaciones clave como la refinería de Ras Tanura (Saudi Aramco) y activos de gas natural licuado en Qatar. Según Alhajji, el mercado no había incorporado plenamente el riesgo de ataques directos a infraestructuras energéticas en países vecinos.
El Golfo Pérsico concentra entre 14 y 15 millones de barriles diarios de crudo. Aunque los principales productores adelantaron exportaciones antes de los ataques, el colchón disponible cubriría solo dos o tres semanas. China, por su parte, cuenta con aproximadamente dos meses de suministro acumulado.
Incluso si el conflicto finalizara mañana, los cuellos de botella logísticos derivados del cierre parcial del Estrecho de Ormuz tardarían días o semanas en normalizarse. Los países que recortaron producción también necesitarían tiempo para volver a niveles previos.
No solo petróleo: fertilizantes, alimentos y GNL
El riesgo va más allá del crudo. Aproximadamente el 33% de los fertilizantes comercializados globalmente proviene del Golfo. Con la temporada de siembra en marcha en Asia y Europa, cualquier interrupción podría traducirse en un impacto posterior sobre los precios de los alimentos.
El GNL representa un desafío aún mayor. Europa podría enfrentarse a precios más elevados si compite con Asia por el suministro disponible. En ese escenario, Rusia y Estados Unidos —como grandes exportadores— serían los principales beneficiados.
Un nuevo tipo de amenaza tecnológica
Más preocupante aún es la vulnerabilidad estructural de la infraestructura energética frente a tecnologías que no existían hace dos décadas. Según Alhajji, con drones y equipos relativamente baratos, pequeños grupos podrían atacar oleoductos o estaciones de bombeo en zonas remotas, generando interrupciones significativas.
En síntesis, el conflicto no solo implica un shock geopolítico inmediato. Puede desencadenar presiones inflacionarias persistentes, tensiones en energía y alimentos, y una nueva percepción de riesgo estructural en el sector energético global. Incluso una paz rápida no eliminaría las cicatrices económicas.