2025, el año que puso a prueba a los mercados: volatilidad, giros bruscos y una lección clara
- 2025 combinó shocks arancelarios, volatilidad en tipos y ruido geopolítico, pero terminó con optimismo prudente.
- La selección de activos premió balances sólidos, sectores defensivos y una diversificación real entre regiones y divisas.
- La lección dominante: flexibilidad y gestión del riesgo como ventaja competitiva de cara a 2026.
2025 fue un año de mercados con giros rápidos, titulares cambiantes y decisiones de inversión que exigieron más cintura de lo habitual. A pesar de los sobresaltos —aranceles, vaivenes en los tipos y episodios de tensión geopolítica— el ejercicio acabó dejando un poso de optimismo moderado. Y, sobre todo, un recordatorio que volvió a imponerse: diversificar de verdad y mantener margen de maniobra fue tan importante como acertar el “tema” del año.
Renta variable: del susto arancelario al rebote del verano
Como explica Christian Gattiker, responsable de Research en Julius Baer, el año arrancó con narrativa de actividad y beneficios, pero en abril un shock arancelario provocó una venta fuerte en bolsa. La corrección, sin embargo, no se convirtió en derrumbe: los resultados empresariales aguantaron mejor de lo esperado y eso permitió un rebote durante el verano.
En Estados Unidos, las grandes compañías lideraron por pura capacidad de generar beneficios. Europa, por su parte, encontró apoyo en el giro de política fiscal en Alemania y en una mejora paulatina de la actividad doméstica. Asia logró destacar por el empuje tecnológico, aunque siguieron presentes las dudas sobre la fortaleza de la demanda interna.
En la segunda parte del año, el mercado empezó a pagar más por calidad que por promesas: balances sólidos, visibilidad de márgenes y menos dependencia del ciclo.
Otoño: repunte de volatilidad y rotación hacia defensivos
El otoño trajo un regreso de la volatilidad, con episodios de tensión por cierres gubernamentales, temores de recesión, inquietud por posibles burbujas y un trasfondo geopolítico que nunca terminó de desaparecer. Con ese cóctel, los inversores rotaron hacia fortaleza financiera y sectores defensivos, penalizando las historias más frágiles o demasiado dependientes de financiación barata.
Renta fija: entre “tipos altos” y la esperanza de recortes
En bonos, 2025 fue un pulso continuo entre el “higher for longer” y la expectativa de relajación monetaria, a medida que la inflación se moderaba de forma irregular. Los rallies de duración aparecieron, pero se vieron limitados por un factor muy práctico: emisión elevada que frenó parte del recorrido.
En crédito, los diferenciales se ampliaron en los momentos de aversión al riesgo y se estrecharon después con más fuerza de lo habitual cuando el mercado percibió que el riesgo sistémico estaba contenido. El grado de inversión mantuvo demanda sólida, mientras que en high yield el interés se concentró en emisores más resistentes y con vencimientos más cortos.
Divisas: el USD marcó el ritmo y los refugios volvieron a pesar
Las divisas tuvieron un papel decisivo en la rentabilidad entre activos. El dólar se debilitó hacia el verano, pero repuntó cuando aumentó la aversión al riesgo. El franco suizo y el yen actuaron como refugios, aunque el yen ofreció menos calma de lo habitual.
En emergentes, el comportamiento fue desigual: algunas monedas se beneficiaron donde tipos reales y materias primas ayudaron, mientras que otras sufrieron en países con tensión fiscal o menor credibilidad macro.
En 2025 no bastó con “tener exposición”: la diferencia la hizo la combinación de activos y la divisa en la que estabas invertido.
Materias primas: seguro en cartera y altibajos por aranceles
Las materias primas actuaron como cobertura. Los metales preciosos registraron subidas muy fuertes, los metales industriales avanzaron a doble dígito y, en cambio, energía y granos cedieron en un entorno de volatilidad alimentada por el frente arancelario. El oro destacó por su sensibilidad a la debilidad de divisas y al riesgo geopolítico, mientras que el petróleo osciló al ritmo de señales de la OPEP+ y de la incertidumbre sobre la demanda.
Al cierre del año, el mercado parecía estar asumiendo un nuevo régimen: políticas más reactivas y una geopolítica impredecible como telón de fondo. La conclusión que deja 2025, en línea con lo que señala Julius Baer, es sencilla: flexibilidad, diversificación y disciplina de riesgo no fueron un eslogan, fueron la diferencia… y seguirán siendo esenciales en 2026.