Julius Baer advierte: los estilos de inversión son cada vez menos puros

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Capitalbolsa | 14 may, 2026 16:32
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Puntos clave
  • Los estilos de inversión como valor, crecimiento, calidad y momentum son cada vez menos puros.
  • Según Yves Bonzon, de Julius Baer, los índices de estilo cambian con cada rebalanceo y alteran la exposición real de las carteras.
  • Los ETF de estilo no son tan pasivos como parecen: sus reglas implican decisiones activas sobre qué entra y qué sale.

Los estilos de inversión se han convertido en una pieza central de la construcción de carteras modernas. Valor, crecimiento, calidad y momentum son hoy conceptos habituales entre gestores, asesores e inversores particulares. Sin embargo, según Yves Bonzon, director de inversiones de Julius Baer, la aparente claridad de estos estilos empieza a ser cada vez más engañosa.

La razón es que los límites entre unos y otros se están difuminando. Lo que antes parecía una clasificación relativamente sencilla —empresas baratas para valor, compañías sólidas para calidad, negocios expansivos para crecimiento o acciones con fuerte inercia para momentum— se ha convertido en un terreno mucho más complejo. Muchas compañías encajan ahora en varios estilos al mismo tiempo.

De la teoría académica a los ETF

La inversión por factores no es una moda reciente. Sus raíces se remontan a los trabajos de Benjamin Graham y David Dodd en los años treinta, que sentaron las bases de la inversión en valor. Décadas después, Eugene Fama y Kenneth French formalizaron el papel del tamaño y la valoración como fuentes estructurales de rentabilidad.

Desde entonces, la industria ha identificado cientos de posibles factores, aunque la mayoría han terminado siendo inestables, redundantes o difíciles de explotar. Con el tiempo, el consenso se ha concentrado en un grupo reducido de estilos robustos: valor, crecimiento, calidad y momentum.

Estos estilos han pasado de ser herramientas académicas a convertirse en índices invertibles, utilizados por ETF y estrategias pasivas. También sirven como referencia para gestores activos que quieren medir si su cartera está más expuesta a valor, calidad, crecimiento o impulso de mercado.

El problema es que estos estilos no son conceptos fijos. Dependen de definiciones, reglas de construcción y rebalanceos que cambian con el tiempo.

Valor y calidad empiezan a parecerse demasiado

Uno de los puntos centrales del análisis de Julius Baer es la creciente convergencia entre los estilos de valor y calidad. En teoría, ambos responden a lógicas distintas. El valor suele funcionar mejor en fases de aceleración económica, cuando las compañías más castigadas y cíclicas recuperan atractivo. La calidad, en cambio, tiende a resistir mejor en entornos de menor crecimiento o mayor incertidumbre, gracias a balances sólidos, beneficios estables y modelos de negocio robustos.

Sin embargo, en la práctica, muchos grandes valores globales empiezan a puntuar bien en ambas dimensiones. Son compañías con elevada eficiencia de capital, buena rentabilidad, balances sólidos y, al mismo tiempo, valoraciones que les permiten entrar también en índices de valor. A ello se suma que muchas presentan características de crecimiento y momentum.

El resultado es que una misma acción puede aparecer simultáneamente en índices de valor, calidad, crecimiento o momentum. Esto reduce la pureza de cada estilo y complica la lectura real de la exposición de una cartera.

Los índices de estilo no son estáticos

La convergencia también se explica por la forma en que se construyen los índices. Proveedores como MSCI reequilibran periódicamente sus índices de estilo aplicando definiciones, ponderaciones y restricciones actualizadas. Aunque el proceso es sistemático y transparente, no es completamente neutral ni inmutable.

En cada rebalanceo, el índice redefine qué significa ser una acción de valor, calidad, crecimiento o momentum en el entorno de mercado actual. Esto implica que los gestores que utilizan estos índices como referencia trabajan contra un objetivo móvil: la composición del índice cambia, las ponderaciones cambian y también cambia la naturaleza de la exposición.

Un ETF de estilo no es pasivo en sentido estricto. No hay un gestor eligiendo valores discrecionalmente, pero las reglas del índice sí toman decisiones activas de forma periódica.

Implicaciones para gestores e inversores

Para los gestores activos, esta realidad tiene consecuencias directas. Si un índice de referencia cambia sus componentes o modifica el peso de determinados valores, el gestor debe decidir si mantiene sus sobreponderaciones, reduce posiciones o ajusta la cartera para no desviarse demasiado del índice.

Para los inversores en ETF, la implicación también es importante. Comprar un ETF de valor, calidad o crecimiento no garantiza una exposición fija y permanente a ese estilo. La cartera subyacente puede variar de forma significativa con cada rebalanceo, especialmente cuando los proveedores revisan criterios metodológicos o cuando el mercado cambia de liderazgo.

Según Bonzon, esto obliga a los inversores a mirar más allá de la etiqueta del producto. No basta con comprar un ETF porque se llame “calidad” o “valor”; hay que entender qué valores contiene, cómo se construye el índice y qué exposición real está ofreciendo.

La prudencia de Julius Baer: no depender de un solo estilo

En sus carteras multiactivo, Julius Baer busca mantener una exposición generalmente equilibrada tanto por sectores como por estilos. La entidad no considera que intentar predecir de forma constante qué factor liderará el mercado sea un ejercicio fiable a medio plazo.

La razón es sencilla: el liderazgo entre estilos cambia con más frecuencia de lo que sugieren algunos gráficos históricos. En determinados momentos domina el crecimiento; en otros, el valor; en fases defensivas, la calidad; y en mercados alcistas fuertes, el momentum. Pero depender de que un solo estilo bata de manera persistente al mercado puede hacer que una cartera sea menos robusta.

La principal advertencia es clara: los estilos son útiles para analizar carteras, pero no deben confundirse con categorías puras, permanentes ni completamente objetivas.

En conjunto, el análisis de Julius Baer invita a revisar cómo se entienden los ETF y los índices de estilo. La inversión basada en factores sigue siendo una herramienta válida, pero sus fronteras son cada vez más móviles. Para el inversor, la conclusión práctica es vigilar qué hay realmente dentro de cada producto y no dar por hecho que una etiqueta de valor, calidad, crecimiento o momentum describe de forma exacta y estable la exposición asumida.

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