Según las actas de la FED, muchos funcionarios creen que aún es probable que se produzcan recortes de tipos de interés.

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Capitalbolsa | 09 abr, 2026 10:25
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Puntos clave
  • Las actas de marzo de la Fed muestran que muchos miembros siguen viendo probable una bajada de tipos.
  • Una minoría defendió incluso un posible endurecimiento si la inflación energética se enquista.
  • La Reserva Federal mantiene un enfoque de máxima flexibilidad ante el impacto aún incierto de la guerra con Irán.

Las actas de la reunión de marzo de la Reserva Federal dejan una conclusión bastante clara: dentro del banco central sigue predominando la idea de que el próximo movimiento de tipos probablemente será a la baja, aunque el camino se ha vuelto bastante más incierto por el efecto de la guerra con Irán sobre la inflación y el crecimiento.

El mensaje no es irrelevante. Antes del conflicto, la Fed ya se movía en una dirección de relajación gradual, confiando en que la inflación siguiera moderándose. Pero el repunte del petróleo y de la gasolina ha complicado ese guion, porque introduce un nuevo riesgo alcista sobre los precios justo cuando el mercado esperaba un entorno más benigno para los recortes.

La mayoría mira al empleo; una minoría teme más inflación

Según las actas, muchos miembros del banco central consideran que, con el tiempo, será apropiado reducir el rango objetivo de los tipos si la inflación evoluciona conforme a lo previsto. Es decir, la predisposición de fondo hacia una bajada sigue viva. Pero no todos ven el mismo riesgo principal.

La mayoría de los responsables monetarios considera que una guerra prolongada podría debilitar el mercado laboral y enfriar la actividad, algo que acabaría justificando más apoyo monetario. La lógica es sencilla: un petróleo más caro resta poder adquisitivo a los hogares, presiona el consumo y termina afectando al crecimiento.

La división dentro de la Fed no está entre bajar o no bajar ya, sino entre qué riesgo pesa más: si el deterioro del empleo y de la actividad o la posibilidad de que la inflación vuelva a enquistarse.

Ahí entra la minoría más dura. Algunos miembros vieron incluso un “caso sólido” para que la Fed dejara abierta la posibilidad de una subida de tipos si la inflación demostrara ser más persistente de lo esperado. No fue la postura dominante, pero sí lo bastante relevante como para recordar que el banco central no se siente cómodo dando por ganada la batalla contra los precios.

Por ahora, la Fed gana tiempo

En la reunión de los días 17 y 18 de marzo, la Fed mantuvo los tipos sin cambios en el rango del 3,5%-3,75% por segunda vez consecutiva. Jerome Powell ya había optado entonces por una postura de prudencia, evitando anticipar cómo afectaría el shock energético a la economía y dejando claro que era pronto para sacar conclusiones firmes.

Las propias actas insisten en esa idea: es demasiado pronto para saber con precisión cuál será el efecto final del conflicto. Por eso, la Fed quiere mantenerse ágil y con capacidad de reaccionar en una u otra dirección según vayan llegando los datos. En otras palabras, no hay hoja de ruta cerrada.

El equipo técnico del banco central incorporó en sus previsiones un impacto relativamente pequeño sobre la actividad derivado de la caída de las bolsas y del encarecimiento del crudo, revisando ligeramente a la baja el crecimiento esperado. También dejó de anticipar una mejora del paro, que ahora se espera más estable durante buena parte del próximo año.

El mercado sigue esperando recortes, pero sin prisa

Desde la reunión de marzo, las dudas no se han despejado del todo. Por un lado, algunos indicadores han sorprendido para bien, como el dato de empleo de marzo en Estados Unidos, que mostró una creación sólida de puestos de trabajo. Por otro, el entorno sigue siendo muy incierto y el impacto completo del encarecimiento energético aún no se ha filtrado del todo a la economía.

Eso explica que el mercado continúe viendo posible al menos un recorte este año, pero sin esperar una actuación inminente. El sesgo general sigue siendo bajista para los tipos, sí, aunque condicionado a que el shock inflacionista derivado de la energía remita y no termine alterando de forma persistente las expectativas de precios.

La tregua temporal entre EE.UU. e Irán puede aliviar algo la presión, pero no resuelve el problema de fondo. Mientras no esté claro si el conflicto ha terminado de verdad y hasta qué punto el petróleo volverá a niveles más normales, la Fed seguirá evitando compromisos. Y hace bien. Lo contrario sería improvisar.

La lectura de mercado es clara: la Fed sigue inclinándose hacia recortes, pero no está en condiciones de prometerlos. Si el conflicto se enfría y la inflación energética cede, el siguiente paso será probablemente bajar tipos. Si no, el banco central mantendrá la cautela e incluso se reservará el derecho a endurecer el tono otra vez.

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