UBS lanza una advertencia seria: el petróleo ya se comporta como en la primera Guerra del Golfo
- UBS cree que la crisis actual del petróleo es la que más se parece a la primera Guerra del Golfo de 1990-91.
- Incluso en el mejor escenario, la entidad no espera una vuelta a los niveles previos al conflicto, sino una estabilización en la zona de los 80 dólares por barril.
- La clave sigue estando en Ormuz: si no se reabre por completo y con normalidad, el riesgo de tensión física en el suministro seguirá muy vivo.
UBS ha puesto una referencia histórica muy concreta sobre la mesa: de todas las grandes crisis de suministro de petróleo de los últimos 50 años, la actual sería la que más se parece a la primera Guerra del Golfo. La comparación no es menor, porque aquel episodio dejó una subida muy agresiva del crudo en poco tiempo y marcó durante meses el comportamiento de la inflación, del crecimiento y de los mercados. Según la firma, el paralelismo es claro por magnitud, velocidad del movimiento y peso del shock sobre la oferta global.
Por qué UBS mira a 1990 y no a otras crisis
Tras la invasión iraquí de Kuwait en 1990, el petróleo subió alrededor de un 80% en dos o tres meses por una pérdida de oferta estimada de entre 4 y 5 millones de barriles diarios, equivalente al 6%-7% del suministro mundial. En la crisis actual, UBS calcula que el shock ha sido incluso mayor: los precios habrían escalado cerca de un 100% en un periodo similar, con una afectación de entre 9 y 10 millones de barriles al día, alrededor del 10% de la oferta global. Es decir, el mercado ya ha reaccionado con una violencia incluso superior a la vista en el arranque de la Guerra del Golfo.
El mejor escenario no es volver a 60 dólares
Lo más relevante del análisis de UBS no es solo el diagnóstico, sino la conclusión sobre precios. La casa considera que, incluso en el escenario más benigno, el petróleo no volvería a la zona previa al conflicto, que estaba en el entorno de los 60 dólares por barril. Su escenario base más favorable pasa por una estabilización en la franja media de los 80 dólares. El mensaje es claro: aunque haya tregua o reapertura, el mercado ya ha cambiado de régimen y va a exigir una prima de riesgo energética más alta.
Eso implica varias cosas. Primero, que el daño no desaparece aunque se rebaje la tensión. Segundo, que la reconstrucción de inventarios y la preocupación por la seguridad del suministro seguirán sosteniendo los precios. Y tercero, que cualquier inversor que esté esperando una normalización rápida al viejo mundo preconflicto puede estar subestimando el problema.
Ormuz sigue siendo la variable decisiva
La pieza central del escenario sigue siendo el estrecho de Ormuz. Reuters informó el 21 de abril de que el mercado estaba moderando algo el precio del crudo por la expectativa de conversaciones entre Estados Unidos e Irán, con Brent alrededor de 94,8 dólares esa mañana. Pero ese mismo contexto sigue dependiendo de que las negociaciones avancen y de que haya más oferta desde la región.
UBS avisa de que si Ormuz no reabre por completo, la escasez física de petróleo puede volver a apretar con fuerza. Y aunque se reabra, el simple hecho de haber puesto en duda la seguridad del paso ya deja una huella estructural. Reuters también recogió el 20 de abril que Citi prevé una caída relevante de existencias globales incluso si el alto el fuego se extiende, precisamente por retrasos logísticos, daños y dificultades para normalizar el flujo.
Qué significa esto para los inversores
La lectura de fondo es incómoda para los activos sensibles a energía, tipos e inflación. Si el mejor caso para el crudo es estabilizarse en los 80 dólares, eso significa que el mercado podría tener que convivir durante bastante tiempo con una energía más cara que antes de la guerra. Deutsche Bank señalaba este mismo 21 de abril que una de las razones por las que las bolsas están aguantando es que los futuros apuntan a un shock más corto que el de 2022, pero aun así reconoce que el nivel del crudo sigue siendo alto y con capacidad para presionar la macro si el conflicto se reabre.
En resumen, UBS no está dibujando un escenario apocalíptico, pero sí uno claramente menos benigno de lo que parte del mercado quiere creer. La comparación con la Guerra del Golfo sirve para recordar algo muy simple: cuando el petróleo entra en modo crisis de oferta, el descenso posterior puede tardar bastante más de lo que los inversores esperan.