Los inversores cada vez más inquietos: ¿Por qué la “crisis de los precios de los alimentos” podría ser aún peor?

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Capitalbolsa | 07 abr, 2026 11:19 - Actualizado: 08:24
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Puntos clave
  • UBS advierte de que el encarecimiento de la energía puede trasladarse pronto a los fertilizantes y, después, a los alimentos.
  • El estrecho de Ormuz y los ataques sobre infraestructuras de gas elevan el riesgo de disrupciones adicionales en la cadena de suministro.
  • El impacto inflacionista podría ser especialmente duro en mercados emergentes, donde el shock alimentario puede llegar a ser tan grave como el energético.

El mercado sigue mirando al petróleo, pero el siguiente problema puede estar en la comida. El fuerte repunte de los costes energéticos provocado por la guerra con Irán ha encendido las alarmas en Wall Street, aunque desde UBS creen que el verdadero golpe todavía podría estar por llegar. Según Arend Kapteyn, economista de la entidad, el encarecimiento del crudo ya está elevando los costes de los fertilizantes, un paso previo que puede acabar trasladándose a los precios globales de los alimentos.

De la energía al fertilizante

Desde el arranque del conflicto en Oriente Medio, los futuros del Brent han subido con fuerza y el West Texas también ha registrado un avance muy intenso. Para UBS, este movimiento no solo encarece el transporte o los combustibles, sino que golpea directamente a un insumo clave para la agricultura: los fertilizantes. El motivo es claro. El estrecho de Ormuz sigue siendo un paso crítico para el transporte de componentes como la urea y el amoníaco, básicos para la producción agrícola mundial.

Además, el problema no se limita al transporte. Kapteyn recuerda que el gas natural representa entre el 60% y el 80% del coste total de los fertilizantes. Eso convierte cualquier alteración en la oferta de gas en un factor especialmente sensible para toda la cadena alimentaria.

La idea de fondo es simple: cuando sube la energía, no solo se encarece repostar. También se dispara el coste de producir alimentos, y ese efecto suele llegar con retraso, pero con bastante fuerza.

La cadena de suministro vuelve al centro del riesgo

UBS también pone el foco en los riesgos adicionales sobre la oferta. A finales de marzo, la Ciudad Industrial de Ras Laffan, en Qatar, donde se encuentra la mayor planta exportadora de gas natural licuado del mundo, fue objetivo de ataques con misiles iraníes. Ese episodio añade presión a una cadena de suministro que ya venía tensionada por la propia guerra y por el papel estratégico del Golfo en energía y materias primas industriales.

El resultado es que UBS prevé ahora una subida del 48% interanual en los precios de los fertilizantes, frente a una tasa actual cercana al 32%. Ese salto, a su vez, podría traducirse en un aumento del 12% interanual en los precios mundiales de los alimentos, según el análisis de Kapteyn.

Más inflación y más presión sobre emergentes

El problema no sería homogéneo. UBS estima que las economías avanzadas podrían sufrir un impacto adicional de unos 50 puntos básicos de inflación. En cambio, en los mercados emergentes el golpe sería mucho mayor, con un extra de hasta 240 puntos básicos. No es un matiz menor. En muchas de esas economías, el peso de la alimentación en la cesta de consumo es muy superior, por lo que el efecto social y macroeconómico puede ser mucho más severo.

Según UBS, si los precios energéticos no se moderan, el shock alimentario en los mercados emergentes podría llegar a rivalizar con el propio shock energético. Y eso ya no sería un efecto secundario, sino un nuevo frente inflacionista de primer orden.

No es solo petróleo: es el coste total del sistema

Lo importante aquí es que el mercado podría estar mirando demasiado el precio del crudo y demasiado poco sus efectos de segunda ronda. El shock energético no termina en la gasolina ni en la factura industrial. Se extiende a fertilizantes, cosechas, transporte, distribución y precios finales. Es decir, afecta al coste total del sistema. Y cuando eso ocurre, la inflación deja de ser un simple susto y empieza a contaminar más capas de la economía.

Por eso, la “crisis de los precios de los alimentos” preocupa tanto. Porque suele aparecer algo después que la energética, pero cuando lo hace es más pegajosa, más visible para el consumidor y políticamente mucho más difícil de gestionar.

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