Las grandes petroleras europeas encaran resultados difíciles con las recompras en el punto de mira
- Las grandes petroleras europeas afrontan una temporada de resultados complicada por la caída del crudo.
- Los analistas creen que la palanca más probable serán recortes en recompras de acciones, manteniendo el dividendo.
- La presión para equilibrar pagos al accionista y solidez del balance será una prueba clave para el sector.
Las grandes compañías energéticas europeas encaran una temporada de resultados especialmente delicada, en la que el compromiso con los accionistas podría verse puesto a prueba. La caída de los precios del crudo ha estrechado los márgenes y obliga a los gigantes del sector a replantearse cómo repartir el efectivo entre dividendos, recompras y balance, según recoge la prensa económica internacional.
Presión sobre el retorno al accionista
Tradicionalmente, las grandes petroleras occidentales han cuidado al accionista combinando dividendos estables con agresivos programas de recompra de acciones. Sin embargo, la combinación de unos precios del petróleo más bajos y de una temporada de beneficios que se anticipa débil ha elevado la presión sobre este modelo.
Se espera que nombres como la noruega Equinor, la francesa TotalEnergies y las británicas Shell y BP presenten en los próximos días algunos de sus resultados trimestrales más flojos de los últimos años, con un menor flujo de caja libre y un entorno de mercado que el sector describe como “muy difícil”.
En este contexto, analistas como Atul Arya, estratega jefe de energía de S&P Global, apuntan a que las compañías priorizarán mantener el dividendo y ajustarán otras partidas: reducirán recompras si es necesario y, llegado el caso, podrían ralentizar parte de su programa de inversión de capital.
Dividendos ‘sacrosantos’ y ajustes en recompras
El mensaje que se repite en el mercado es que el dividendo sigue siendo “sacrosanto” para las grandes petroleras. Como señala Maurizio Carulli, analista de energía y materiales en Quilter Cheviot, el dividendo no solo sostiene la remuneración al accionista, sino que también disciplina el uso del capital y limita el riesgo de inversiones excesivas.
Las recompras, en cambio, se consideran una herramienta más cíclica y flexible. Con precios del crudo más bajos, varias compañías europeas ya han empezado a reducir el ritmo: BP recortó en abril su programa trimestral desde 1.750 a 750 millones de dólares tras unos beneficios por debajo de lo esperado, mientras que TotalEnergies anunció en septiembre una moderación de sus recompras para afrontar la incertidumbre económica y geopolítica.
Según Arya, eventuales recortes de capex se concentrarían probablemente en proyectos de bajas emisiones de carbono, ya que frenar la exploración y el desarrollo tradicional podría enviar una señal equivocada a muchos inversores. Otra opción sería incrementar algo el endeudamiento, aunque la mayoría de grupos no desea elevar más su apalancamiento.
El contraste con Exxon y Chevron
Frente a las dudas que rodean a las petroleras europeas, las estadounidenses Exxon Mobil y Chevron han logrado disipar parte de las preocupaciones sobre la sostenibilidad de sus pagos al accionista. Ambas registraron recientemente unos beneficios del cuarto trimestre superiores a lo previsto, a pesar de que el petróleo ha encadenado su peor año en mucho tiempo por el exceso de oferta.
Este mejor comportamiento refuerza la sensación de que las grandes europeas afrontan una presión mayor para justificar sus retornos, justo cuando activistas e inversores más exigentes cuestionan su estrategia de transición energética y su asignación de capital.
De los beneficios ‘monstruosos’ al dilema del balance
La situación contrasta con la de 2022, cuando las cinco grandes petroleras occidentales llegaron a acumular casi 200.000 millones de dólares en beneficios, aprovechando el rally del crudo tras la invasión rusa de Ucrania. Aquel exceso de caja permitió una ola de subidas de dividendos y recompras masivas, que llevó incluso al secretario general de la ONU, António Guterres, a calificar esas ganancias de “monstruosas”.
Hoy, con precios del petróleo más bajos y mayor presión regulatoria y política, analistas como Clark Williams-Derry (IEEFA) señalan que las compañías se ven forzadas a elegir: los inversores que priorizan efectivo exigen mantener pagos generosos, mientras que los centrados en valor prefieren balances más saneados. Sea cual sea la decisión, una parte del accionariado quedará decepcionada.
Esta temporada de resultados se presenta, por tanto, como una prueba decisiva para las grandes petroleras europeas: deberán demostrar hasta qué punto están dispuestas a tensionar sus balances para seguir alimentando la remuneración al accionista o si optan por preservar músculo financiero a costa de moderar recompras y, en su caso, frenar algunos proyectos.