El oro se tambalea hacia los 4.000 dólares en plena oleada de desapalancamiento global
El oro continúa retrocediendo esta semana y se acerca peligrosamente al nivel psicológico de los 4.000 dólares. Según señalaba Justin Low, el metal encadena ya cuatro sesiones consecutivas a la baja, cediendo alrededor de un 0,8% en la jornada y situándose en torno a los 4.011 dólares.
La presión vendedora llega en pleno proceso de desapalancamiento global, un ajuste que está afectando a prácticamente todas las clases de activos.
Aunque parte del mercado lo vincula a unas expectativas más moderadas sobre recortes de tipos por parte de la Reserva Federal —los futuros solo descuentan alrededor de un 42% de probabilidad de una bajada en diciembre—, el contexto es más amplio. Lo que está ocurriendo en el mercado del oro se inserta en un movimiento defensivo generalizado.
Como recordaba el propio Justin Low, el oro ha sido una de las inversiones más rentables del año y en varias ocasiones ha funcionado como destino de liquidez en fases de incertidumbre. Su atractivo como cobertura frente a la desaceleración económica, la incertidumbre política y las tensiones geopolíticas sigue muy presente, y es difícil encontrar activos con esa combinación de refugio y resiliencia.
Pero el gráfico también habla. Desde el punto de vista técnico, el fallo del doble techo cerca de los 4.368 dólares fue el primer aviso, seguido del brusco retroceso de la semana pasada por encima de los 4.200 dólares. Ese movimiento ha dado forma a una pequeña figura de bandera bajista, algo que no veíamos desde hace tiempo en el oro. El soporte clave está ya en los 4.000 dólares, relevante no solo por su valor técnico, sino por su fuerte carga psicológica.
A medida que se intensifica la aversión al riesgo, es probable que el oro reciba nuevas entradas de compra si el miedo se dispara. Pero, como advertía Justin Low, el mercado podría pasar previamente por una fase más profunda de ventas forzadas antes de encontrar suelo. La presión sobre Bitcoin, el episodio MSTR, las dudas sobre la valoración de Nvidia y la reducción de posiciones de grandes inversores en la tecnológica durante el último trimestre son señales de un mercado inquieto que aún no ha tocado fondo.
Por ahora, todo apunta a un ajuste de posiciones más que a un cambio estructural, pero el entorno exige prudencia. En otras ocasiones comprar oro en las caídas resultaba razonable, pero esta vez —como reconoce el análisis original— el ruido macro y el desapalancamiento sugieren esperar a que el mercado entre en una fase de “miedo extremo” antes de que vuelva a actuar como refugio de forma contundente.