Trump habla de avances con Irán, pero el mercado solo ve más escalada y más riesgo energético
- Europa abre a la baja y Asia sufre fuertes caídas por la escalada del conflicto en Oriente Medio.
- El Brent vuelve a repuntar hasta los 115 dólares mientras el mercado intenta descifrar si hay opción real de negociación con Irán.
- La semana estará dominada por la guerra, la energía y una agenda macro muy intensa en Europa, Estados Unidos y Asia.
La semana arranca con un tono claramente defensivo en los mercados. Las bolsas europeas apuntan a una apertura a la baja, mientras Asia ha registrado descensos significativos, especialmente en Japón y Corea del Sur, dos de las economías más sensibles al coste energético. Al mismo tiempo, los futuros estadounidenses intentan estabilizarse y giran ligeramente al alza, en un movimiento que refleja más esperanza táctica que convicción real: el mercado sigue pendiente de cualquier mensaje que pueda arrojar algo de luz sobre la evolución de la guerra en Irán.
Trump lanza mensajes optimistas, pero el mercado sigue sin comprar el relato
Donald Trump afirma que Irán habría aceptado la mayoría de los 15 puntos planteados por Estados Unidos, pero no hay confirmación iraní alguna. De hecho, la pasada semana Teherán rechazó formalmente la propuesta estadounidense y respondió con su propio plan, en el que incluyó una exigencia de soberanía sobre el estrecho de Ormuz. Esa contradicción explica bastante bien el estado actual del mercado: titulares aparentemente constructivos, pero sin una base sólida que permita confiar en una desescalada inmediata.
El problema es que, aunque la semana pasada se amplió el alto el fuego negociador hasta el 6 de abril, el conflicto no solo no se ha enfriado, sino que ha seguido escalando durante el fin de semana. Eso deja al inversor atrapado entre un discurso político de aparente acercamiento y una realidad militar que va en la dirección contraria.
La contradicción es evidente: se habla de negociación, pero los hechos sobre el terreno siguen apuntando a más tensión, más riesgo y más presión sobre la energía.
Más frentes abiertos y más amenaza sobre el suministro energético
Entre los elementos más inquietantes del fin de semana destaca la entrada formal de los hutíes de Yemen en la guerra, con ataques sobre Israel y con una nueva amenaza sobre otro punto crítico para el tránsito energético: el estrecho de Bab el Mandeb, que conecta el Mar Rojo con el golfo de Adén y el Mar Arábigo. Si se viera comprometido al mismo tiempo que Ormuz, el impacto sobre la oferta mundial de crudo sería muy serio.
A ello se suma el envío por parte de Estados Unidos de nuevos barcos de combate y efectivos, en una señal que el mercado interpreta como preparación para una posible operación terrestre en Irán, con objetivos estratégicos ligados al petróleo y al uranio. Además, se han producido ataques a nuevos objetivos civiles, incluyendo una universidad iraní, mientras también se ha informado de un ataque iraní sobre una planta química israelí. Es decir, el conflicto se está ampliando en alcance, en sensibilidad y en capacidad de desestabilización.
No es extraño, por tanto, que el Brent vuelva a subir un 2% y se sitúe en torno a los 115 dólares por barril. Ese repunte del crudo vuelve a ser el gran termómetro del riesgo global.
Ya no se trata solo de inflación. El mercado empieza a temer algo peor: problemas reales de suministro energético capaces de dañar el crecimiento global.
Bonos, bancos centrales y señales mixtas
En este contexto, las rentabilidades de los bonos moderan ligeramente su avance, en una lectura que empieza a incorporar el posible daño económico de un conflicto prolongado. Es decir, aunque el petróleo empuja al alza las expectativas de inflación, el mercado también empieza a descontar que una energía persistentemente cara puede terminar golpeando con fuerza el crecimiento.
En paralelo, Qatar ha bajado tipos del 4,5% al 3,5%, mientras Israel ha aprobado sus presupuestos de 2026 con un fuerte incremento del gasto en defensa equivalente al 2% del PIB, elevando el déficit público hasta el 4,9% del PIB. Son movimientos que reflejan hasta qué punto el conflicto ya está saliendo del terreno estrictamente militar para afectar a política económica, finanzas públicas y expectativas monetarias.
Una semana cargada de guerra, inflación y empleo
De cara al conjunto de la semana, el protagonismo seguirá claramente concentrado en Oriente Medio y en su impacto sobre petróleo y gas. Los próximos días deberían servir para comprobar si existe alguna posibilidad real de frenar la guerra a corto plazo. Se ha hablado incluso de contactos entre representantes de Pakistán, Arabia Saudí y Turquía, pero por ahora no hay evidencias claras de avances concretos.
Por el lado macroeconómico, la agenda también llega muy cargada. En Europa, las principales referencias serán la inflación de Alemania, Francia y la Eurozona, junto con los PMIs manufactureros y la tasa de paro europea. En Estados Unidos, la atención se centrará en la confianza del consumidor, las vacantes JOLTS, el ISM manufacturero, el empleo privado ADP, las ventas minoristas y, finalmente, el viernes, el informe oficial de empleo de marzo, aunque su impacto quedará aplazado por el festivo en buena parte de los mercados. En Asia, destacarán la inflación de Tokio y los PMIs de China y Japón.
En definitiva, el mercado encara una semana en la que todo gira alrededor de una idea bastante simple: si la guerra se prolonga y la energía sigue encareciéndose, la presión sobre crecimiento, inflación y bancos centrales irá a más. Ese es el verdadero riesgo. Y mientras no haya una señal creíble de desescalada, lo razonable es seguir pensando en un mercado frágil, reactivo y muy dependiente del siguiente titular.