Michael Burry dice que la recuperación del yen japonés es un riesgo para las acciones estadounidenses

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Capitalbolsa | 26 ene, 2026 16:38
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Puntos clave
  • Michael Burry advierte de que la recuperación del yen podría provocar repatriación de capital hacia Japón y presionar a la renta variable estadounidense.
  • El dólar ha pasado de zonas próximas a 159 yenes a moverse en el entorno de 154, en un contexto de mensajes más duros desde Tokio y “rate checks” de la Fed de Nueva York.
  • Desde Morgan Stanley se ve un nivel “justo” de USD/JPY más cercano a 140–145, pero se mantiene la confianza en el crecimiento de beneficios del S&P 500.

El movimiento reciente del yen japonés ha encendido las alertas en parte del mercado. El inversor Michael Burry, conocido por su papel en “The Big Short”, sostiene que la moneda nipona está “claramente atrasada” en su proceso de recuperación y que un giro de tendencia podría tener consecuencias importantes para los activos estadounidenses.

El detonante de este debate ha sido un supuesto rate check de la Fed de Nueva York en el cruce dólar/yen, después de que varios altos cargos japoneses advirtieran contra la debilidad excesiva de la divisa y prometieran actuar para frenar la caída. En cuestión de días, el dólar ha pasado de cotizar cerca de 159 yenes a moverse en el entorno de 154, en paralelo a un repunte continuo de los rendimientos de la deuda japonesa a largo plazo.

Para Burry, una subida sostenida del yen abriría la puerta a un proceso de repatriación de fondos hacia Japón, después de años de flujos en sentido contrario en busca de mayores tipos en Estados Unidos. Ese cambio de dirección en los flujos podría convertirse en un viento en contra tanto para la renta variable como para la renta fija estadounidense.

El tipo de interés importa: Japón sube, EE. UU. baja

El rendimiento del bono japonés a 30 años ha subido cerca de 1,5 puntos porcentuales en los últimos doce meses, reflejando un cambio de régimen tras décadas de tipos ultra bajos. Burry resume el riesgo con una idea sencilla: si Japón sube tipos y Estados Unidos los baja, el entorno que durante años ha apoyado a las bolsas y a los bonos estadounidenses empieza a darse la vuelta.

Esta visión conecta con un tema de fondo: buena parte del gran rally de Wall Street de los últimos años se ha alimentado de tipos reales bajos, dólar fuerte y abundante liquidez global. Un yen más firme y una curva japonesa menos reprimida cuestionan esa combinación, obligando a replantearse hasta qué punto el flujo de capital seguiría favoreciendo a los activos estadounidenses.

El contrapunto de Morgan Stanley: riesgo táctico, no tesis bajista

Desde Morgan Stanley, el estratega Michael Wilson aporta un matiz distinto tras visitar Japón. Muchos inversores locales, explica, creen que el yen debería apreciarse al menos hasta la zona de 140–145 por dólar. Su equipo de divisas sitúa el “valor razonable” del cruce también en el entorno de 145, a la luz de las expectativas de tipos terminales.

Sin embargo, Wilson mantiene una visión constructiva sobre la renta variable estadounidense. Confía en un crecimiento de beneficios del S&P 500 cercano al 17%, acompañado de una ampliación de la base de compañías que contribuyen al crecimiento, mayor inversión (capex) y una actividad económica que mejora. El riesgo cambiario entra, según él, en la categoría de “riesgo táctico” más que en la de amenaza estructural para el ciclo bursátil.

En la práctica, ambos mensajes son compatibles: un yen más fuerte puede generar volatilidad a corto plazo, especialmente en compañías y sectores más sensibles al tipo de cambio, pero no tiene por qué invalidar un escenario de beneficios al alza si la economía estadounidense se mantiene firme. Para el inversor, la clave será vigilar el cruce USD/JPY como termómetro de flujos y riesgo, sin perder de vista el cuadro general de beneficios y tipos de interés.

De momento, el S&P 500 ha cerrado dos semanas consecutivas a la baja, pero se mantiene relativamente cerca de máximos. Si el yen continúa recuperando terreno, el mercado tendrá una nueva prueba de su capacidad para digerir cambios en uno de los pilares silenciosos del ciclo: la dirección de los flujos internacionales de capital.

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