Las bolsas mantienen el pulso, pero el verdadero riesgo ya no es solo Irán

Juan Carlos Ureta Domingo, presidente ejecutivo de Renta 4 Banco

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 13 abr, 2026 17:35
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Puntos clave
  • Las bolsas mantienen buen tono tras la tregua, pero el mercado sigue demasiado pendiente de Irán y poco atento al deterioro del crecimiento.
  • La visión de fondo sigue siendo positiva a largo plazo, aunque en el corto plazo aún tendría sentido una fase de corrección y consolidación.
  • La temporada de resultados arranca en un entorno delicado, con petróleo otra vez por encima de 100 dólares y nuevas dudas tras la ruptura de las negociaciones.

Las bolsas han prolongado las buenas sensaciones en la primera semana completa de abril, apoyadas sobre todo por un nuevo giro de Donald Trump, capaz de pasar en cuestión de horas del lenguaje de máxima presión sobre Irán a la apertura de una tregua y de unas negociaciones para tratar de cerrar el conflicto. El mercado, como era de esperar, reaccionó con entusiasmo a ese cambio de tono y se lanzó a recomprar riesgo con fuerza.

El movimiento fue muy visible en prácticamente todos los grandes índices. Las subidas del miércoles fueron especialmente intensas, con avances de alrededor del 5% en el Nikkei, el Dax y el EuroStoxx, mientras que el S&P 500 ganó un 2,5%. En el balance semanal, Europa volvió a brillar: el EuroStoxx subió un 3,4%, el Cac un 3,5% y el Ibex 35 otro 3,5%, lo que deja al selectivo español con una ganancia del 5,2% en el año. En Estados Unidos, el Dow Jones avanzó un 3%, el Nasdaq un 4,7% y el S&P 500 un 3,5%. El Russell 2000 volvió a mostrar fuerza relativa y el Nikkei fue, una vez más, la gran estrella de la semana.

El mercado compra alivio, pero no debería confundirse con una solución

Esa mejora de las bolsas vino acompañada de otros síntomas de relajación. El petróleo volvió momentáneamente por debajo de los 100 dólares, el VIX cayó por debajo de los 20 puntos y el bitcoin se mantuvo firme cerca de los 70.000 dólares. Todo ello encajaba con la idea de que el mercado empezaba a descontar un suelo, al menos transitorio, y un escenario en el que la crisis de Irán pudiera encaminarse hacia una salida más ordenada.

Pero esa lectura tiene un problema evidente: supone que, salvo Irán, el resto del cuadro está razonablemente bien. Y esa no parece ser una conclusión especialmente sólida. El mercado se ha agarrado a la tregua como si bastara para despejar la incertidumbre, cuando en realidad lo que ha hecho es posponer una parte del miedo, no eliminarlo.

La cuestión de fondo no es solo Irán. El mercado sigue demasiado concentrado en los titulares geopolíticos y bastante menos en lo que ocurre con crecimiento, inflación y valoraciones.

Visión positiva a largo plazo, pero con un corto plazo todavía incómodo

La visión estructural sigue siendo constructiva. Las dos grandes fuerzas que sostienen el mercado a largo plazo continúan ahí: la hiperliquidez, alimentada por nuevas formas de dinero privado digital, y la innovación disruptiva basada en inteligencia artificial. Esas dinámicas pueden seguir marcando la dirección de fondo durante años y justifican una lectura alcista en horizontes largos.

Otra cosa muy distinta es el corto plazo. Ahí lo razonable sigue siendo pensar en una fase de corrección, digestión y consolidación tras los excesos acumulados en los últimos años. El ajuste comenzó a finales de octubre en las grandes tecnológicas, se ha extendido después a otros segmentos del mercado y todavía no parece un proceso cerrado. De hecho, incluso en un escenario benigno en Irán, tendría bastante sentido que las bolsas siguieran moviéndose durante un tiempo en un patrón más lateral que claramente alcista.

Dicho de forma simple: el largo plazo sigue teniendo buena pinta, pero eso no obliga a pensar que el mercado deba subir en línea recta ni que ya haya terminado la fase de limpieza de excesos.

Los datos económicos empiezan a exigir más prudencia

Lo más delicado es que los datos macroeconómicos encajan cada vez mejor con esa idea de desaceleración. La tercera y última lectura del PIB estadounidense del cuarto trimestre de 2025 dejó una expansión anualizada del 0,5%, por debajo de estimaciones anteriores y claramente inferior al ritmo observado en trimestres previos. La tendencia es la que importa, y esa tendencia apunta a una economía que pierde impulso.

La desaceleración no se limita al PIB. También se percibe en inversión, consumo, comercio exterior y empleo. En 2025, la creación de puestos de trabajo fue muy inferior a la de 2024, y el crecimiento anual de la economía estadounidense se moderó hasta el 2,1%, frente al 2,8% del ejercicio anterior. Es verdad que el shutdown ha tenido efecto, pero sería ingenuo atribuirle todo el enfriamiento.

A esto se suma el frente inflacionista. La inflación de marzo en Estados Unidos subió al 3,3%, con una subyacente del 2,6%, mientras que el deflactor del PCE de febrero también mostró niveles todavía incómodos. Es decir, la economía crece menos, pero la presión sobre precios no desaparece. Ese no es precisamente el mejor entorno posible para justificar múltiplos exigentes.

Este es el verdadero problema para el mercado: menos crecimiento con inflación aún pegajosa suele traducirse en menos margen para bancos centrales, menos apoyo para valoraciones y más volatilidad.

Empieza una temporada de resultados clave

En este contexto, la temporada de resultados del primer trimestre cobra una importancia especial. Los primeros en abrir fuego serán los grandes bancos estadounidenses, como JPMorgan, Citigroup, Bank of America, Wells Fargo, Goldman Sachs y Morgan Stanley. Junto a ellos llegarán también cifras de compañías como BlackRock, PepsiCo o Johnson & Johnson.

No será una campaña cualquiera. El mercado necesitará comprobar si los beneficios siguen sosteniendo las valoraciones en un entorno donde el crecimiento pierde fuelle, los tipos siguen condicionados por la inflación y el petróleo vuelve a tensarse cada vez que se rompe la narrativa de distensión en Oriente Próximo.

Semana delicada y pronóstico de corrección tranquila

La nueva semana ha arrancado con mal pie tras la ruptura de las negociaciones entre EE.UU. e Irán, un giro que ha vuelto a impulsar el crudo por encima de los 100 dólares y ha presionado a la baja a los futuros del S&P 500. Ese movimiento vuelve a recordar que la tregua era, como mucho, una pausa táctica y no una resolución firme del conflicto.

En un mercado tan dependiente de los mensajes de Trump, hacer pronósticos rotundos es casi una invitación al error. Aun así, la hipótesis más razonable sigue siendo la de una corrección tranquila, o al menos de una fase de consolidación en la que el mercado empiece a asumir algo bastante elemental: que las grandes fuerzas estructurales siguen siendo favorables, sí, pero que la transición entre modelos económicos y productivos no va a ser limpia ni estable. Y toda transición de este tipo acaba trayendo ruido, dispersión y volatilidad.

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