La eurozona se frena y vuelve a asomarse al riesgo de estanflación
- La actividad privada de la eurozona perdió fuerza en marzo y el PMI compuesto cayó a 50,7, su nivel más bajo en nueve meses.
- El sector servicios fue el principal foco de debilidad, con un PMI de 50,2 y una caída de nuevos pedidos por primera vez desde julio de 2025.
- El gran problema no fue solo el freno del crecimiento, sino el fuerte repunte de los costes, que reabre el riesgo de estanflación.
La economía de la eurozona cerró el primer trimestre con menos tracción de la esperada y con una señal incómoda de fondo: crecimiento cada vez más débil y presión de costes cada vez más intensa. El índice PMI compuesto de S&P Global se situó en 50,7 en marzo, frente al 51,9 de febrero, marcando su nivel más bajo en nueve meses y dejando claro que la actividad del sector privado se está desacelerando con rapidez.
La lectura no invita al dramatismo inmediato, porque la economía sigue técnicamente en expansión, pero sí obliga a rebajar el optimismo. El problema no es solo que el crecimiento pierda pulso, sino que lo hace mientras los precios vuelven a tensionarse con fuerza. Y esa combinación es precisamente la que más preocupa a mercado, empresas y banco central.
El sector servicios se enfría con claridad
La principal causa del deterioro estuvo en el sector servicios. Su PMI de actividad comercial bajó hasta 50,2, desde 51,9 en febrero, lo que supone su nivel más bajo en diez meses y apunta a un crecimiento casi plano. Es un dato importante porque durante buena parte del último año el sector servicios había sido el gran sostén de la economía europea frente a la debilidad industrial.
Ahora ese apoyo empieza a perder consistencia. Los nuevos pedidos retrocedieron por primera vez desde julio de 2025 y la demanda exterior también empeoró. No hablamos todavía de un desplome, pero sí de un deterioro suficientemente claro como para pensar que el impulso de comienzos de año se ha evaporado bastante deprisa.
España lidera, pero el cuadro general empeora
A nivel nacional, el panorama fue desigual. España volvió a destacar como la economía con mejor comportamiento en marzo, mientras Irlanda también mantuvo un crecimiento sólido, aunque algo más moderado. Alemania siguió expandiéndose, pero a un ritmo menor, mientras que Francia e Italia entraron en contracción.
Ese reparto confirma que la desaceleración no está golpeando por igual, pero también deja una idea importante: el motor europeo pierde uniformidad. En un contexto así, resulta más difícil construir una recuperación consistente a nivel regional, porque el crecimiento depende cada vez más de un número reducido de economías que siguen resistiendo mejor.
El verdadero golpe llega por el lado de los costes
Lo más delicado del informe no fue solo la pérdida de dinamismo, sino el fuerte repunte de la inflación de costes. S&P Global destaca que los precios de los insumos registraron en marzo su mayor subida en más de tres años. En manufacturas, el salto fue especialmente brusco, con un aumento casi récord del índice de precios de compra, mientras que en servicios también se observó una intensificación notable de las presiones.
Los precios cobrados por las empresas también aumentaron, aunque con menos intensidad, pero suficiente como para situar la inflación de venta en su nivel más alto desde febrero de 2024. Eso complica mucho la lectura macro, porque devuelve al primer plano el riesgo de un escenario de crecimiento anémico con inflación incómoda.
Menos empleo, menos confianza y más cautela
El informe también deja señales menos visibles, pero relevantes. El empleo privado cayó ligeramente en marzo y lo hizo al ritmo más acusado en trece meses. En servicios, la contratación quedó prácticamente paralizada, mientras que la confianza empresarial se deterioró con fuerza y cayó a su nivel más bajo en casi un año.
Eso encaja con una economía que empieza a ponerse a la defensiva. Cuando la demanda se enfría, los costes suben y la visibilidad empeora, las empresas frenan nuevas contrataciones y aplazan inversión. Y ahí es donde una simple desaceleración puede empezar a transformarse en algo más serio si el entorno no mejora con rapidez.
S&P Global ya habla de un escenario mucho más incómodo
Chris Williamson, economista jefe de S&P Global Market Intelligence, fue bastante directo al valorar el dato. A su juicio, la economía de la eurozona ya se ha visto seriamente afectada por la guerra en Oriente Medio, a través del encarecimiento energético, la interrupción de las cadenas de suministro, la volatilidad financiera y la caída de la demanda. El resultado es un cuadro que vuelve a invocar el espectro de la estanflación, o incluso algo peor a corto plazo.
Según esa lectura, el PMI de marzo rebaja la previsión de crecimiento del PIB del primer trimestre al 0,2% y deja riesgos evidentes de contracción en el segundo trimestre si el conflicto no se resuelve rápidamente. No es todavía un escenario base de recesión, pero sí una advertencia seria de que la economía europea ha entrado en una fase bastante más vulnerable.