La tregua entre EEUU e Irán desinfla las apuestas de subidas de tipos en todo el mundo
- La tregua entre EEUU e Irán ha reducido con fuerza las apuestas del mercado a nuevas subidas de tipos.
- La caída del petróleo y del gas ha impulsado la deuda pública y ha aliviado el miedo inmediato a un repunte inflacionista.
- El cambio de expectativas afecta a la Fed, al BCE, al Banco de Inglaterra y al Banco de Japón, aunque la incertidumbre no ha desaparecido.
La tregua de dos semanas entre Estados Unidos e Irán ha cambiado de forma brusca el mapa de expectativas monetarias globales. Tras semanas en las que el mercado temía que el encarecimiento de la energía obligara a los bancos centrales a endurecer aún más su discurso, el giro en Oriente Medio ha provocado el movimiento contrario: menos presión sobre el petróleo, menos miedo a nuevas tensiones inflacionistas y una rápida corrección en las apuestas sobre tipos de interés.
En el centro de ese ajuste ha estado el hundimiento del crudo. El mercado ha pasado en cuestión de horas de descontar un escenario de presión energética prolongada a valorar una reapertura del Estrecho de Ormuz y una desescalada, al menos parcial, del conflicto. Ese cambio ha sido suficiente para impulsar a la deuda pública y rebajar la probabilidad de nuevas subidas de tipos este año.
La Fed enfría el riesgo de nuevas subidas
Según explica Jamie Chisholm, la reacción del mercado ha sido especialmente visible en Estados Unidos. A comienzos de semana, los operadores todavía asignaban una probabilidad apreciable a que la Reserva Federal tuviera que volver a subir tipos antes de final de 2026 si el shock energético seguía presionando la inflación. Tras la tregua, esa posibilidad prácticamente se ha evaporado.
La lógica es sencilla: con el petróleo corrigiendo con fuerza, la necesidad de una respuesta adicional por parte de la Fed pierde peso. Eso no significa que el mercado espere recortes inmediatos, pero sí reduce claramente el riesgo de un nuevo endurecimiento. Al mismo tiempo, los inversores han regresado a la renta fija, empujando a la baja las rentabilidades de los bonos del Tesoro.
Europa también corrige expectativas
En Europa, el efecto ha sido incluso más sensible, porque la región suele acusar con más intensidad los shocks energéticos. Durante las últimas semanas, el repunte del petróleo y del gas había endurecido las previsiones sobre el BCE, llevando al mercado a descontar un mayor número de subidas. Ahora, con el precio de la energía reculando con fuerza, parte de ese ajuste empieza a deshacerse.
La caída del gas natural europeo ha reforzado ese movimiento y ha favorecido una fuerte bajada de las rentabilidades de la deuda soberana. El mensaje aquí no es que el BCE haya dejado de estar en guardia, sino que el mercado vuelve a contemplar un escenario menos extremo del que se llegó a temer en pleno pico de tensión con Irán.
En Reino Unido, el patrón ha sido similar. Los inversores han rebajado sus expectativas sobre el número de subidas del Banco de Inglaterra, y empieza a reaparecer la idea de que, si la tregua se consolida y la inflación energética se modera, el siguiente gran debate podría volver a girar en torno a futuros recortes y no a nuevas alzas.
Japón y el resto del mundo siguen pendientes
En Japón, el mercado sigue dividido sobre el ritmo de actuación del Banco de Japón, pero también allí se ha visto un alivio en la deuda de largo plazo. El movimiento confirma que el factor dominante, al menos de momento, no es tanto la política interna de cada banco central como la evolución del shock energético global.
Como subraya Jamie Chisholm, el mercado ha reaccionado con rapidez a la mejora del escenario inmediato, pero eso no significa que el problema esté resuelto. Una cosa es reducir la prima de riesgo a corto plazo y otra muy distinta borrar de golpe el impacto acumulado sobre inflación, crecimiento, márgenes empresariales, costes logísticos o primas de seguro.
La tregua alivia, pero no cierra el capítulo macro
Ese es el punto más importante. El mercado está celebrando una mejora táctica, no una solución definitiva. Aunque el alto el fuego rebaja la tensión inmediata, siguen ahí los daños sobre infraestructuras, los mayores costes de transporte, las primas de seguros y la posibilidad de que parte del shock energético tenga efectos más persistentes de lo previsto.
Por eso, la tregua mejora claramente el panorama de corto plazo para los bancos centrales, pero no liquida las implicaciones macroeconómicas del conflicto. La inflación puede enfriarse algo más rápido de lo temido, sí, pero el crecimiento, los beneficios empresariales y la confianza seguirán bajo escrutinio en los próximos meses.