¿Por qué los virus no se vuelven resistentes a las vacunas?
Las bacterias resistentes a los antibióticos son una gran amenaza, pero ¿por qué los virus no se vuelven resistentes a las vacunas?
Todos hemos oído las horribles historias de infecciones bacterianas incurables debidas a la resistencia a los antibióticos. Apenas acaban de llegar las primeras vacunas contra el coronavirus, y ya es está poniendo en duda su eficacia frente a las nuevas mutaciones del virus.
Las dudas se deben a que las nuevas variantes del virus pueden potencialmente evadir a los anticuerpos desarrollados por aquellas personas que ya han pasado el virus. Es lo que ocurre con el virus de la gripe: pasar la gripe un invierno no nos inmuniza contra la del año que viene.
Pero, ¿pueden las mutaciones hacer que el coronavirus SARS-CoV-2 se vuelva resistente al efecto de las vacunas? ¿Ocurriría lo mismo que con los antibióticos?
A diferencia de los medicamentos contra las bacterias, la resistencia a las vacunas es prácticamente desconocida. Hay dos razones para ello.
LAS VACUNAS SE ADMINISTRAN A PERSONAS SANAS
En primer lugar, los antibióticos y otros antimicrobianos se administran cuando una persona está enferma. Esto significa que un gran número de patógenos están presentes en el cuerpo en ese momento, ya que su reproducción masiva provoca los primeros síntomas de la enfermedad.
Cuando en el organismo hay un número tan elevado de patógenos, es más probable que haya algunos que sean menos sensibles al fármaco. Cuando se administra el fármaco, todos los patógenos sensibles mueren o se impide su multiplicación, mientras que las variantes resistentes pueden propagarse sin obstáculos.
En cambio, las vacunas se inyectan a personas sanas, lo que significa que la memoria inmunológica reacciona en cuanto se produce la infección, mucho antes de que el agente patógeno se haya multiplicado en masa.