Por qué el famoso “comprar en las caídas” no es tan rentable como parece – y qué estrategia lo supera, según un estudio cuantitativo

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Capitalbolsa | 05 dic, 2025 14:22 - Actualizado: 10:22
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Puntos clave
  • Un estudio cuantitativo de AQR concluye que “comprar en las caídas” rinde peor que simplemente mantener acciones en el largo plazo.
  • Probadas 196 variantes de la estrategia sobre el S&P 500 desde 1965, todas obtienen peores ratios de Sharpe que una cartera pasiva.
  • AQR sostiene que el “buy the dip” se enfrenta al momentum, mientras que el seguimiento de tendencia tiende a proteger mejor en grandes caídas.

El famoso “buy the dip”, esa idea tan repetida de aprovechar las correcciones para comprar más bolsa, ha funcionado casi como un eslogan de mercado en los últimos años. Pero cuando se mira con lupa, y con datos de varias décadas, la conclusión es bastante menos épica: según un análisis de AQR Capital Management, comprar sistemáticamente en las caídas no bate a la simple estrategia de comprar y mantener.

Qué ha probado realmente AQR


El equipo cuantitativo de AQR se planteó una pregunta sencilla, pero muy incómoda para el mantra popular: ¿qué pasa si definimos reglas claras de “comprar en la caída” y las sometemos al histórico del S&P 500? Para responder, construyeron 196 versiones distintas de la estrategia, cambiando parámetros como la profundidad de la caída, la duración o el tiempo de permanencia en mercado, y las aplicaron a datos desde 1965.

El diseño era simple: cuando se cumple la condición de “dip”, se compra bolsa; cuando no, se permanece en liquidez. No hay magia ni hindsight, sólo reglas ex ante y disciplina. El resultado, sin embargo, fue muy poco glamuroso: en todas las variantes, el ratio de Sharpe —la medida clásica de rentabilidad ajustada al riesgo— salió por detrás de una cartera que simplemente compra acciones y las mantiene en el tiempo. Y cuando se repite el ejercicio desde finales de los 80, la penalización es aún mayor, con una degradación de casi la mitad en términos de Sharpe.

Es decir, la versión disciplinada del “aprovecha las caídas” no sólo no suma demasiado, sino que complica la vida al inversor y le resta calidad de rentabilidad frente a una estrategia pasiva mucho más sencilla de ejecutar.

El problema de ir contra la tendencia


AQR va un paso más allá y trata de explicar por qué ocurre esto. En el fondo, argumentan, el “buy the dip” es una forma de apostar por reversión en un horizonte donde lo que suele dominar es el momentum. Si el mercado tiende a prolongar los movimientos, quien compra cada bajada está, en realidad, colocándose sistemáticamente en contra de la tendencia dominante.

Los autores lo ilustran comparando la estrategia con un índice de trend following de grandes hedge funds. La correlación es negativa, lo que encaja con esa idea: el “comprador de dips” asume que el giro está cerca, mientras que el seguidor de tendencia asume que, por ahora, lo más probable es la continuidad.

Donde el contraste se vuelve más claro es en los grandes mercados bajistas: en cuatro drawdowns severos, la estrategia media de “buy the dip” cayó en torno a un 18%, frente a un desplome del 40% del S&P 500, mientras que los modelos de tendencia llegaron a ganar cerca de un 30%. No es sólo perder menos: en esos episodios, el enfoque de seguir la dirección del mercado directamente gana dinero.

Entonces, ¿hay que enterrar el “buy the dip”?


AQR no plantea que comprar en las caídas sea una locura absoluta, ni que no pueda funcionar puntualmente —lo hemos visto tras los desplomes del COVID o en ciertos episodios de volatilidad política, donde los rebotes han sido violentos y rápidos—. Lo que sí deja claro su análisis es que, como sistema replicable y disciplinado, se queda corto frente a la alternativa pasiva, y desde luego frente a un enfoque profesional de seguimiento de tendencia.

En otras palabras, el “buy the dip” puede servir como reflejo instintivo de un inversor que conoce bien el activo, la empresa o el índice que está comprando; pero no debería confundirse con una regla mágica que asegura éxito sólo porque el mercado, a largo plazo, tiende a subir.

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