Bret Jensen advierte: la euforia por la IA oculta riesgos crecientes en la economía

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Capitalbolsa | 04 may, 2026 15:19
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Puntos clave
  • La inteligencia artificial sigue empujando a Wall Street hacia nuevos máximos.
  • Bret Jensen advierte de que la euforia bursátil convive con señales macro cada vez más incómodas.
  • Energía, inflación, ahorro, vivienda, deuda y valoraciones exigen más prudencia.

Wall Street vuelve a cotizar en máximos históricos, impulsado por una narrativa que hoy domina casi todo: la revolución de la inteligencia artificial. El S&P 500 y el Nasdaq cerraron el viernes en nuevos récords después de firmar en abril su mejor mes desde 2020. Pero, como señala Bret Jensen, conviene no confundir una historia poderosa con un mercado sin riesgos.

La IA está generando una ola de inversión enorme. El gasto en infraestructura, chips, centros de datos y componentes asociados se ha convertido en uno de los motores más importantes del crecimiento estadounidense. Intel duplicó su cotización en abril, el índice de semiconductores de Filadelfia se disparó cerca de un 45% y el sector ya representa aproximadamente el 16% de toda la capitalización bursátil de Estados Unidos, un máximo histórico.

La otra cara del entusiasmo tecnológico

El problema, en opinión de Jensen, es que bajo esa superficie de optimismo empiezan a acumularse señales difíciles de ignorar. La primera está en la energía. La gasolina media en Estados Unidos vuelve a situarse por encima de los 4 dólares por galón, mientras el diésel ronda los 5,35 dólares. Este último dato es especialmente relevante porque afecta directamente al transporte, a las cadenas de suministro y a los márgenes empresariales.

El encarecimiento energético llega en un momento poco cómodo para los hogares. La confianza del consumidor está en niveles muy deprimidos y la tasa de ahorro personal ha caído hasta el 3,6%, uno de los registros más bajos de la serie histórica. Para una economía en la que el consumo representa cerca del 70% de la actividad, no es un detalle menor.

La lectura de Bret Jensen es clara: la IA puede estar impulsando los índices, pero el consumidor estadounidense muestra cada vez menos margen de maniobra.

Inflación, tipos y vivienda: una combinación incómoda

La inflación tampoco ha desaparecido. El índice de precios PCE, la referencia favorita de la Reserva Federal, repuntó hasta el 4,5% interanual en el primer trimestre, muy por encima del 2,9% registrado en el trimestre anterior. Buena parte de esa presión procede de la energía y de las materias primas, afectadas por la tensión en Oriente Medio y las disrupciones en el estrecho de Ormuz.

A esto se suma el rendimiento del bono estadounidense a 30 años, cerca del 5%. Ese nivel encarece la financiación del Gobierno, eleva el coste de refinanciar una deuda federal que se aproxima a los 40 billones de dólares y mantiene muy presionadas las hipotecas.

El mercado inmobiliario ya refleja esa tensión. La inversión residencial cayó un 8% interanual en el primer trimestre y las ventas de viviendas existentes siguen en niveles históricamente bajos. En este punto, Jensen advierte de una economía con grandes campeones bursátiles, pero con zonas enteras claramente debilitadas.

La IA también tiene costes crecientes

Otro aspecto relevante es que el propio boom tecnológico está encareciendo algunos insumos clave. Goldman Sachs ha revisado al alza sus previsiones para la memoria DRAM y NAND, con subidas esperadas muy superiores a las estimaciones previas. Para compañías como Meta, Microsoft o Apple, estos aumentos ya empiezan a aparecer como un viento en contra en sus planes de inversión y en sus márgenes.

Es decir, la IA puede seguir siendo el gran motor de crecimiento, pero construir esa infraestructura no será barato. Y cuanto más se eleven los costes, más exigente será la prueba para justificar las valoraciones actuales.

El mercado está descontando una revolución tecnológica, pero también debería descontar que esa revolución exige capital, energía, memoria, servidores y márgenes suficientes para rentabilizarla.

Valoraciones que dejan poco margen de error

La parte más incómoda del análisis está en las valoraciones. El ratio Shiller PER se sitúa por encima de 40 veces, un nivel que solo se ha visto superado antes del estallido de la burbuja puntocom. La comparación no implica necesariamente que el mercado vaya a repetir el mismo desenlace, pero sí obliga a reconocer que las expectativas son extremadamente altas.

Como plantea Jensen, el contexto actual no es el de finales de los noventa. Hoy la deuda pública es mucho mayor, la vivienda está más tensionada, el consumidor ahorra menos y la economía depende en gran medida de un grupo reducido de compañías ligadas a la inteligencia artificial.

En definitiva, la IA puede seguir empujando a las bolsas durante más tiempo. Pero el mercado no debería ignorar las señales de advertencia: energía cara, inflación persistente, ahorro deprimido, tipos largos elevados, vivienda débil, costes tecnológicos crecientes y múltiplos históricamente exigentes.

La cuestión no es si la inteligencia artificial cambiará la economía. La cuestión es si los inversores están pagando ya demasiado por ese cambio.

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