Irán convierte el estrecho de Ormuz en su gran arma para presionar a Estados Unidos
- Irán utiliza el estrecho de Ormuz como principal instrumento de presión.
- La estrategia de Teherán parece orientada a ganar tiempo y obtener concesiones.
- Los mercados podrían estar infravalorando el impacto económico de un bloqueo prolongado.
La estrategia de Irán de utilizar su influencia sobre el estrecho de Ormuz como herramienta de presión frente a Estados Unidos parece estar dando resultados. Aunque el tono diplomático se ha moderado durante las últimas horas, el riesgo para los mercados energéticos y las cadenas globales de suministro sigue siendo elevado.
Después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara a comienzos de semana que el acuerdo con Teherán estaba “terminado”, el temor a una escalada inmediata aumentó con fuerza. Sin embargo, posteriormente suavizó su discurso al señalar que Irán todavía estaría interesado en alcanzar un entendimiento.
Las últimas informaciones apuntan incluso a la posibilidad de una reanudación de las conversaciones. No obstante, esta aparente distensión no implica que la crisis haya quedado resuelta.
Ormuz, la principal baza negociadora de Teherán
El tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz permanece prácticamente paralizado después de los ataques contra varios buques y del deterioro de las relaciones entre Irán y Estados Unidos.
El control de esta vía marítima continúa siendo la principal baza estratégica de Teherán. Una parte relevante del petróleo y del gas natural licuado comercializado internacionalmente atraviesa este corredor, por lo que cualquier interrupción puede provocar rápidamente un aumento de los precios energéticos.
Los ataques contra barcos cumplen potencialmente un doble objetivo. Por un lado, recuerdan a Washington la capacidad de Irán para alterar el comercio energético mundial. Por otro, cualquier respuesta militar estadounidense podría servir como argumento para suspender o retrasar nuevamente las negociaciones.
Esta dinámica encaja con una estrategia orientada a prolongar las conversaciones y ganar tiempo, evitando al mismo tiempo realizar concesiones importantes en cuestiones como el programa nuclear, el alivio de las sanciones o el acceso a los fondos iraníes congelados en el extranjero.
La reapertura parcial podría ser solo una cuestión de imagen
Irán podría presentar cualquier incremento limitado del tráfico marítimo como una reapertura del estrecho, aunque las condiciones reales continúen siendo muy restrictivas para las navieras y las aseguradoras.
Posteriormente, cualquier nuevo ataque estadounidense o israelí podría utilizarse como justificación para volver a interrumpir el tránsito. De este modo, Teherán conservaría el control del ritmo de la crisis y mantendría la presión sobre Washington.
Estados Unidos puede sentirse más cómodo respondiendo militarmente mientras los precios del petróleo permanecen contenidos. Sin embargo, esta situación podría cambiar si el crudo vuelve a subir con fuerza y comienza a afectar al crecimiento económico, la inflación y las expectativas de los consumidores estadounidenses.
Presión económica y elecciones de mitad de mandato
Un encarecimiento significativo de la gasolina y de la energía supondría un problema político para la Administración estadounidense, especialmente ante la proximidad de las elecciones de mitad de mandato.
Irán podría tratar de aprovechar esta vulnerabilidad para reclamar mayores concesiones, entre ellas un alivio más amplio de las sanciones económicas y la liberación de activos bloqueados.
El objetivo de Teherán no parece ser necesariamente alcanzar un acuerdo rápido, sino mantener el statu quo durante el mayor tiempo posible y mejorar progresivamente su posición negociadora.
Los mercados podrían estar infravalorando el riesgo
La principal preocupación es que los mercados financieros estén subestimando las consecuencias de una interrupción prolongada del tránsito por Ormuz.
El mercado petrolero está recurriendo a las reservas disponibles para compensar parcialmente la reducción de los flujos. Sin embargo, esta estrategia solo puede funcionar durante un periodo limitado.
Mientras tanto, las cadenas globales de suministro continúan deteriorándose. Una prolongación de la crisis podría generar escasez de materias primas, aumento de los costes de transporte y nuevas presiones inflacionistas sobre las principales economías.
La amenaza para Estados Unidos y para el resto del mundo no reside únicamente en una escalada militar directa, sino en el desgaste económico gradual provocado por la incertidumbre, la interrupción del comercio y la presión sobre los precios energéticos.
En este contexto, el estrecho de Ormuz sigue siendo la herramienta más poderosa de Irán para condicionar las negociaciones y prolongar una crisis cuyas consecuencias podrían terminar apareciendo con mayor fuerza en los próximos meses.