El petróleo abunda, quizá demasiado

Charles Curran, vicepresidente, gestor adjunto de carteras y analista senior de inversiones en Federated Hermes

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Capitalbolsa | 17 mar, 2026 15:18
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Puntos clave
  • El problema ya no es solo el precio del petróleo, sino la saturación de almacenamiento y el cierre forzado de producción en Oriente Medio.
  • Los productos refinados, el GNL y la electricidad en Europa están bajo presión creciente por el bloqueo en Ormuz.
  • La duración del conflicto será decisiva: cuanto más se prolongue, mayor será el riesgo para Europa, Asia y la actividad industrial.

La guerra en Irán está tensionando el mercado energético de una forma menos visible, pero potencialmente muy dañina: no solo está alterando las rutas de exportación, sino que está empezando a desbordar la capacidad de almacenamiento de varios grandes productores de Oriente Medio. Y cuando un productor no puede exportar ni almacenar, solo le queda una salida: recortar producción.

Ese es el eje del análisis de Charles Curran, de Federated Hermes. El mercado suele centrarse en el petróleo que falta, pero aquí aparece otra variable crítica: el crudo que se acumula sin salida. En países como Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y ahora también Arabia Saudí, la saturación del almacenamiento está empezando a obligar a parar pozos, algo que el sector intenta evitar siempre por su complejidad técnica y por el riesgo de dañar la presión del yacimiento.

Cerrar pozos no es inocuo

La lectura de fondo es preocupante porque un pozo cerrado no vuelve a producir de un día para otro. Reabrirlo puede llevar unas dos semanas, y recuperar su rendimiento pleno puede exigir cerca de un mes. Por eso, cada cierre funciona en la práctica como una pérdida temporal de oferta, aunque el petróleo siga existiendo bajo tierra.

Las primeras estimaciones apuntan a que, en apenas los primeros días de cierre, se habrían perdido unos 250 millones de barriles, y un bloqueo de dos semanas podría elevar esa cifra a unos 450 millones, un volumen comparable al de la actual Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos. Esa es la magnitud del problema.

La paradoja del mercado energético actual es clara: hay petróleo, pero no siempre hay capacidad para moverlo, almacenarlo o reintroducirlo con rapidez. Y ese cuello de botella puede ser tan inflacionista como una caída directa de producción.

No solo crudo: refinados y GNL, bajo presión

El golpe no se limita al petróleo. Los productos refinados ya están reaccionando con fuerza, especialmente el gasóleo, el combustible para aviones y el betún, con una presión más intensa en Europa y Asia. Esto importa mucho porque, al final, son estos derivados los que golpean directamente al transporte, a la logística y a la actividad diaria.

El gas natural licuado también se ha convertido en otro gran frente de tensión. Catar, uno de los mayores exportadores del mundo, ha paralizado su principal planta, y su vuelta a la normalidad podría tardar más de un mes. Dado que el país representa alrededor del 20% del suministro mundial de GNL, la presión sobre Asia y Europa aumenta de forma automática.

Europa llega otra vez mal preparada

Uno de los puntos más duros del análisis es la situación europea. A pesar de la experiencia vivida tras el inicio de la guerra de Ucrania, Europa sigue afrontando esta nueva crisis con un colchón insuficiente. A finales de febrero, el almacenamiento de gas natural cayó por debajo del 30%, claramente por debajo de la media de los últimos quince años.

Eso deja a Europa obligada a reponer reservas justo cuando empieza la temporada de recarga y cuando los precios ya están mucho más altos. Los países más expuestos, como el Reino Unido, parten con una vulnerabilidad mucho mayor que economías como Alemania o Francia. Si además Catar no puede normalizar flujos y Rusia desvía más exportaciones hacia Asia, el mercado europeo del gas seguirá tensionado.

No es casualidad que los precios de la electricidad estén repuntando con fuerza en mercados como Reino Unido y Alemania, donde el gas fija el precio marginal de la electricidad. Si el conflicto se prolonga, el riesgo de racionamiento energético dejaría de ser una hipótesis remota, afectando primero a la industria, después a la generación eléctrica y, finalmente, al consumidor.

La duración del conflicto lo cambia todo

La conclusión es bastante simple: el gran factor de mercado no es ya solo el nivel del precio del crudo, sino cuánto tiempo puede mantenerse este atasco logístico y energético. Una reapertura relativamente rápida de Ormuz aliviaría de forma notable a Europa y a Japón. Pero si el conflicto se alarga, los problemas de almacenamiento, producción, gas y electricidad se irán amplificando unos a otros.

En otras palabras, el riesgo no está solo en la guerra, sino en cómo esa guerra está bloqueando el funcionamiento normal del sistema energético mundial. Y cuanto más dure ese bloqueo, más profundo será el daño económico.

Reflexión Capital Bolsa

Nosotros creemos que este análisis acierta al poner el foco en una variable que el mercado a veces infravalora: la logística energética. No basta con mirar cuántos barriles hay; hay que mirar si se pueden mover, almacenar y transformar. Cuando eso falla, la presión sobre precios y actividad puede dispararse muy rápido.

De cara a mercado, esto refuerza la idea de que Europa sigue siendo una de las zonas más vulnerables si el conflicto se prolonga. Energía, utilities, químicas, transporte y sectores intensivos en consumo energético seguirán bajo vigilancia máxima. Si Ormuz no se desbloquea pronto, el problema puede dejar de ser una crisis de precio para convertirse en una crisis de disponibilidad.

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