"El conflicto en Oriente Medio recuerda a 2022, pero el contexto inflacionario es distinto"

Philippe Waechter, economista jefe de Ostrum AM

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Capitalbolsa | 05 mar, 2026 16:30
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Puntos clave
  • El conflicto en Oriente Medio ha impulsado los precios de la energía, reavivando el temor a un nuevo repunte inflacionario.
  • La inflación de 2021-2024 no fue solo energética: también influyeron alimentos, cuellos de botella de oferta y estímulos fiscales.
  • Por ahora solo se observa un shock inicial en energía; es prematuro anticipar una dinámica inflacionaria similar a la de 2022.

La escalada del conflicto en Oriente Medio entre Israel y Estados Unidos, por un lado, e Irán por otro, ha provocado un repunte de los precios de la energía. Inmediatamente muchos analistas recordaron lo ocurrido en 2022 tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia, cuando el petróleo y el gas registraron fuertes subidas que terminaron trasladándose a la inflación.

La comparación parece lógica: el patrón inicial del petróleo y del gas recuerda a aquel episodio. Sin embargo, conviene recordar que el fuerte ciclo inflacionario que comenzó en 2021 y se prolongó hasta 2024 no puede explicarse únicamente por el encarecimiento de la energía.

La inflación global fue el resultado de varios shocks simultáneos. El energético fue clave, pero coincidió con problemas de oferta, tensiones en alimentos y estímulos fiscales masivos, especialmente en Estados Unidos.

El papel de la energía

El aumento de los precios energéticos tuvo varias fases. La primera comenzó en 2021, cuando la economía mundial se reabrió tras la pandemia y la demanda de energía se recuperó con rapidez.

La segunda fase llegó con la guerra en Ucrania en 2022, que interrumpió los flujos energéticos y elevó los precios del petróleo y del gas. Posteriormente se produjo una tercera fase particularmente intensa en Europa, cuando los países europeos decidieron reducir sus compras de gas ruso y se encontraron con una oferta global rígida. El gas se disparó durante el verano de 2022 y esto obligó al BCE a iniciar su ciclo de subidas de tipos.

Alimentos y disrupciones de oferta

El segundo factor inflacionario fue el aumento de los precios de los alimentos. Ucrania es uno de los principales exportadores mundiales de cereales, y las tensiones en la región provocaron un fuerte incremento del precio del trigo y de otros productos agrícolas.

El tercer elemento fue la escasez de oferta tras la pandemia. La recuperación de la demanda fue mucho más rápida que la capacidad de producción de muchas empresas. La falta de inventarios y las disrupciones en las cadenas de suministro elevaron los precios en numerosos sectores.

Un ejemplo claro fue el de la industria del automóvil: la escasez de semiconductores redujo la producción de vehículos nuevos, lo que provocó una subida extraordinaria en el precio de los coches usados.

El estímulo fiscal en Estados Unidos

El cuarto factor, especialmente relevante en Estados Unidos, fue el fuerte impulso fiscal derivado del American Rescue Plan. Este programa transfirió cerca de 400.000 millones de dólares a los hogares estadounidenses en marzo de 2021, aproximadamente el 1,8% del PIB.

Ese dinero adicional impulsó el consumo en un momento en el que muchas empresas todavía no podían producir lo suficiente para satisfacer la demanda, lo que amplificó las presiones inflacionarias.

El patrón de inflación en la eurozona refleja bien esta dinámica: primero subió la energía en 2021, luego los alimentos con la guerra en Ucrania, posteriormente los bienes por las disrupciones de oferta y finalmente los servicios a medida que los salarios comenzaron a ajustarse al alza.

En el contexto actual solo estamos observando un primer movimiento en los precios de la energía, especialmente en el gas. Este shock es relevante y debe vigilarse, pero todavía no se han producido perturbaciones adicionales en otros componentes clave de la inflación.

Por ello, aún es pronto para revisar de forma significativa las previsiones inflacionarias. Será necesario observar si aparecen señales adicionales —en salarios, alimentos o cadenas de suministro— que indiquen que se está gestando un nuevo ciclo inflacionario similar al vivido tras el conflicto de Ucrania.


Reflexión Capital Bolsa

La lección clave para el mercado es que no todo shock energético termina generando una inflación persistente. Para que eso ocurra deben coincidir varios factores: tensiones prolongadas en energía, presiones salariales y problemas de oferta. Hoy solo está presente el primero. Si el conflicto se prolonga y el gas vuelve a tensionarse en Europa, el riesgo inflacionario aumentará; si no, el impacto podría quedar limitado a un episodio temporal en materias primas.

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