«Como si diez proyectos Manhattan se activaran simultáneamente»: la IA está transformando por completo la economía global
- BlackRock cree que la inteligencia artificial está reconfigurando la economía global, no solo impulsando a la bolsa.
- El mayor valor se concentra hoy en la parte física de la IA: chips, centros de datos, computación y energía.
- El software tradicional y muchas compañías con antiguos “fosos competitivos” podrían enfrentarse a una fuerte revisión de valor.
La inteligencia artificial ha dejado de ser solo una temática bursátil para convertirse en una fuerza capaz de cambiar la estructura de la economía mundial. Esa es la visión defendida por Tony Kim, responsable del equipo global de tecnología en renta variable fundamental de BlackRock, en una intervención recogida por MarketWatch.
Según Kim, el fenómeno de la IA no puede compararse con una simple moda de mercado. Lo describe como una transformación simultánea de enorme escala, similar a tener varios grandes proyectos tecnológicos y científicos desarrollándose a la vez. En su opinión, la inversión seguirá creciendo porque la IA está empezando a rediseñar la forma en que se genera valor en la economía.
Una economía basada en tokens
Kim sostiene que el mundo avanza hacia una especie de “economía del token”, donde la producción de los modelos de IA se convierte en el nuevo producto básico. Para crear esa economía hacen falta enormes infraestructuras: centros de datos, chips, redes eléctricas, sistemas de refrigeración y capacidad de computación masiva.
En este esquema, la parte más visible del valor no está únicamente en las aplicaciones que utiliza el consumidor final, sino en la base física que permite que la inteligencia artificial funcione. Por eso, buena parte del capital se dirige hacia compañías relacionadas con semiconductores, cloud, infraestructura energética y almacenamiento de datos.
La IA no está creando solo nuevos productos. Está obligando a reconstruir una parte crítica de la infraestructura económica global.
El nuevo mapa de ganadores y perdedores
El ejecutivo de BlackRock divide la IA en varias capas. La primera es la capa física: chips, computación, energía y centros de datos. La segunda corresponde a los modelos de inteligencia artificial y a las grandes plataformas capaces de entrenarlos. La tercera, todavía más incierta, es la de servicios y aplicaciones, donde se juega buena parte del impacto económico final.
La bolsa ya está reflejando esa redistribución. Según Kim, el mercado ha añadido billones de dólares de valor a las capas de computación y modelos fundacionales, mientras que algunas áreas de software y servicios han perdido atractivo relativo. El capital empieza a distinguir con mucha más dureza entre empresas que tienen ventajas reales de escala y aquellas cuyo modelo puede ser replicado con facilidad.
- Ganadores potenciales: semiconductores, cloud, infraestructura eléctrica, centros de datos y plataformas de IA a gran escala.
- Áreas bajo presión: software tradicional, compañías SaaS maduras y negocios con barreras competitivas menos claras.
- Factor decisivo: escala, datos, capacidad de cómputo y acceso a demanda real.
El software entra en una nueva etapa
Uno de los puntos más llamativos del análisis de Kim es su visión sobre el software. A su juicio, la era clásica del software como servicio habría terminado como gran relato dominante. No significa que vaya a desaparecer el software; al contrario, cree que se creará más código que nunca gracias a agentes de IA generando programas, automatizaciones y soluciones personalizadas de forma constante.
El problema es que, si el código se vuelve abundante y barato, muchas empresas que antes parecían protegidas por su tecnología pueden perder parte de su ventaja. En ese entorno, el mercado empieza a cuestionar qué compañías tienen un verdadero “foso defensivo” y cuáles dependían de una escasez que la IA puede erosionar.
La gran pregunta ya no es solo qué empresa usa IA, sino qué empresa conserva poder de precios y ventaja competitiva cuando la IA abarata la creación de software.
Más dispersión en bolsa
Kim espera una mayor dispersión entre compañías. Las empresas capaces de alcanzar una escala dominante podrían concentrar una parte desproporcionada del valor, mientras que otras quedarán relegadas. Esta dinámica, típica de los negocios tecnológicos con fuertes efectos de red, podría extenderse a más sectores del S&P 500.
La consecuencia es que no bastará con comprar “tecnología” o “IA” de forma genérica. El mercado premiará a las compañías que controlen partes esenciales de la cadena y castigará a aquellas cuyo modelo quede expuesto a la automatización, la pérdida de barreras de entrada o la presión sobre márgenes.
Una transformación con implicaciones para todos los sectores
La idea central del mensaje de BlackRock es que la inteligencia artificial no afectará solo a las tecnológicas. También puede alterar industrias tradicionales, servicios profesionales, consumo, salud, finanzas, energía e industria. Todo sector donde el conocimiento, el software, los datos o la automatización sean relevantes podría enfrentarse a una revisión de sus márgenes y de su valoración.
Para los inversores, esto implica mirar la IA no como un simple catalizador de corto plazo, sino como un cambio estructural. La oportunidad sigue siendo enorme, pero también lo es el riesgo de pagar valoraciones elevadas por compañías que no logren capturar una parte real del beneficio económico generado por esta nueva infraestructura.
En definitiva, la tesis de Tony Kim es clara: la IA está reordenando la economía mundial, el mercado ya está reasignando capital hacia los nuevos ganadores y el próximo gran debate será identificar qué empresas conservan ventajas competitivas en un mundo donde la computación, los modelos y el código avanzan a una velocidad inédita.